El miembro fantasma, 7 (El accidente)

–¿Qué tal estás? –preguntó Kirby cuando Matt abrió la puerta como bien pudo.

–Bueno, la verdad, es que no demasiado mal –respondió Matt.

Estaba demasiado adormilado como para ser sarcástico o dar una mala respuesta. Se frotó el muñón e hizo gestos a sus amigos para que pasasen.

Kirby y Samia pasaron al pequeño piso de Matt. Kirby echó un vistazo al taburete de batería de Matt y torció el gesto. Le había pedido a Matt una cantidad incontable de veces que se deshiciese de él, que le vendría bien olvidarse del pasado y el “lo-que-pudo-ser”. Matt, sin embargo, no quería deshacerse del maldito taburete. Sin embargo, esta vez, Kirby decidió no decir nada. Ahora mismo, Matt podía tener lo que le diese la gana. Durante un tiempo, al menos.

–Poneos cómodos –continuó Matt–. ¿Queréis algo de beber? Creo que tengo cervezas.

–No te preocupes –sonrió Samia–. Ya me encargo yo. Siéntate con Kirby y charlad un poco.

Matt farfulló, pero se sentó igualmente.

–Bueno, ¿qué te han dicho en el trabajo? –preguntó Kirby, mirando al suelo y sentado en el sofá.

–Nada. Todavía no he hablado con ellos acerca de lo que me ha pasado. Les dije que estaba en el hospital y me dejaron en paz más o menos.

–¿Y nadie te ha llamado? –continuó Kirby, por encima del tintineo del cristal que venía de la cocina– ¿Ninguno de tus compañeros se ha interesado por ti? ¿Ni tu jefe?

–Tampoco yo me intereso mucho por ellos –se defendió Matt. Lo de su jefe sí le sorprendía.

–Tío, tendrías que hablar algo con ellos. Es insano que solo nos tengas a Samia, al camarero ese y a mí como amigos, ¿no te parece?

Matt se encogió de hombros. En respuesta, Kirby sacudió la cabeza.

–Bueno, da igual. ¿Quieres ver una película o algo?

–No sé, la verdad. Me da igual. Haced lo que queráis.

–Tío, la idea es estar contigo, vamos a hacer lo que tú prefieras.

–Pues nada, te cedo el derecho a elegir –replicó Matt.

Kirby resopló un poco frustrado, pero aceptó su nuevo poder.

–Pues nada, veremos una película. ¿Cuáles tienes aquí?

Matt se encogió de hombros.

–No sé. Vamos, no me acuerdo – dijo al tiempo que Samia entraba, llevando cervezas sobre una bandeja.

La chica dejó los botellines sobre una mesa y sonrió.

–¿Qué vamos a hacer? –preguntó.

–Ver una película –replicó Kirby.

–¿Cuál?

–Cualquiera de las que Matt tenga –continuó Kirby.

–Voy a ver qué tengo –Matt dijo, incorporándose.

–No te molestes, voy yo –sonrió Samia.

–No, no. Así elijo yo –contestó Matt, levantando su mano derecha y gesticulando a sus amigos para que se quedasen sentados.

El bajista se acercó a una de sus estanterías y echó un vistazo. Todos los títulos que estaban desperdigados no le parecían interesantes. Vio su película favorita, pero tampoco le llamó la atención. La carátula tenía al reparto posando delante de la cámara, el protagonista, embutido en un albornoz, tenía sus ojos tapados con unas gafas de sol cómicamente grandes y estaba sujetando un móvil viejo en una mano y en la otra tenía un combinado. Decidió cogerla para ver si podía animarle, pero no confiaba en ello.

Llevó el disco a sus amigos, que estaban abrazándose en el sofá, y se dejó caer sobre su sillón.

–¿La ponéis? –preguntó el músico, cogiendo su cerveza y recostándose.

–Sí, claro –sonrió Samia.

Los logos del film empezaron a pasar delante de los ojos de los amigos, pero ninguno de los tres prestó demasiada atención. Matt porque estaba en otro planeta y sus amigos porque estaban muy ocupados abrazándose y susurrándose tonterías.

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