Vigilancia, parte 16

Había avisado a los padres de Mann de lo sucedido. Había sido una conversación incómoda y triste. Ninguno de los dos se lo tomó bien y, de hecho, el padre del joven, un hombre tan a la antigua que, probablemente, estaba chapado en bronce y no hierro, abandonó el salón para “ir a lavarse las manos”.
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