Tracer Bullitt, 13 (El Asesino)

Me despertó el teléfono. Me levanté. Era Wendy.

Quedé con ella en el O’Finnigans, un sitio al que acostumbrábamos a ir cuando éramos jóvenes. Ella, Jackie-o, el resto del grupo y yo.

La única persona con la que seguía manteniendo un contacto más o menos regular era Jackie-o. Por mucho que a Jackie-o le molestase. El resto hizo su vida.

A Wendy la veía de vez en cuando, si me surgía alguna duda, aunque no era muy frecuente.

Tenía dos horas libres antes de ir a verla. Pasé por la ducha y me vestí. Me puse mi traje favorito. Era gris, como todos los demás. Pero este era de un gris particularmente relajante.

Tiré el Auto sobre la cama.

Miré a la pitillera de la señorita Cardew. La había dejado encima de mi mesilla de noche. Con todo el jaleo no la había podido mirar a fondo. El grabado era un poco cursi, pero la pitillera en sí era muy buena. Plata de ley, un par de detalles con diamantes. No la podría revender por el dinero que la fiambre me debía, pero podría ganar algo.

Había sido, todo sea dicho, bastante incómodo llevarla a casa. Y, encima, todavía estaba muy caliente para mí.

La dejé debajo de mi cama al salir para ir a ver a Wendy.

Rellené la mía y me preparé para salir.

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