JD

–¿Estás segura de que lo quieres hacer? –preguntó el hombre, quitándose el fez.

–Sí, sí –replicó JD.

JD conocía a Peter desde hacía un tiempo. El hombre era un radical liberalista: abogaba por la libertad de la magia ante todo.

–De acuerdo, como veas.

El hombre, que debía tener unos cincuenta años, preparó la prueba que había prometido a la muchacha. Se suponía que iba a determinar si ella era “digna” de entrar a su célula.

En el grupo ya no se andaban con chiquitas. Eran una célula terrorista a nivel legal y lo reconocían.

“De momento no hemos hecho nada malo. De momento” le había explicado el hombre.

A la chica le hacía gracia el hombre. Su fez, sus gafas partidas… El hombre daba la imagen de pensador independiente. Aunque sus padres habrían dicho que, más que pensador independiente, parecía un mendigo con problemas de sobrepeso.

Pero no se había acercado a Peter porque a sus padres les habría puesto frenéticos (aunque eso había ayudado, siendo honestos). No.

Se había familiarizado con su bareto cuando estaba en la Universidad. Era un secreto a voces que el hombre detrás de la barra había querido ser un Rechicero desde siempre, por eso dejaba que la gente hiciese magia en sus mesas.

Y, cuando la echaron de la Universidad, un par de años antes, había empezado a frecuentar el bar de verdad. Con el tiempo, se hizo amiga del misterioso hombre que le servía cervezas y vino.

Con el tiempo, el hombre había aprovechado el odio que la muchacha sentía hacia la Universidad para empezar a adoctrinarla. Poco a poco, la chica empezó a radicalizarse o, si se hubiese preguntado a su familia cercana, terminó de radicalizarse.

Peter resopló y sacó un caldero lleno de un líquido verde-morado de detrás de la barra. Lo izó como bien pudo y, con un estruendo, apoyó sobre la madera.

–Ya sabes cómo funciona esto, ¿verdad? –sonrió el liberalista.

La chica asintió.

–Pues adelante –dijo el hombre, empujando el caldero hacia la chica.

JD sonrió ampliamente y se arremangó la blusa. Miró a Peter a los ojos y metió el brazo entero en el caldero.

La prueba, supuestamente, le calcinaría el brazo si sus intenciones fuesen otra cosa que deshonestas. Sin embargo, como JD sabía, tal clase de poción no existía. Había encantamientos con fines similares, pero para poder terminar de funcionar, el Rechicero que lo estuviese llevando a cabo, tenía que entrar en la cabeza de aquel al que estuviese intentando hechizar.

Básicamente, lo que Peter quería hacer era poner nerviosa a la chica, que dudase antes de meter la mano. Era, más que nada, una prueba de personalidad. Si quisiese intimidarla de verdad, habría tenido a otra persona para que chillase descontroladamente antes que ella.

–Y si mete la mano alguien que luego te vende, ¿qué?

–Ardería –sonrió el radical.

–Venga ya. Los dos sabemos que esto no funciona.

El hombre soltó una carcajada.

–Vaya, vaya, vaya. Así que sabes algo de magia de verdad, ¿eh? –rio el hombre.

–Sí –replicó ella, sacándole la lengua.

–Pues mira, si alguien me va a vender más adelante y no dudó, apreciaré el valor de esa persona –sonrió el hombre, guardando el caldero de nuevo detrás de la barra y poniéndose la fez.

JD sonrió y siguió al hombre a la trastienda del bareto.

–¿Y cuánta gente viene a hablar contigo?

–¿En general o acerca de ideología política?

–Obviamente de ideología.

–Tampoco tanta, que digamos. Pero creo que, a medida que vaya pasando el tiempo, vendrá mucha más. La gente de la calle se está quemando con la Universidad. Tú fuiste, ¿verdad?

–Sí, durante un par de años fui becada, pero no pude mantener el nivel, así que me echaron.

–Cuando dices que no pudiste mantener el nivel, ¿qué quieres decir?

–Pues a ver, no les parecía que estuviese haciendo suficiente trabajo original, básicamente.

