Iron Sky, la película que escribí con quince años

De entrada, voy a decir que la puntuación que tiene en IMDb, un seis sobre diez, me parece baja. Se merece, al menos un seis y medio, si no más. Añadiré que, el que esta película perdiese dinero en taquilla es la prueba definitiva de que no hay justicia en el mundo.

La película comienza con un módulo espacial alunizando. Poco después, un personaje en un traje de astronauta blanco se baja, blandiendo un aparato al tiempo que dice “Detecto trazas de Helio-3” (Nota: el Helio-3 es un compuesto real que se utilizaría, teóricamente, en fusión nuclear).

Después de hacer eso, sube una colina y descubre unas instalaciones con inmensos tanques donde reza “Helium 3” en unas letras de tipo gótico. Tras verlas, se gira sorprendido y mira a su compañero, un hombre en un traje de astronauta negro. Ese es su primer y último error en la Luna puesto que, detrás de él, se yergue un hombre vestido de… Stoßtrupp. Sí, en el minuto cinco de la película, la premisa ya se despliega ante nosotros: nazis lunares.

Tras matar al astronauta blanco, los nazis cogen al que va de negro que, sorpresa, resulta ser negro (la sutileza no figuraba en la lista de propiedades que Iron Sky tenía que cumplir). Obviamente, todos los arios que viven en la base lunar nazi, están sorprendidos y le preguntan si ¿está enfermo?

Esa es una mitad de la trama, la otra tiene lugar en la Tierra, donde la presidenta de los EE.UU. ha mandado a un hombre negro, de hecho un modelo, a la Luna (Black to the Moon) para ser re-elegida. De nuevo: la película no es especialmente sutil.

Luego, alrededor de cincuenta o sesenta minutos tras el comienzo, ambas tramas se cruzan: los nazis de la Luna invaden la Tierra.

La historia es relativamente sencilla, cosa que hace la película muy agradable. No hace falta prestar demasiada atención para enterarse de lo que pasa. Salvo para leer los subtítulos; porque las partes de la película que tienen lugar en la Luna se desarrollan en alemán, así que el si público tenía que enterarse de algo, había que subtitular todas las conversaciones. Algunas personas podrían decir que cabía la posibilidad de haber grabado todo en inglés, cosa que no tiene sentido. Los nazis perderían profundidad. Nadie podría justificar que utilizasen, en las palabras de la protagonista, “la lengua más antipatriótica de todas: el inglés”

Los protagonistas son interesantes, tanto Renata, una profesora nazi, como James Washington,el modelo negro. Sufren un cambio y evolucionan; cosa que no se puede decir del antagonista: Klaus Adler, el oficial nazi que aspira a ser Führer. Esto no quiere decir que Herr Adler sea un mal personaje, ni mucho menos. Klaus es ambicioso, destructivo, cruel y malvado de los pies a la cabeza: es la viva imagen de lo que los nazis son para nosotros.

Sin embargo, si un miembro del Cuarto Reich leyese esto, discutiría esa definición de nazi. Esto se debe a que son educados de tal manera que creen que Hitler, en realidad, quería curar al mundo y encargarse de cuidarlo como si de un niño desorientado se tratase. En serio. No me estoy inventando nada de esto.

Los personajes de la Tierra por su parte son lo que los creadores querían que fuesen: parodias de políticos, peleándose y chillándose a la mínima excusa. Es un contrapunto interesante dentro de la película. Por un lado tenemos la locura absoluta de los nazis en la Luna. Por el otro, la sátira política, que es llevada de la manera más anti-sutil que he visto nunca.

El aspecto es reminiscente del art déco: bonito, fluido y relajante. Los diseños de las naves, ambas lunares y terrestres, son interesantes y graciosos. No quiere decir, sin embargo, que la película sea visualmente perfecta. Las partes que tienen lugar en la Luna, a pesar de ser bonitas, resultan cansadas puesto que hay un abuso del color  gris tal que los personajes parecen insanamente pálidos, enfermos. A nivel de realismo (olvidándome de que, en efecto, la película se basa alrededor de nazis lunares), puedo entender los colores. Eso no quita que resulte desagradable visualmente.

El contraste es curioso: por un lado están los diseños increíblemente interesante de todo lo que los nazis han hecho en la Luna. Por el otro, la escala monocrómatica quita atractivo a toda la imagen.

Sin embargo, el diseño es predominante, de manera que sigue siendo una película bonita.

Resumiendo, la película merece la pena para pasar un ratejo divertido. También merece más de un seis sobre diez en IMDb. Se merece el seguimiento que se ha ganado desde que salió hace dos años. ¿Por qué? Porque es divertida, irreverente y tiene golpes muy buenos.

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