El miembro fantasma, 36 (El pacto)

Matt tuvo que soportar a Kirby y Samia durante una cena entera. Ambos le dijeron lo mismo que Al. No podía hacerlo, la chica se estaba aprovechando de él…

Al igual que a Al, Matt les ignoró abiertamente.

Al día siguiente de la cena, Matt se fue de compras.

Jane le había dicho lo que necesitaba:

  • Tizas
  • Velas
  • Algo de sangre sintética.
  • Los fuegos de un mechero no funcionaban.
  • Si quería dar una imagen ominosa, podía alquilar calaveras. No hacían gran cosa, pero a veces, a los demonios les agradaba dar una imagen. En el caso de Mephisto, eso le gustaba mucho.

No era muy caro. El resto de cosas que estaban en la lista las tenía en casa. O, al menos, tenía sucedáneos.

La conversación, sin embargo, no había servido para asegurarle demasiado.

Lo más caro, había reído Jane, sería sobornar a la Brujocracia (era el término despectivo de la chica para referirse a la burocracia de la Universidad). Matt había sonreído con la gracia y mirado a la chica. Se había perdido en los ojos de la chica durante un rato. Lo suficiente, de hecho, como para que ella le hubiese tenido que sacar de ahí chasqueando los dedos.

–A ver, no te distraigas –continuó la chica –. ¿Estás seguro de que no tienes tizas en casa? Porque las tizas viejas funcionan algo mejor.

–¿Mucho mejor?

–No, no mucho más, la verdad –concedió ella, sonriendo y encogiéndose de hombros.

–Y entonces, este Mephisto, ¿cómo es?

–A ver, según tengo entendido es muy bueno. O sea, es horrible, es un demonio de la vieja escuela, pero tiene mucho poder.

–¿Cuando dices que es horrible…?

–Es despiadado. No le vas a convencer para que te lo ponga fácil. El trato que te ofrece es el trato que hay.

–¿Y por qué voy a invocar a alguien así?

–De nuevo, es poderoso y, aunque no lo parezca, sus tratos suelen ser justos.

–¿Cómo estás tan segura?

–A ver, conozco a gente que ha hecho tratos con él y no están del todo insatisfechos.

–¿Tú no has invocado a nadie?

–Eh… Sí. Pero no a nadie tan poderoso como él –admitió la chica.

–Joder, o sea, que me la estoy jugando con esto. Más todavía, quiero decir.

Jane no replicó.

Matt suspiró. Ahora no podía echarse atrás. Se había comprometido a ayudarla.

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