El reloj del abuelo

José Manuel de Jesús, más conocido como el Sardina (por su desprecio al pescado homónimo), siempre miraba el reloj de su abuelo Manuel. Era un reloj de péndulo, de modo que tendría, al menos, sesenta años, pero según su abuelo, tenía más de un siglo. En cualquier caso, no era normal verlos desde hacía mucho, sobre todo desde que los relojes atómicos se masificaron. “¿Para qué se necesitaba un aparato que perdía precisión, aunque fuese un poquitín, a cada segundo que pasaba?” decía el mundo.
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Diario del Cosmonauta. Quinto documento.

La pérdida de contacto nos pone nerviosos, obviamente. No han intentado contactar de ninguna otra manera con nosotros, ni siquiera lanzando cosas contra el “Resplandor”. Empezamos a ponernos más y más tensos. Decidimos que alguien, sea quien sea, debiera salir, a ver qué pasa. Ninguno está por la labor. No me sorprende. Utilizamos un dado para elegir quién va a salir.
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