El miembro fantasma, 31 (El pacto)

Al salió del apartamento de Matt disculpándose por no poder ayudar, pero no por haber deprimido a Matt con todo el tema del nombre de Jane.

Jane no había mentido a Matt, ¿verdad? ¿Qué sentido tenía mentir?

El chico se sentó de nuevo delante del televisor y lo volvió a encender. Siendo media-tarde, la mayoría de los programas estaban orientados a chavales. Matt zapeó un poco y, no encontrando ninguna serie que le apasionase de verdad, desconectó de nuevo.

Al cabo de media hora de nada pasando por su cabeza, decidió levantarse y poner su propia música. Eso le distraería más y, a fin de cuentas, eso era lo que quería.

No quería pensar. Quería olvidar y le parecía demasiado temprano para empezar a darle a la botella, aunque no era una opción que hubiese descartado del todo.

Subió el volumen al máximo posible y sonrió. Como no había ningún vecino en el bloque a esta hora, nadie se iba a quejar de ello.

Media canción después se levantó de nuevo y cacharreó con el equipo de música. Bajó los agudos del aparato y subió el bajo al máximo posible. No al máximo del equipo, sino al máximo del apartamento. Si lo pusiese al máximo, la pintura del apartamento se caería de las paredes.

Bueno, quizás no en el piso en el que estaba ahora, pero sí le había pasado en una ocasión en su primer piso en Nuevo Edén.

Su primer piso había sido un poco bastante deprimente. También, todo sea dicho, había sido muy barato.

Al llegar a Nuevo Edén, el chico no había podido permitirse gran cosa y, encima, el poco dinero que le sobraba a fin de mes, no lo había ahorrado. Ese dinero se lo había gastado en su equipo de música, cintas y vinilos. Ahora también compraba CDs, de manera que podía quemar su dinero de una nueva y emocionante manera.

Sin embargo (y afortunadamente), ahora ganaba suficiente dinero como para poder ahorrar algo de dinero. Tristemente, seguía sin ser suficiente como para poder permitirse un brazo nuevo.

Pensando en lo pobre que era (no quería afrontar que era un manirroto), el chico se sentó en el sofá y dejó que los bajos le meciesen poco a poco, llevándole al mundo de los sueños.

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