Sexta Entrada:

En el camino que separa la cueva de la nave hablamos con Marcus, que no es, precisamente, el retrato de la tranquilidad. Esto no ayuda a nadie en absoluto.

-¿Y Raoul?-pregunta Marcus, genuinamente descolocado.

-Eso quería preguntarte yo.-replica Gavin.-¿Dónde están todos los demás?

-En… En la nave, ¿no? Bueno, menos Raoul.

-No.-digo- No están. Menos de dos horas. Siete desaparecidos y un lisiado.-suspiro-¿Qué ha pasado?

-Pues,-dice Marcus mientras Lauren y Gavin le cogen por los sobacos. Algo indigno.-hemos salido de la nave y hemos venido hacia aquí. El mar lo hemos visto como poco viable para explorar andando.-ahoga una risita estúpida. Los nervios, espero.-Después de salir, hemos atravesado el bosque. Cuando he visto la cueva, he entrado. He visto el hueco, pero he tropezado. Raoul lo ha debido oír, porque ha venido en nada. Me ha dicho que él se quedaría esperando y ha pedido a los demás que volviesen a la nave. Bueno, primero ha intentado llamaros con los walkies, pero no funcionan.

-Ya lo sabemos.-interrumpe Lauren.-Están sin pilas.-Los nervios y el miedo nos han venido a todos y, parece ser, están para quedarse.

Avanzamos hacia la nave lenta pero seguramente. No queremos que pase nada. Todos estamos de acuerdo en que debo ir vigilando cuidadosamente nuestras espaldas. Si algo llega, va a tener que ser invulnerable al plomo supersónico. Aún así, cada dos minutos, me aseguro de que todo está como debe, es decir, que el subfusil está cargado, armado y sin seguro.

Mientras andamos, Gavin, Lauren y Marcus charlan, intentando no pensar en los que han desaparecido. El bosquecillo es precioso, la verdad. El verde es algo distinto a como debiera ser en algunos sitios, pero el sol de este planeta (al que debiéramos nombrar) se está poniendo, así que eso lo explica.

Estamos viendo la nave. Me tranquilizo un poco, alejando el dedo del gatillo, casi dejando colgar el subfusil. Oigo un crujido. Hay una flecha incrustada en la pierna derecha de Marcus, a la altura del muslo. Me giro al tiempo que digo a mis camaradas que corran. Rocío con balas la zona general de donde puede haber venido la flecha. En cuanto me quedo sin balas dejo caer el cargador y coloco otro. Repito la jugada.

Me quedo vigilando un rato, media hora, quizás. No parece que haya nada ni nadie. Si no he dado al arquero, al menos le he asustado con las descargas de mi subfusil.

Entro en la nave y cierro. Me quito el traje, cosa que no había hecho cuando he vuelto a por Gavin y Lauren. Busco a Marcus. Está sentado. En una silla de ruedas. Le falta la pierna derecha. No termino de asimilarlo.

-No, no me la han amputado.-sonríe.-Era biónica. La perdí cuando cumplí los cuatro. María le está echando un vistazo, a ver si puede repararla o me tendré que conformar con uno de mis repuestos.

-Ah.-mi cerebro termina de ponerse en marcha.-Ahora recuerdo su ficha. Lo decía. Hacía énfasis en que le faltaba la pierna. Disculpe.

-No se preocupe. Con todo lo que ha pasado, me sorprende que recuerde su nombre.

-¿Sabemos algo de nuestros compañeros?

-No, aún no hemos recibido noticias. Es como si se hubiesen desvanecido.

-Hmm. De acuerdo. Tendremos una reunión en media hora en la sala de control. Voy a buscar a los demás.

————————————————————————————————————————————–

Estamos todos. Todos los que no estamos en paradero desconocido.

-Hace unas cuatro horas-comienzo-hemos tomado tierra. Hace dos, la mitad de nosotros ha desaparecido. ¿Qué debiéramos hacer?

-Esperar.-sugiere Marcus.

-Poner la nave en marcha y buscar desde el cielo. -Amy.

-La idea no está mal,-corta Irene-pero sería mejor no gastar energía de la nave.

