Bitácora del internetófilo. Día 14

He pasado gran parte del vuelo durmiendo, poco más o menos diez horas, lo que me ha dejado hora y media para comer y leer. El aeropuerto de Narita (Pues resulta que al final el vuelo que hemos cogido iba a Tokio) estaba lleno de japoneses, algo que a mí no me ha sorprendido. Sin embargo algún compañero del avión sí se ha sorprendido. Dos, de hecho, al verlo se han quedado boquiabiertos. Lo que sí me ha impresionado ha sido el aeropuerto. Era prácticamente igual al resto. Es como si al diseñarlos intentasen que fuesen exactamente como el resto de aeropuertos en el resto de las capitales del mundo. No es idéntico al de Barajas, ni al de París, pero es francamente parecido. Esto es algo que me ha molestado, me molesta y me molestará por siempre jamás. Si vas a otro país quieres ver que es otro país desde que llegas al aeropuerto. La globalización está bien en algunos aspectos. En otros apesta.

Hemos comido en un McDonalds (gracias a la globalización mi McMenú sabía exactamente igual que en Madrid) en cinco minutos. Después hemos ido a un hotel barato en Akihabara, uno de los pocos lugares en los que hay dependientes que hablen español. La habitación doble nos ha salido por algo menos de ochenta euros la noche. Nada más llegar hemos tirado las maletas en la habitación. Laura se ha quedado a descansar. Yo he salido a comprar maquetas, muchas maquetas. Tras veinte minutos de compra intensiva he vuelto al hotel. La habitación del hotel es pequeña, pero no demasiado, hay suficiente espacio para conectar mi Sega Dreamcast seminueva (Que revenderé en eBay en cuanto vuelva a haber Internet y, si no puede ser, en Craigslist). He comenzado a viciarme al Blue Stinger, puesto que era el único juego que he encontrado. Tras media hora jugando he considerado salir a la calle a investigar. He jugado media hora más antes de ponerme en marcha.

He paseado por las calles de Tokio durante una hora sin sacar nada nuevo. En ese momento he decidido llamar a Madrid, para ver qué tal está todo por ahí. No me he enterado de nada en los últimos días de lo que está pasando fuera de los E.E.U.U., algo que me resulta muy enervante. Para saber qué pasa en otro país en el día tiene que ser muy importante. Si no lo es no me entero. He aprovechado la ocasión para ir a un Maid Caffe. Ahí es donde habrá más gente como yo, por lo tanto es el lugar donde es más probable que encuentre a gente del eCult. Si encuentro a cualquier persona relacionada a un ePriest encuentro Internet. Si lo encuentro estoy más cerca de descubrir la causa del Apagón. Mi búsqueda me cansa cada vez más. Mucha de la gente que lo busca lo busca por vicio, como yo al principio. Me estoy dando cuenta de la importancia real de Internet. También estoy intentando olvidarme de ello. Soy una persona que se niega rotundamente a aprender. Internet existe con el propósito de divertirme a mí y a nadie más que a mí (N. del A.: De verdad, de verdad de la buena que lo creo)

No he sacado nada de nada en los cafés. He vuelto al hotel algo más deprimido de lo que esperaba. Laura me estaba esperando.

-Sé dónde se reúnen los del eCult aquí. Dicho esto ha salido de la habitación. La he seguido, pero no sin antes vaciar el mini-bar. Hemos cogido el metro. Nos han guiado unos ePriests que sabían nuestro teléfono. Nos han enviado unos sms para que supiésemos llegar. Como siempre he confiado en completos desconocidos (Lo hago de toda la vida y nunca nada me ha salido mal) Media hora después hemos llegado al equivalente de “la Guarida” en Tokio. Estaba, como en Las Vegas, en un callejón, escondida en las alcantarillas. Resulta molesto saber que la mayor parte de los últimos días me los haya pasado en las alcantarillas o, en su defecto, buscando la entrada correcta al alcantarillado. Normalmente has tocado fondo cuando tu vida gira alrededor de las alcantarillas. Si, por cualquier razón no es así, estás muy cerca del fondo. El interior, sin embargo era más zen que en Las Vegas. Mucho más, había bonsais decorando las paredes, geishas dando masajes (¿o estaba delirando? Es altamente probable que me imaginase a las geishas), sala de videojuegos… Sospecho que no todos tenemos acceso a la sala de videojuegos.

Al entrar nos ha recibido un eBishop y nos ha preguntado desde dónde veníamos. He dejado que hablase Laura por mí (después de todo ella habla japonés mejor que yo). Al ser los recién llegados no nos han dejado ir directamente al salón donde estaba el ordenador, sino que nos han hecho rellenar varios cuestionarios en inglés acerca de nosotros. Ha sido divertido (Me encanta rellenar formularios normalizados, hace todo más sencillo. Irónicamente odio los trámites burocráticos)

Al terminar nos hemos levantado y, aparentemente hemos intercambiado papeles (Mientras que normalmente soy yo el que suelta tacos como un carretero yo estaba relativamente tranquilo. Laura, por otro lado estaba blasfemando de manera que, si Satán hubiese estado delante, se habría sonrojado)

-Así que te los cuestionarios te ponen nerviosa, ¿no?