–¿Y eso por qué era?

–Porque quería quedarme con mis propias ideas, realmente. Sí que hice trabajo original, pero lo escondí.

–¿Qué clase de trabajo? –preguntó el hombre, levantando una trampilla delante de la nevera y desvelando una escalerilla.

–Empecé a hipotetizar maneras de hacer magia a través de objetos –admitió la chica. No se lo había comentado antes al revolucionario pero pensó que, si él estaba dispuesto a aceptarla en su célula, ella debiera confiar algo en él.

–¿Como báculos y varitas?

–No, no –explicó JD a Peter, que admitía abiertamente que no sabía gran cosa de magia teórica–. Las varitas y los báculos son canalizadores de magia, como lupas, ¿sabes? Pues lo que yo quiero hacer es, como… almacenar magia, más o menos, para que gente sin poderes pueda hacerla.

–¿Como mi fez? –preguntó el hombre casualmente.

–¿Perdón? –respondió la chica, frenando en seco.

–Sí, sí. No es tan raro como crees. Bueno, para los demonios, todo sea dicho.

–¿Cómo? –eso no era algo que le hubiesen enseñado a la chica en su estancia en la Universidad

–Sí, sí. Mi fez me la dio un demonio a cambio de un par de favores –sonrió el hombre mientras seguía bajando por las escaleras y animaba a la muchacha para que le acompañase. Parecía que ambos se estaban abriendo al otro.

–¿Pero desde hace cuándo hacen eso los demonios?

–No es lo normal, pero de vez en cuando, si les caes bien, lo hacen. Bueno, y si les pides poderes mágicos.

–¡Joe!

–Tampoco pasa nada. No es muy normal –dijo el libertario, animando a la chica.

JD siguió a Peter y llegó a una especie de sala de estar en el sótano.

–Este es el centro de operaciones.

–¿Por qué aquí? O sea, aparte de porque está oculto.

–Mira al suelo.

JD hizo caso al hombre.

Era piedra pelada. La muchacha sabía que eso significaba que cualquier círculo que hiciese ahí sería infinitamente más potente que cualquiera que se dibujase sobre un tapete o baldosas.

–Entonces, ¿qué quieres que haga?

–Pues a ver, lo que necesito ahora es que me ayudes a anclar a un demonio aquí, pero sin necesidad de que se quede en el círculo.

–¿Por qué?

–Porque creo que nos vendría bien tener un demonio aquí, como apoyo. Y porque el demonio en sí ya está invocado.

–Pe… pero…

–No lo cuestiones, chica.

JD miró al hombre de arriba abajo.

–No conoces las runas para modificar el círculo, ¿verdad?

–También, también –sonrió el hombre, sacando tizas de un cajón.

–Señor… –suspiró la muchacha– Vamos allá.

La chica echó un vistazo a la colección de tizas que Peter le estaba enseñando.

–A ver, si no me equivoco, tendrías que usar una tiza verde para esto, pero como no tienes, quizás podamos improvisar y mezclar las azules con las amarillas. Todo sea dicho, preferiría esperar y comprar tizas verdes de verdad.

–Lo necesito ahora. O sea, ahora mismo, ya.

–Bueno –murmuró la chica–. Puede ser, pero puede ser muy peligroso para mí.

–Si lo haces, estaría genial. Tenemos que hacerlo para que el demonio nos pueda cubrir en el futuro.

–De acuerdo –consintió la muchacha tras un tiempo de silencio–. ¿Cómo se llama?

–Nuktuk.

JD hizo memoria. El demonio no terminaba de sonarle, pero si era un demonio de bajo nivel, tampoco era tan extraño.

–Es un demonio animalístico –explicó Peter con una sonrisa partida al ver la cara de la chica.

La muchacha pensó en lo que eso implicaba. Peter quería tener a una bestia incontrolable. Por un lado, era horrible. Sin embargo, si hubiese que luchar contra la Universidad, seguro que ellos usarían esas mismas armas. Si la Universidad hacía trampas, los libertarios también. Era lo justo.

