El miembro fantasma, 35 (El pacto)

–¿Perdón? –preguntó Al.

–Pues eso. Que al parecer es la única opción viable.

–Joder, tío. ¡Esta es la mayor gilipollez que has hecho nunca por una chica! Al menos desde que te conozco –respondió el camarero.

–¿Tú crees? –replicó Matt, que era perfectamente consciente de lo estúpido que era cuando se encaprichaba con alguien.

–Sí, tío. O sea, ofrecer tu alma a cambio de una mujer que te ha mentido acerca de su nombre en dos ocasiones… Eso no es lo que yo llamaría una sabia decisión.

–¿Entonces qué hago? Porque no hay otra opción –reiteró el isleño.

–¡Yo qué sé! ¿Aguantarte y que se joda ella? ¡O sea, así de buenas a primeras, es algo que se me ocurre!

–Pero eso sería egoísta –respondió Matt.

–¿Y ella no está siendo egoísta?

Matt se quedó callado un momento.

–Sí, bueno, pero no sería justo para con ella –continuó el exbajista–. Se quedaría en mi mundo para siempre. O al menos hasta que me muriese.

–¡Pero no te arriesgarías a perder tu… tu vida y tu pasión!

–Pero estoy haciendo lo correcto, ¿verdad?

Si Al había pillado antes a Matt con el egoísmo, esta vez, el isleño había pillado a su amigo.

–Sí –concedió Al, en voz baja–. Supongo que sí. ¡Pero puedes exigirle algo a cambio! Ayuda con algo. No sé. Al menos que te devuelva tu brazo, ¿no crees?

Matt paladeó la idea que Al le había ofrecido. Aunque dulce, no creía que fuese correcto exigirle algo a Jane a cambio. Si Matt no fuese el único que la pudiese rescatar, pues entonces, quizás. Pero estando en la situación en la que estaban ahora mismo tanto ella como él, Matt era el único. Tenía que ayudarla. Era como le habían educado.

–Mira, si quieres hacerlo y, como me dices, soy tu única opción, te ayudaré. Pero quiero que sepas que no me hace gracia. No me parece justo que hagas algo así por una chica a la que apenas conoces. Si fuesen Samia o Kirby o yo, todavía. Pero por ella… No sé.

Al se sentó en el sillón, derrotado. Quería a su amigo demasiado. Si no le podía salvar de saltar al abismo, por lo menos, se aseguraría de que no estuviese solo en la caída.

–¿Pero en serio crees que es la mayor estupidez que he hecho por una chica? –preguntó Matt al cabo de un tiempo en silencio.

–Sí.

–¿Incluyendo cuando me mudé aquí?

–Sí, tío. Sí –asintió Al –. Compraste este piso porque te encaprichaste con la vecina. Por esta chica estás, seguramente, renunciando a la música.

–Por la vecina renuncié a un piso mejor.

–No es lo mismo y lo sabes, tío.

–Joder, sigo endeudado –sonrió Matt.

–Idiota –murmuró Al.

El camarero miró a su amigo y sonrió.

–Joder, tío. ¿Y qué harás cuando termine todo esto? Sin brazo ni talento.

–No sé, trabajar, supongo. No me quedará otra –replicó Matt, no permitiéndose asimilar lo que estaba diciendo.

Al asintió, alzando un lado de su boca, diciéndole: “Te entiendo, colega”.

–Bueno, ¿qué tal está tu tío? –preguntó Matt, matando el segundo incómodo silencio.

–Pues bien, la verdad. El restaurante va bien. No se va a hacer millonario, pero puede vivir bien, ¿sabes?

–¿Y tú qué harás cuando se muera? O sea, ¿dejarás el Diguó? ¿Tomarás el mando?

–Teniendo en cuenta que a mi tío aún le queda un huevo de tiempo en esta tierra, de momento no es algo que me preocupe demasiado, ¿sabes? Pero bueno, ¿qué te dijo tu jefe cuando te fuiste el otro día sin más?

–Nada. Vamos, me echó una bronca, pero no ha hecho demasiado. De momento me está dando algo de cancha, ¿sabes? Se me da bien lo que hago y, si me fuesen a despedir ahora, saben que les echaría a todos los periodistas encima. Imagínate el escándalo. Trabajador manco despedido por falta de rendimiento tras trágico accidente –medio sonrió el exbajista.

–Ya imagino, sí.

–Pero bueno, vamos a seguir hablando de gilipolleces que hemos hecho por chicas, que siempre es divertido –rio Matt.

Los chicos hablaron. Al echó a Matt en cara cómo se había mudado por una vecina. Matt le devolvió la pelota diciendo que él, durante un tiempo, dejó de llevar ropa cómoda y empezó a vestirse con incómodas camisas y apretados pantalones.

Los amigos pasaron la tarde así, burlándose el uno del otro. Al lo hizo porque quería animar a Matt.

Matt lo hizo para intentar olvidarse de lo que, seguramente, iba a pagar.

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