Tracer Bullitt, 30 (El favor)

Eran alrededor de las cuatro de la mañana y yo me había quedado dormido durante un rato. Unas dos o tres horas. Oí cómo arrancaba el Charger. Rugía como un tigre furioso peleando con un dragón. Sabrina estaba en el coche, sentada al lado del hombre misterioso. Les eché un vistazo.

Intercambiaron saliva durante un rato y, finalmente, se pusieron en marcha. Primero pasarían, esperaba, por casa de El Loa. Si no, tendría que intervenir de alguna manera.

Seguramente tendría que desenfundar el Auto.

El coche se fue por la ciudad y, como esperaba, paró en casa de Sabrina. El vehículo estuvo quieto un rato, pero se puso en marcha de nuevo al poco.

Fue a mi zona. El coche aparcó a un par de manzanas de mi propio edificio. Nunca antes había visto este coche por la zona. Cuando llegué a la posición donde el Charger había aparcado, me di cuenta de que no lo había visto antes con razón: estaba aparcado en un garaje privado.

Tracé unas runas en la puerta del aparcamiento y entré. Estaba a oscuras. Como decorado de película de demonios, quedaría increíble. En una esquina, vi quemaduras y todo. Petardazos de un coche, seguramente.

Un poco circulares, quizás.

Seguí mirando a mí alrededor. La mayoría de los coches estaban trucados. Algunos más que otros, pero eran muchos coches trucados para mi zona.

Rebusqué en mis bolsillos, quizás tenía alguna neblina. Sin embargo, si las tenía, estaban en los pantalones de mi traje.

Miré la plaza. Estaba numerada así que, probablemente, estaba asociada a un apartamento. A cuál, eso no lo sabía.

Salí del garaje y fui a mi casa. Miré en todos mis bolsillos. No tuve suerte. Tendría que trabajar como un normalillo. Resoplé y me rasqué la nariz.

Rebusqué entre mis cajones y saqué unos prismáticos viejos y con lentes sucias. No eran los mejores que podía tener. De hecho, ni siquiera eran los mejores que había tenido. Pero esos me los habían robado en un despiste unos años atrás.

Limpié las lentes del aparato y lo probé. Miré por la ventana con ellos. Seguían teniendo manchas y no era cómodo mirar a través de ellos, pero valdrían para lo que los quería usar.

Volví a la calle que estaba enfrente del apartamento del misterioso novio de Sabrina y produje los prismáticos. Empecé a escudriñar los apartamentos. Con encontrar uno que tuviese las luces encendidas podría saber, más o menos, en qué piso estaba.

En el quinto piso y en el séptimo, había luces encendidas. A juzgar por las sombras que veía recortadas contra las ventanas, mi objetivo estaba en la quinta planta. Intenté verle de la manera más clara posible para confirmarlo.

No me había equivocado. El inquilino del quinto era el novio de Sabrina.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s