Murmullo de aprobación. Todos consideran que habría que volver a casa.

-Hay un buggy, ¿no?-dice Artur, el ruso.

-Cierto.-replico-Podríamos salir un equipo de dos personas. ¿Podemos enchufar los walkies a la batería del vehículo? -pienso en las fichas-María, eres ingeniera, ¿no? ¿Se podría  hacer?

-Seguramente.

-De acuerdo. ¿Alguien se ofrece a venir conmigo?

El silencio es abrumadoramente incómodo. Todos intercambiamos miradas.

-Irene, tú.-digo.

-Vale.

No parece apasionada por la idea. Tampoco la culpo. El resto parecen relajarse.

-Recapitulando. Irene y yo saldremos en el buggy en cuanto está. Si alguien más pudiese venir, vendrá Artur. Marcus, tú descansa. El resto, ayudad a María. Yo voy a prepararme.

————————————————————————————————————————————–

El buggy está listo. Cabemos dos personas. Eso explica la calma de Artur al avisarme. Estoy tentado a hacerle venir. Mejor no. Me vuelvo a embutir en el traje por segunda vez hoy. Me cuelgo el subfusil al hombro y me ato un khukuri que he cogido antes al muslo. Irene ya está sentada delante del volante. Me acomodo a su lado. Llevamos de todo salvo armas (si exceptúo las mías): cuerda, botiquín, comida… Parece que vayamos a un picnic más que a una misión de rescate. Mis compañeros dejan el garaje.

-¿No llevas nada con lo que defenderte?-pregunto

-Llevo un coche. Si un problema no puede solucionarse atropellándolo, entonces no tiene solución.

-Vale, como veas. Vamos a probar la comunicación. ¿Me oís?-digo, hablando al micro.

-El botón.-dice Irene, señalando un botón rojo.

-Ah, de acuerdo.-pulso.-Probando, probando.

-Perfecto.-cruje la voz de Amy desde el altavoz.

-Salimos. Bajad la plataforma.

-Louis.-repite Irene.-El botón.

-Hmm. Bajad la plataforma.

Bajamos. Entra luz natural. El motor gime. En cuanto oímos el thud de la plataforma contra la arena, Irene aprieta el acelerador y salimos quemando goma contra el suelo. En cuanto toca la arena, empieza a derrapar. Irene controla el vehículo lo mejor que pueda. Salimos disparados atravesando el bosquecillo.

En el trayecto hasta los montecillos me he llevado un par de ramitas en la cara. Son blanditas, pero golpean como látigos. Para cuando llegamos tengo algunos cortes. A la vuelta me voy a poner el casco.

Los montecillos los subimos sin ningún problema. Hace viento en la cima, pero no frío. Nuestra nave se ve sin problemas desde aquí. Parece un leviatán envarado. Desde aquí puedo ver las luces de la cabina. No puedo evitar saludar, aunque no me vean. Irene charla con la cabina. Ha mencionado que les estoy saludando. Me giro y echo un vistazo a la explanada verde que hay al otro lado.

Parece sacado de una novela de fantasía. Es más verde que los pastos que vi cuando fui a Nueva Zelanda cuando era niño. Hay una, bueno, dos grandes diferencias. Para empezar no veo ninguna montaña en la que se pueda decidir un destino. La segunda diferencia es una grieta enorme que parte los pastos. Hay algunos animales desperdigados también. Tomo nota de ellos. Cuando sepamos qué ha pasado con nuestros compañeros, tendremos que investigarlos.

Voy a indicarle a mi compañera donde están cuando veo algo raro. Un borrón moviéndose lentamente hacia Irene. Me froto los ojos. Puede que el líquido que tengo dentro me la esté jugando. No. Sigue habiendo algo. Me acerco lo más silenciosamente que puedo al tiempo que desenfundo el khukuri. La forma no mide más de un metro y medio. Me pongo en cuclillas y lo abrazo a la altura de su pecho, colocando el filo de mi arma contra lo que debe ser su cuello. Lo que acabo de coger se debate y me corto la mejilla.

Irene no parece haberse dado cuenta de lo que está pasando.

-¡Eh!