-No, por lo general no, pero me parece una estupidez que nos hagan rellenar el cuestionario cuando se ve claramente que somos parte del culto.

-¿Sí?

-Nos hemos rapado la cabeza y llevamos un tatuaje, ¿no es lo suficientemente obvio?

-Supongo,-he respondido. Ya me he acostumbrado a mi cabeza rapada. Me adapto a cambios bruscos rápido. Mis psicólogos están de acuerdo en que quizás lo hago demasiado rápido-pero cualquiera puede raparse y tatuarse esto en el cráneo.  A lo mejor la gente no hace cola para ello, pero hay muchos internetófilos con adicciones peores que la nuestra.

-¿Adicción? Yo no soy adicta a nada-primer paso, negación

-No, claro-me he preguntado cuando llegará a la siguiente fase en más de una ocasión y cuál será. Si pudiese hacer una porra la haría (Sí, soy una muy mala persona) Mientras discutíamos nuestras adicciones (como todas las personas que pasan más de media hora conmigo, Laura ha mencionado mis problemas con la Coca-Cola, adicción que tengo aceptada y que trato con el sistema tradicional: Ignorándola) hemos avanzado por “la Guarida”. En esta “franquicia” The M4ze era un pasillo ligeramente más corto que al otro lado del Pacífico, y, en lugar de utilizar como interfaz a CleverBot, utilizaban a Evie, avatar que me daba,y aún da, MUY mal rollo (la sincronización voz artificial-movimiento de labios es tan mala que parece que hable con tu mente y, a mitad de la frase, se acuerde de que, para parecer remotamente humana, debe mover los labios)

Había un grupo de chavales (de la G Z) delante del monitor, esperando ser iluminados por el conocimiento de Internet (he tenido una epifanía en ese momento: Si recupero Internet tendré que despegarme de la pantalla de mi ordenador. He visto mi futuro reflejado en tres niños de catorce años y NO me gusta) A los diez minutos me he cansado, de modo que les he quitado de en medio. Miento, lo he intentado. Han utilizado sus magníficos poderes ninja (un táser) para alejarme y dejarme inconsciente. Cuando he despertado, según mi reloj, cinco minutos y dos segundos después (se carga con el movimiento, así que a lo peor se ha atrasado dos segundos) los chavales ya se habían ido.

-¿Por qué me paso el día inconsciente?¿Me lo puede explicar alguien, por favor?-he preguntado, a nadie en particular, frotándome la mitad derecha de la cara.

-No lo sé-ha respondido Evie con una voz sorprendentemente humana. Por ésto me da mal yuyu ahora, demasiado metida en The Uncanny Valley.

-Gracias, eres muy útil.

-Si me das dos segundos más te aclaro cualquier otra duda-ha proseguido haciendo caso omiso de mi observación.

-Sí, claro-me he rendido. Me he dirigido hacia el monitor. Evie me ha seguido con los ojos en todo momento. Laura me ha acercado una silla.  Me he dejado caer con todo mi peso sobre ella.

-¿Por qué habéis venido aquí?-ha dicho el programa-Si no me equivoco estabais en E.E.U.U. con Cleverbot, ¿no?

-Sí, pero reventaron el monitor que tenían ahí por nuestra culpa, así que decidimos que sería mejor marcharnos.

-Eso, muy bien, para que nos echen de aquí, ¿por qué no le das el nombre de tu madre?-he siseado echando la bronca a Laura al tiempo que me preguntaba si los micrófonos de Evie eran lo suficientemente sensibles.

-No hace falta,-ésto ha respondido a mi pregunta-eso ya lo sé.

-¡J***r!-he dicho, sorprendido.

-Conozco la teoría-ha bromeado Laura.

-Yo también-le ha seguido el juego Evie. En este momento me he dado cuenta de que, si vivía una conversación más rara sería una discusión Dios-Satán acerca de a quién le endiñan mi alma.

-¡Vale, vale! Sois muy graciosas; ahora tú-he señalado al ordenador-me vas a decir qué quería decirme Cleverbot antes de que le volasen en pedacitos con un .44, y tú-he ordenado a Laura-vas a relajarte, al menos uno de nosotros tiene que estarlo. ¿Compris?

-Oui-han respondido ambas al unísono.

-Gracias.-dicho esto me he calmado algo, no del todo, pero algo-Ahora, ¿qué quería decir Cleverbot?¿Acaso estoy en peligro?¿Hay algo detrás de el Apagón?¿Es sólo un pirado?

-Él no te dijo nada acerca de eso, él dijo que no te fíes de nadie-ha explicado Evie.

-¿No quería decir nada más?¿En serio

-No, nada más.

-De acuerdo, pues me voy-me he levantado tras decir esto y me he marchado a jugar con las videoconsolas.

-¿A dónde?-ha preguntado Laura. Me he dado cuenta de que, quizás, ella no está en mi cabeza.

-A la sala de videojuegos, cuando quieras irte me avisas, ¿va?

