Los Boxtrolls

Vi esta película el 1 de noviembre, es decir, un día después del estreno en España y más de un mes después de que se estrenase en el resto del mundo, salvo que queramos ponernos tiquismiquis y empecemos a hablar del estreno en el festival de cine de Venecia. Pero, de momento, no soy tan pretencioso y quisquilloso. Más que nada porque no puedo permitirme ir a los estrenos en Venecia.

Por lo que he leído en la página de IMDb de la película, Laika (la productora) tuvo un reparto estelar: Sir Ben Kingsley, Elle Fanning, Nick Frost, Simon Pegg entre muchos otros. Tengo que creérmelo, porque no encontré ningún cine cercano que me ofreciese la película en V.O., de manera que me tuve que conformar con verla doblada al español.

No voy a decir que el doblaje fuera malo; pero el filme pierde algo de la gracia al no poderse oír a Ben Kingsley hacer de un patán adicto al queso e, irónicamente, intolerante a la lactosa. O a Nick Frost interpretar a un esbirro “estúpido” que, en realidad, es uno de los personajes más cultos; alguien con preocupaciones más profundas de lo que uno puede esperar de, bueno, un esbirro. Podría seguir, pero ya me meto mucho con la política de doblaje española en mi tiempo libre y no voy a amargar una crítica de una película buena con problemas personales. No sería profesional.

Antes de hablar de la película, voy a alagar a Laika, una de las pocas productoras que se dedica al stop-motion hoy en día.

De todas las películas que ha hecho, la mejor es, en mi opinión y la de IMDb, Los Mundos de Coraline, una adaptación genial de la noveleta de mismo nombre escrita por Neil Gaiman.

La segunda que hizo, ParaNorman, no la he visto todavía, desafortunadamente; así que no puedo decir nada de ella. Quizás me guste más que Los Mundos de Coraline, pero lo dudo.

Esta tercera película, al igual que cualquier película hecha con stop-motion, fue una tarea titanesca. Uno de los personajes que aparecen es una máquina que, completamente erguida, medía alrededor de metro setenta. Siendo una máquina, podría decirse que no es un personaje, que es decorado o atrezo.

Eso no haría justicia al “Mecha-Drill”:Mechadrill

Decir que esto era grande no es justo. El protagonista era una figura grande (alrededor del tamaño de un Action Man) y era un niño, de manera que era “bajito”. Esta maqueta se tiene que describir con adjetivos más propios de un relato de H.P. Lovecraft. Ciclópeo, titanesco… Esos adjetivos valdrían.

Esta tercera “entrega” de la productora americana, al igual que la primera, toma su base en un relato previamente publicado: Here be Monsters!

El relato, escrito por Alan Snow, se publicó en 2005 y, al contrario que la adaptación que la precedió, difiere algo más del producto final que llegó a las pantallas. Aunque Los Mundos de Coraline difería bastante de la obra original de Neil Gaiman. Pero, si entro en este tema, empiezo a divagar y mejor no.

La película en sí tiene una trama sencilla, porque es animación, de manera que hay que venderla a los niños. Los boxtrolls, los protagonistas, están siendo capturados. Toda la caza de boxtrolls dura alrededor de unos diez años. Todo empieza cuando un boxtroll, Atún, secuestra un niño. El protagonista, Eggs, es ese mismo niño que ha sido educado por su secuestrador.

Un día, sin embargo, sale a la superficie y la hija de Lord Camembert, Winnie, le ve. A partir de ahí, la niña se obsesiona con el niño al que los boxtrolls se acaban de llevar. Es la segunda vez que los boxtrolls, después de todo, se han llevado con ellos a una persona.

El malo de la película es Archibald Birlante (Archibald Snatcher en la original), un exterminador que se dedica a; como su nombre indicará a los más brillantes, exterminar boxtrolls. Motivado, ante todo, por conseguir un sombrero blanco, un símbolo de poder en la sociedad de la película. Sus motivos no se desarrollan mucho más. Quiere poder. Es una motivación perfectamente válida pero, quizás, algo sencilla.

Los boxtrolls son un personaje “colmena”, por así decirlo. Son una raza, en contra de lo que Birlante diga, pacífica e interesada en la ingeniería. Viven en una especia de comuna donde trabajen en diversos cachivaches.

El diseño de los bichejos es gracioso. Todos son distintos, de manera que distinguirlos era posible no solo gracias a las cajas que usaban para esconderse (aunque también ayudaba bastante) sino a su diseño físico.

El protagonista, Eggs, tenía un diseño reminiscente al de Coraline, aunque no tan interesante (esto se debe a varias razones: Coraline es de mis personajes favoritos y, también, ella resultó más chocante. Después de Coraline, Laika ha seguido la misma línea estilística, así que ya no tiene ese impacto que otrora tuvo).

La protagonista femenina, Winnie, sin embargo… Fallaba. Simplemente. Su diseño no era malo, pero había algo que no terminaba de encajar y hacía, no exactamente desagradable, pero casi, mirarla.

El resto de personajes, por su parte, habían sido diseñados por personas distintas. Posiblemente en momentos de delirios febriles, de manera que eran muy interesantes a nivel visual. Particularmente Lord Camembert, con su adorado sombrero blanco y su traje a juego.

Archibald Birlante, por su parte, cumplía todos los requisitos de un malo malvado, repulsivo y mezquino: dientes torcidos, calvatrueno pero con pelo largo, nariz ridículamente aguileña, sonrisa mezquina… El pack entero.

Sus esbirros (Don Trucho, Don Fideo y Don Salchichón, si no me equivoco) se daban un aire a Mortadelo y Filemón, aunque sus conversaciones (las de Don Trucho y Don Fideo) eran mucho más iluminadas y rompedoras. En un sentido muy literal puesto que, sin darse cuenta, rompían la cuarta pared con sus diatribas acerca del bien y el mal.

Son, seguramente, mis personajes favoritos de la película; más que nada porque, en una escena post-créditos, empiezan a hablar acerca de como alguien podría estar animándoles y, a medida que la conversación va avanzando, se ve a uno de los animadores moviéndoles poquito a poco. Es la segunda mejor escena de la película (siendo mi favorita un número musical que se utiliza para ver a Eggs crecer), gracias a ese guiño y a que, en mi opinión, los personajes de Trucho y Fideo, a pesar de ser alivio cómico, me parecían más interesantes que los protagonistas. De hecho, quería que el malo apareciese sistemáticamente para que pudiese oír sus conversaciones.

Resumiendo, Los Boxtrolls es una película para la que merece la pena pagar la entrada. Aunque, realmente, a Laika le da igual que vayamos o no, porque su propietario es una de las personas más ricas del mundo y considera las tres películas de sesenta millones por cabeza que su estudio ha producido poco más que “caprichos”. Afortunadamente para él y todos los involucrados, ninguna de sus películas ha perdido dinero. Todas han ganado alrededor de 100 millones.

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