Tracer Bullitt, 05 (La Pitillera)

La psique de Jackie-o estaba modelada como su edificio: un rascacielos de color gris hormigón. Gris de verdad, no como los grises que yo veía.

Su conciencia no estaba cerca de mí, pero no sabía dónde podía estar su subconsciente. Podía estar en cualquier sitio, de modo que era mejor operar bajo la asunción de que estaba detrás de mí.

Recorrí los pasillos poco a poco, buscando puertas que me pudiesen ayudar. Ninguna tenía “pitillera” escrita encima. De hecho, ninguna tenía nada escrito encima. Algunas, como mucho, tenían una runa o dos grabadas.

Tenía que intentar pensar como Jackie-o y no estaba por la labor. Al cabo de un rato, empecé a abrir puertas al buen tuntún. No era el mejor método, pero era rápido. Y, si la conciencia de Jackie-o llegase hasta mí, podría preguntarle a ella directamente.

Antes de darme cuenta, había visto cinco plantas y seguía igual que al principio.

Me reí. Hacía unos años – muchos, eso sí –, habría utilizado lo que había averiguado para hacer chantaje a Jackie-o. Bueno, a Jackie-o no. En cualquier caso, había aprendido (rápida y violentamente) que, por mucho que supiese, sin pruebas físicas, no servía de nada. Aunque ponías a la gente nerviosa, así que, al menos, nunca era una pérdida absoluta.

Seguí abriendo puertas. Cuando iba por la octava planta, llegué a una puerta con runas. Muchas runas. Parecían antiguas y fuertes.

Juraría que era una combinación cierre-alarma. El cierre era fácil de romper, pero activaría la alarma.

Sin embargo, la puerta me daba una buena sensación: la pitillera estaba detrás de esa puerta. Si no lo estaba, había una pista.

Pensé.

Podía abrir, mirar y ver qué había dentro o, por otro lado, abrir, esperar a que la alarma saltase y seguirla.

Seguir la alarma era la manera rápida de llegar a la pitillera, pero me verían venir.

Observar el recuerdo era el camino lento pero seguro. Bueno, seguro era una manera de hablar. A medida que investigase, el que tuviese la pitillera empezaría a buscarme. Si no hubiese algo importante detrás, no se molestaría en cubrir sus pasos de esta manera.

Inspiré espiritualmente y abrí la puerta. Recité un mantra y me oculté de manera casi perfecta. La alarma saltaría igualmente, pero no me verían de buenas a primeras.

Atravesé el umbral.

Estaba Bull. Jackie-o le estaba ofreciendo el trabajo y un trozo de papel. El papel tenía cinco runas y un círculo. Era una versión compleja del encantamiento que Papá había garabateado antes.

Muy compleja, de hecho

Era un sistema a prueba de observadores indiscretos. Y funcionaba con espías en la memoria. Era muy bueno. Lo único que Jackie-o había sabido era que había una pitillera que volatilizar.

Era un trabajo sencillo y, aparentemente, atractivo. Fácil de ofrecer y más fácil todavía de aceptar.

Imagino que el círculo hacía las veces de contrato y de mensaje al mismo tiempo.

Y, si el mensaje hacía las veces de contrato, entonces, el trabajo no era tan sencillo como parecía.

En cualquier caso, tenía lo que quería. Salí del recuerdo.

Por segunda vez hoy, Jackie-o me tumbó de un puñetazo.

-¡Imbécil!-chilló la conciencia de la mujer.

Intentó pegarme en el suelo, pero salí corriendo.

Salté fuera del edificio y volví a aparecer en la casa de Jackie-o. En su casa real, no su fortaleza mental.

Salí por patas. Llegué rápido a casa y disfruté del tiempo que me quedaba de neblina.

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