El miembro fantasma, 29 (El pacto)

Nuevo Edén olía bien. Olía a bahía, no a costa. Las costas tenían un olor más punzante. Las bahías olían un poco dulzonas. Pero, además, para Matt, Nuevo Edén olía, sobre todo, a música. Kirby afirmaba que el olor a música era muy similar al olor a vómito, olor algo demasiado presente en las calles de Nuevo Edén.

Matt no creía eso. La música olía un poco a madera y mar. A copas y gente. Puede que hubiese unas notas de vómito (inevitable en Nuevo Edén), pero no era el olor más presente. En la cabeza de Matt, no en Nuevo Edén. En la ciudad, el hedor en cuestión era inevitable.

De hecho, Kirby afirmaba que, si Nuevo Edén fuese limpiado, tendrían que renombrar la población. Era una parte crucial de la ciudad. Era como Noctua con la Universidad. Si Noctua dejase de tener a la Universidad, ya no sería Noctua. Sería una ciudad importante, inevitablemente, pero no sería la misma.

Matt volvió a su piso, en la otra punta de Nuevo Edén y se sentó delante del televisor.

La verdad, Jane era muy parecida a Ling, pensó el chico al desplomarse sobre el sofá.

Alcanzó el teléfono y empezó a marcar el número del restaurante de su amigo. Sin embargo, se paró antes de pulsar la última tecla.

Quizás debiera llamar a Kirby para que le diese las gracias a su jefa por el favor.

Suspiró y se levantó. Localizó su agenda y llamó a la oficina de Kirby.

–¿Sí? –replicó Kirby al otro lado de la línea.

–Kirby, soy Matt. Llamaba para que le dieses las gracias a tu jefa por el favor.

–Es verdad. ¿Qué tal ha ido?

–Bueno. Es más barato que las otras opciones que había barajado, pero sigue siendo un dinero.

–Ya. Si necesitas que Samia y yo te echemos un cable, avisa, que ayudaremos como podamos.

–Nada, no te preocupes –replicó Matt, rascándose el mentón con el hombro –. Lo único que quiero es quedar bien con tu jefa.

–Vale, sin problemas. ¿Quieres quedar esta noche para cenar o algo?

–No, preferiría descansar hoy –respondió el chico, no mintiendo exactamente.

Sí, quería descansar. Pero también quería ver a alguien.

Así pues, no podía quedar con Kirby y Samia, porque ellos le querrían sacar de casa, cosa que no quería hacer. Al, sin embargo, era más retraído y le gustaba quedarse dentro, que era lo que Matt necesitaba.

–Bueno, si eso, mañana vamos a visitarte un rato, ¿vale? –insistió el guitarrista.

–Vale, muchas gracias. Si no te importa me voy a dormir un rato.

–Venga, tío, descansa –sonrió Kirby al otro lado de la línea antes de colgar.

Matt medio sonrió, se puso el teléfono sobre el regazo y cogió el mando del televisor.

Encendió el aparato y apagó el cerebro un rato. Dejó que las luces brillantes le distrajesen un rato. Era agradable. No tanto como tocar el bajo y ver los colores que veía al hacerlo, pero sí se parecía un poco; de la misma manera que un gato atigrado se parecía a un tigre.

No pasó mucho tiempo hasta que se cansó de mirar a la pantalla.

Cogió el teléfono de nuevo y llamó a Al a través del restaurante.

Solo tenía que esperar.

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