El miembro fantasma, 30 (El pacto)

Al llegó al cabo de una hora y se encontró a Matt atrapado en un mundo de música, con el equipo de música tronando y haciendo bailar las ventanas.

–¿Qué tal tío? –chilló el camarero por encima de la música.

–Bien, bien –sonrió Matt, bajando el volumen del equipo de música–, he ido hoy a Noctua y me he prometido que nunca más volveré a no ser que tenga que hacer algo crucial ahí.

–Vaya, ¿por?

–No sé, no me gustó. Había como algo raro en todo momento. Pero sobre todo por el olor, no sé. Era asqueroso.

–Bueno, Nuevo Edén no huele a rosas, precisamente.

–Ya, ya lo sé, pero Noctua olía a tristeza o algo así.

–Ah, pensaba que olía a podredumbre o algo parecido.

–No, no, no, en absoluto. Bueno, quizás un poco – respondió Matt, pensando y cogiendo la comida que había encargado y que su amigo le había traído.

–¿Y por qué has ido?

–El brazo –dijo Matt, intentando abrir uno de los contenedores.

–¿Y qué tal?

–Bueno, tendría que pagar ocho mil ukus, pero recuperaría el brazo.

–Joder, un poco caro, ¿no?

–Bueno, es menos que lo me cobraría la MetaCorp. Pero es ilegal.

–¿Sí? ¿Tan caro es pagar por algo legalmente?

–Sí, ¿no te dije lo que costaba uno legal?

–No que yo recuerde.

–¿Seguro? –preguntó Matt, frunciendo el ceño al tiempo que se sentaba con la comida caliente en la mano.

–Sí. Pero bueno, no pasa nada. ¿De dónde vas a sacar el dinero?

–Pues no tengo ni idea, porque el seguro médico no me cubre un brazo legal, mucho menos uno ilegal, por muy barato que sea.

–Joder, vaya liada.

–Nada, tendré que ahorrar durante un tiempo.

–¿Cuánto?

–Medio año por lo menos.

–Si necesitas ayuda, dímelo. No me importaría echarte un cable –replicó Al.

–Pues, la verdad, sí que tengo que pedirte un favor, pero no es lo que crees.

–No, no puedo darte la comida gratis –sonrió Al.

–No, no es eso –rio Matt. Se calló un momento e inspiró–. Necesito tu ayuda para invocar a un demonio.

–Estás de puta coña, ¿no? O deliras o estás tomándome el pelo.

–No. Tengo que hacerlo porque tengo una persona en mi cabeza –replicó Matt a modo de explicación.

–¿Perdón? –dijo Al, sacudiendo la cabeza y frunciendo el ceño, igual que un personaje en una comedia mala.

Matt suspiró y le explicó a su amigo quién era Jane, como había llegado…

–Sabes que es un nombre falso, ¿no? –preguntó Al una vez Matt terminó de hablar.

–¿Por?

–Sí, o sea, no es seguro que el suyo lo sea; pero Jane Doe es el nombre que se da a los cadáveres femeninos sin identificar. Como John Doe, pero en femenino.

–¿Por qué me mentiría? No gana nada con ello.

–Sí, pero tampoco se arriesga a perder nada. Pero bueno, no sé. No creo que sea capaz de invocar un demonio. O sea, no conozco runas para ello. Si supiese alguna, quizás, pero así, de buenas a primeras, nada, tío.

Se hizo el silencio.

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