–Bueno, de acuerdo… –suspiró la chica una vez asimiló lo que Peter le había dicho.

–¡Pues vamos a ello! ¿Qué más hará falta?

–Si el demonio ya está invocado, no necesito nada más. Basta con las tizas.

–Vale. Nuktuk está detrás de esa puerta.

JD echó un vistazo en la dirección que el hombre había señalado. La puerta parecía blindada.

La chica giró el pomo, esperándose una habitación… La verdad, no sabía lo que se esperaba realmente, pero no era lo que vio, desde luego.

En el centro de la habitación había un círculo grande de tiza y sangre y, en su centro, una especie de bulldog rojizo dormía, roncando suavemente.

–¿Ese es Nuktuk? –susurró la chica, no queriendo despertar a la bestia.

–Sí –sonrió el liberalista desde fuera–. Es él. ¿No es adorable?

La chica no había pasado suficiente tiempo en la Universidad como para que le inculcasen el miedo típico a los demonios que era propio de Rechiceros y Graduados sensatos. Sin embargo, sí había leído varias novelas históricas con personajes basados en demonios reales. Todo ello le había dado una imagen de los demonios determinada y, debido a ella, “adorable” no era una palabra que estuviese relativamente alta en la lista de palabras que ella usaría para describir a un demonio.

–Eh… Sí, supongo –replicó la chica con media sonrisa.

–Pues nada, ¿cómo vas a hacerlo? –sonrió el liberalista.

–Pues… A ver, si me das las tizas y trazo una línea por aquí y pongo una runa aquí y, bueno…

–Aquí tienes, entonces –respondió Peter, entregándole el material que tenía a la muchacha.

JD cogió las tizas y empezó a pintar sobre el suelo, completando el círculo poco a poco, añadiendo runas y obscuros símbolos. ¡Lo que estaba dispuesta a hacer por la causa! Por otro lado, si no lo hacía ella, lo haría otra persona.

–Ya está –dijo incorporándose media hora más tarde con una amplia sonrisa en su cara.

–Perfecto –contestó Peter, despertándose–. ¿Te atreves a empezar?

JD suspiró y se preparó.

–Vamos allá –replicó la chica, crujiéndose los nudillos y el cuello.

La chica se colocó delante del círculo, encarando a Nuktuk y torció el gesto. Los encantamientos que, como este, requerían guturales nunca habían sido sus favoritos.

–Ten cuidado ahora –susurró Peter, intentando no interrumpir a la muchacha–. Es posible que haya una explosión mágica cuando le sueltes. Es por cómo la invoqué, creo.

La chica asintió. Ella ya lo sabía, pero había tenido cuidado de añadir runas de protección para ella y todos los que estuviesen fuera del círculo. La posible explosión debiera contenerse en el círculo. Mientras nada rompiese la línea, todo iría bien. Lo mejor de todo es que ella aprovecharía la energía mágica más adelante.

De pronto, una luz negra cegadora llenó una esfera del mismo radio que el círculo.

–¿Ya está? –preguntó Peter, audiblemente emocionado.

–Así es –dijo JD–. Ya puedes pedirle que salga, pero que tenga cuidado.

A JD le costó bastante reconstruir todo lo que pasó a continuación, pero, si no se confundía, lo siguiente fue lo que sucedió:

– Peter llamó a Nuktuk.

– El demonio, contento, se incorporó como un cachorrito nervioso e incontinente, a juzgar por el olor que le llegó.

– Al salir del círculo para saludar a su señor, debió de pisar el círculo sin darse cuenta.

– La brecha en el círculo permitió que toda la energía de la liberación escapase del círculo.

– Tal cantidad de magia no había sido buena para la integridad de su cuerpo-alma. No era algo tan raro. La magia descontrolada tendía a tener malas consecuencias para las almas de la gente. O, por lo menos, no positivas.

La muchacha sospechaba (esperaba) que su cuerpo todavía estaba en Noctua, en el sótano del bar de Peter. Ella, lo que era ella realmente, estaba… Al fondo de una arena, rodeada de gente mientras alguien tocaba la batería.

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