La chica se gira.

-¿Qué? ¿Qué pasa?

-Dame la cuerda.-digo, intentando conservar la calma.

-¿Para qué?-no parece darse cuenta de que no estoy bailando la lambada por placer.

-¡Para esto!-haciendo un tremendo esfuerzo me levanto y agito a lo que he cogido. Me muerde.-¡Joder! ¡Tiene los dientes afilados!

Irene me da la cuerda, pero sigue sin entender lo que pasa. La uso para envolver a lo que demonios sea que he cogido y lo ato fuerte. Creo haberle pillado los brazos, pero no estoy del todo seguro. Me siento en el buggy, con el fardo entre mis piernas. Aprovecho el botiquín y me hago un apaño. Entre que me curo Irene ha empezado a conducir y el fardo ha dejado de retorcerse. O se ha rendido o se ha dormido.

-¿Qué es eso?-pregunta mi compañera.

-No lo sé.-golpeo el botón.-Volvemos. Preparad una habitación que se pueda cerrar desde fuera.

-¿Por?-cruje Amy al otro lado.

-Hacedlo.-hacedlo.

Irene señala el botón. Voy a pedirle a María que el botón solo se use cuando uno no quiera que le oigan. Pulso.

-Solo hacedlo.

El camino de vuelta lo hacemos por donde hemos venido, de manera que hay menos ramitas que a la ida, pero eso no lo hace menos desagradable. Llegamos. Los pocos que siguen despiertos mencionan que la habitación no está preparada. No me sorprende demasiado. No han tenido demasiado tiempo. Cojo el fardo y me lo coloco sobre los hombros. Bajo del buggy. Me miran. Tampoco les culpo.

Paso al pasillo y dejo el bulto sobre el suelo y me siento al lado. Le observo. Bueno, me guío por los detalles que sé debiera ver, pero que no están ahí. Se me ocurre algo.

-¡Artur!-el ruso se gira.-Decorad la habitación con cosas superfluas. Cuadros, libros… Lo que sea.

-¿Por qué?

-Para poder ver.-replico

-¿El qué?-sigue el ruso.

-Esto.-señalo al montón de cuerda.

-Es un montón de cuerda. Imagino que lo ve ahora.

-¡No! ¡La cuerda no!-chillo. Artur se echa atrás.-¡Lo que hay dentro!

Parece fijarse. Si no lo ve, hace como que sí.

Diez minutos más tarde, todo está listo. Entro y dejo al bulto dentro lo más delicadamente que puedo. Aflojo la cuerda un poco y salgo rápido, antes de que el montón se deshaga. Cierro y giro la llave. Artur está fuera.

-Me voy a dormir. ¿Por qué no usa gafas de visión infrarroja? Creo que hay.

-¿Por qué lo cree?

-Hay subfusiles. Es lógico que haya gafas de esas.

Su lógica tiene sentido. Tomo nota mental para pedirle que me tutee la siguiente vez que le vea. Voy a la sala de mando. Amy está cabeceando en el sillón. Parece haberle gustado el sitio. Empiezo a teclear. Se despierta.

-¿Qué buscas?-dice, con la boca no despierta del todo.

-Estoy mirando el inventario.-sonrío. Mide metro sesenta y cinco y lleva el pelo corto, como se estilaba allá a comienzos del siglo veinte. Le queda bien.

-¿Qué vas a sacar?

-Unas gafas de visión infrarroja o térmica.

La chica me da un empujoncito con el hombro y toma control del teclado. Busca en la lista.

-Hay un par.-anuncia.-Apunta que las has cogido y cuando las devuelvas, por favor, avísame.

Antes de marcharme veo como anota que falta un par. También ha tomado nota de que faltan unas 70 balas de subfusil, un khukuri y un subfusil. Eficiente.

Entro al almacén y rebusco. No tardo más de cinco minutos en encontrarlas. Espero que lo que haya capturado sea de sangre caliente o que su temperatura difiera de la de la habitación.

Vuelvo a la habitación. Abro y cierro rápidamente. El montón de cuerda está en el suelo. Me pongo las gafas. Las enciendo. No hay nada.

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