Tracer Bullitt, 21 (El Asesino)

Jackie-o cogió otro cuchillo pero antes de que lo pudiese lanzar, disparé un par de veces contra el cable. Sin embargo, no oí el “clink” del cable. La explosión de mis disparos me dejó momentáneamente sordo.

No había disparado exactamente el tipo de bala que quería.

Vi como Jackie-o se desplomó. Al menos había cercenado la conexión.

Guardé el Auto en su sitio. Me saqué el cuchillo del pecho y lo lancé de cualquier manera. Se incrustó en el parqué. Mi pecho sangró menos de lo que debiera hacerlo en esta clase de situaciones.

Me acerqué a Jackie-o. Se estaba despertando.

– ¿Qué ha pasado? – murmuró.

– Me has intentado matar – expliqué.

– Lo he pensado cuando te he visto dormido delante de mi puerta, pero de ahí a hacerlo… Por no decir que sé lo complicado que es.

– No, no has sido tú, per se – resoplé –. Alguien te hechizó y, desde que he empezado a investigar, han intentado atacarme.

Ayudé a la mujer a levantarse y la acompañé a su sofá. Tosí un poco y produje un rotulador.

–No sé quién ha hecho esto – continué –, pero me va a pagar por este traje. Y por la camisa.

Jackie-o me miró. Sonreí. Ella torció el gesto.

– Mira, necesito saber quién hizo los hechizos estos – dije –. Y para eso necesito el contrato de Bull. Me dijo que lo tenías tú, que te lo quedaste.

Jackie-o asintió.

– No es que quiera dártelo, pero… – mintió.

Se fue a su habitación. La oí rebuscar entre sus cajones.

Mientras ella hacía eso, utilicé mi rotulador para pintar un par de runas sobre mi pecho.

El encantamiento me tendría que haber quemado, pero, rápidamente, mi herida estaba cerrada.

Pensé en los hechizos. Había un Rechicero detrás de todo esto. Honest Ron era un hombre de paja. Había hecho el encantamiento de invocación, sí, pero un Graduado como él no podría haber invocado a un demonio. De hecho, cuando le vi, no parecía haber tenido un demonio cerca en mucho tiempo.

Ni siquiera uno pequeño como el que había matado a la señorita Cardew.

Y los cables. Los cables eran lo que más me molestaba.

Obviamente, el atacar a todos los que se intentasen acercar al Rechicero, tenía como objetivo disuadirnos. Conmigo, eso no funcionaría. No solo no estaba funcionando, me estaba animando.

La invocación era lo que más me llamaba la atención, la verdad. El encantamiento en sí era raro.

Jackie-o volvió y, al hacerlo, rompió mi  concentración.

– Aquí lo tienes. Lo quiero de vuelta cuando hayas terminado con él – dijo Jackie-o.

– Sí, claro. ¿Recuerdas algo del mensaje en sí?

Jackie-o sacudió la cabeza.

– No. Cuando vi el mensaje, lo supe – explicó ella.

– Vale, gracias. Te la devolveré mañana por la tarde.

Guardé el trozo de papel en el bolsillo interior de mi americana, el que no estaba manchado de sangre.

Me despedí de Jackie-o y volví a casa.

Al día siguiente me tocaba ir a la Universidad.

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