El caso de los libros, parte 20

Tal y como esperaba, al cabo de unas dos, tres horas, Suzette y su perrito faldero estaban en mi oficina. Ella estaba intentando ocultar su satisfacción. Fred, sin embargo, no estaba ni intentando intentar esconder su asco.

–¿Qué he hecho ahora? –pregunté.

En realidad, me hacía una idea de lo que había hecho. Los sirvientes de Greg habían llamado a la policía acerca de la pelea, se habían personado y encontrado suficientes pruebas como para poder encerrar al Post-Graduado durante quince milenios.

Suzette había pensado durante más de cinco minutos y había averiguado que yo había sido el desencadenante de todo.

–Nos has ayudado a pillar a Doble G. No era mi caso, sino de Wendy, pero estábamos ayudándola con él.

–Excelente –sonreí–. ¿Qué le va a pasar?

–Se le juzgará y todo eso. Seguramente se le ofrecerá que dé información acerca de Peter Rocker a cambio de una condena reducida, pero, como todos los liberalistas, se negará a colaborar con nosotros.

–¿Qué os hace pensar que es un liberalista?

–La literatura que tenía en su habitación. Y sus acciones. ¿Distribuyendo magia a todos por igual? Si no es un liberalista de manera oficial, si lo es de corazón.

–¿Y cuán seria es la pena ahora por tener una ideología? –dije, picándola.

–Tracer –respondió mi ex–, ya sabes que el problema no es la ideología, sino lo que hacen.

–Ya, ya…

–Idiota –rio ella.

Fred, por su parte, utilizó otra palabra un tanto más desagradable.

Suzette observó a su compañero y arqueó la ceja.

–¿Y creéis que no colaborará?

–Estamos bastante seguros.

–¿Tenéis a sus libreros y distribuidores? –continué, levantándome y acercándome a Suzette.

Su perfume seguía siendo tan agradable como… ¡Tortitas, Tracer, tortitas!

–Sí. Bueno, tenemos las listas controladas. Dentro de poco vamos a llevar a cabo arrestos.

–No le ofrezcáis una reducción su condena, sino a una tal Parvati Suresh. Hablará si es por ella. Creo. Si acepta, al menos, decídselo a la señorita Suresh –expliqué

–¿Sí?

–Sí. Eso debiera funcionar. Creo –contesté, encogiéndome de hombros.

–¿Le vas a creer? –preguntó Fred, intentando meter cizaña.

–Sí –contestó ella–. Después de todo, ¿quién es el novato aquí?

Fred se retiró.

–Si necesitas algo, llámame –sonreí.

–Ahora que lo mencionas…

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