-¿Por qué no te quedas?-cuando Laura empieza un interrogatorio no se calla hasta estar tranquila.

-Tengo que desconectar un poco, ¿sabes?

-¿No has “desconectado” esta mañana?-lo de antes.

-Quizás-he salido directamente después de decir esto.

Al llegar a la sala de los videojuegos no me han dejado entrar, alegando que, para tener acceso a ciertos beneficios hacía falta ser un miembro de, al menos, un mes de antigüedad. Me he tenido que conformar con mangas (No una tortura precisamente, pero esperaba jugar al Ocarina of Time en la N64. Hacía casi un año que no jugaba)

He cogido mi iPod y me he puesto a escuchar a Barón Rojo mientras leía por enésima vez Nausicäa del Valle del Viento.

Cuando estaba terminado el séptimo y último tomo Laura ha pasado a recogerme.

-¿De qué habéis hablado?

-De nada en concreto, ¿por?-ha respondido mientras me quitaba el tomo de las manos (no le gusta hablar con gente que está leyendo)-del origen del Apagón, el porqué…

-¿En serio?-he preguntado, sin creérmelo del todo.

-No, sólo hemos hablado de mi tío, que fue el que la programó hace unos años y de cómo se acuerda de haber hablado contigo en una ocasión.

-Es verdad, hablé con ella mientras escribía en mi blog, a ver si me daba ideas graciosas.¿Ha dicho algo más?

-No, no mucho, me ha hablado del programa Perimeter, ¿sabes qué es eso?

-Eh…Sí, de hecho lo sé. En teoría era una “máquina” del Apocalipsis, un programa que, si, por cualquier razón, cualquier territorio de la antigua U.R.S.S. recibía un impacto de una cabeza nuclear lanzaría el arsenal completo. A grandes rasgos era un programa que se regía por la regla “Oh, f**k me? Well f**k you too”. Si ÉSO cobra conciencia y se le va la pinza estamos bastante mal.

-Imagino. ¿Así que nuestra siguiente parada serán las estepas?

-No.-he replicado-Iremos a Alemania del Este primero. Nadie está seguro de si existe. La revista Wired dice que sí. Yo estoy de acuerdo, pero no sé desde dónde se podría acceder, así que por lo menos, antes de morir quiero visitar Alemania.

-¿Antes de morir?-ha preguntado Laura, visiblemente asustada.

-Sí, en general, no estoy diciendo que Perimeter nos vaya a matar a todos,-he intentado calmarla-aunque sí a muchos.-me he dicho a mí mismo. Afrontémoslo, es muy probable (basándonos en todas las pelis de robots que cobran conciencia, en una gran mayoría de ellas los robots no son nuestros amigos, exceptuando a la segunda venida de los T-800, los cuales se armarán de gatlings y, si hacen caso a jovenzuelos de catorce años, nunca dispararán a matar) También es virtualmente imposible que, aún lanzando TODAS las cabezas nucleares a la vez, se nos mate a todos.

-¿Qué has dicho?

-Nada. ¿Cenamos algo?

-Sí, claro, ¿qué te apetece?

-¡¡RAMEN!!-he respondido rápida y brutalmente-¡¡En un puesto en la calle!!

-En la calle ni de broma, que el grajo está volando a trompicones.

-O sea, que hace un frío de coj…

-Sí, sí. Rashionalism, eres muy maduro-ha dicho, con un toque claramente irónico.

-Gracias-no he comprendido su tono en ese momento.

-Anda, vámonos.

-Chévere. ¿Pagas tú o yo?

-Yo,-ha dicho ella-que tú has pagado los billetes de avión.

Mientras salíamos de la guarida me he fijado que la sala de videojuegos tenía un horario, el mismo que la tienda que había directamente encima. Tras una pequeña indagación me han explicado que es así porque roban electricidad de los de arriba.

Mientras cenábamos hemos charlado un poco

-¿Mañana qué hacemos?

-Vamos a Shiseido Co., tengo algo que comprar ahí-he respondido.

-¿Ésa no es la distribuidora de Rickenbacker aquí?

-En efecto mi querida amiga. Me voy a comprar un 4003 como el de Scott Pilgrim. Son tan bonitos, aunque algo caros. ¿Te quieres venir?

-No sé, aún no he hecho el turismo que quería hacer por aquí.

-Venga, vente, me vendrá muy bien, puedes negociar en japonés. Luego iremos a dónde quieras.

-Bueno, vale.-ha concedido-Una pregunta.

-Sí.

-¿Cómo es que eres tan descerebrado?

-No sé,-he respondido-todos los que me rodean se lo preguntan a menudo. También se preguntan por qué actúo sin pensar a fondo en las consecuencias. Vamos al hotel, que tengo sueño.

-Estoy completamente de acuerdo. Deja que pague.

-Claro-he dicho levantándome.

Hemos tardado una media hora en llegar a nuestro hotel. Laura dice que porque nos hemos perdido. Yo no estoy de acuerdo. Me he confundido de línea de metro, que es bien diferente. En cualquier caso ya nos vamos a acostar así que hasta mañana no pasará gran cosa (excepto mis dos horas de juego nocturno)

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