Bitácora del internetófilo. Día 14

He pasado gran parte del vuelo durmiendo, poco más o menos diez horas, lo que me ha dejado hora y media para comer y leer. El aeropuerto de Narita (Pues resulta que al final el vuelo que hemos cogido iba a Tokio) estaba lleno de japoneses, algo que a mí no me ha sorprendido. Sin embargo algún compañero del avión sí se ha sorprendido. Dos, de hecho, al verlo se han quedado boquiabiertos. Lo que sí me ha impresionado ha sido el aeropuerto. Era prácticamente igual al resto. Es como si al diseñarlos intentasen que fuesen exactamente como el resto de aeropuertos en el resto de las capitales del mundo. No es idéntico al de Barajas, ni al de París, pero es francamente parecido. Esto es algo que me ha molestado, me molesta y me molestará por siempre jamás. Si vas a otro país quieres ver que es otro país desde que llegas al aeropuerto. La globalización está bien en algunos aspectos. En otros apesta.
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