Tracer Bullit, 07 (La Pitillera)

Bull se incorporó como una marioneta y me miró. No era una sensación agradable. De hecho, era más bien todo lo contrario.

Salté de la silla y crucé el establecimiento sin apenas tocar el suelo. Era un truco que había aprendido en la Universidad. Huir de un guarda-jurado te enseñaba muchas cosas.

Me escondí detrás de la barra un momento y cogí una servilleta. Escribí tres runas con un bolígrafo que había en el suelo. Me puse la servilleta en el bolsillo de la camisa, cogí el Auto y me descubrí.

El encantamiento de la servilleta no me protegería. A mí eso no me hacía falta

Bull tenía muy mala cara. Y, también, una cuerda encima. La observé lo más rápido que pude y saqué una fotografía mental. Cerré la boca y el ojo derecho.

Disparé al tiempo que Bull escupía una bola de fuego hacia mí. Afortunadamente, me dio tiempo a descerrajar un segundo tiro contra la bola de fuego y desintegrarla.

La cuerda hizo “clink” al cortarse por mi bala. Bull se desplomó como si estuviese muerto.

-Joder, joder, joder, joder.-murmuré.

Guardé el Auto y fui a por él. Le abofetee un poco. Abrió los ojos.

-¿Estás bien?-pregunté.

La respuesta de mi amigo fue increíblemente emotiva.

-Blegh. ¿Qué me ha pasado?

-Alguien sabía que yo iba a venir.-le expliqué.-Y no le gustaba que estuviese cerca de descubrirle. Ahora ya da igual.

-¿Sabes quién es?-sonrió Bull, levantándose.

-No, pero te puedo interrogar ahora. Y tengo que trabajar rápido. No creo que el culpable se vaya a quedar tranquilito en casa.

-Vale. Dispara.-respondió Bull, sentándose delante de su cena. El tío siempre se recuperaba rápido.

Me senté delante de él. Al saltar de la mesa, mi hamburguesa se había caído y gran parte de mi bebida se había perdido.

-Vale, estoy buscando una pitillera. No tendría que haber sido esto, pero se ha ido de madre. Quiero que me cuentes todo lo que sepas acerca del golpe.

-¿Por qué una pitillera? He tomado “prestadas” cosas más interesantes.

-La chica que me contrató me la pidió porque era un regalo y le tenía un altísimo cariño. Me ha pedido que la recupere hace unas horas. ¿Qué sabes de ella? De la pitillera, quiero decir.

-Pues mira, Jackie-o me dio un trozo de papel y leí lo que tenía que hacer. Ya está. No recuerdo nada más. Robé la pitillera y la dejé donde me dijo el mensaje.

-¿Dónde fue?-pregunté.

Bull sacudió la cabeza.

-Vale, muchas gracias, Bull.-terminé. No quería volverle loco. Ya había tenido suficiente por hoy.

Me levanté y fui a la barra. El camarero seguía escondido detrás de la barra.

-Psst.-susurré.-Dame una copia de la factura de Bull.

Pagué mi cena, pero me fui con el ticket de la cena de Bull. La suya era más cara que la mía. Quedaría mejor cuando presentase las facturas a la señorita Cardew.

Y entonces me di cuenta. Bull me había lanzado una bola de fuego. Eso era un disparo. Doscientos ukus extra. Seiscientos ochenta ukus por dos días de trabajo.

Y este ni siquiera era trabajo más peligroso que había tenido que hacer.

Esa era otra de las experiencias que había terminado conmigo en un asilo mental.

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