Liza.

Los ascensores del colegio de Inés siempre fueron distintos a los de otros colegios. Para empezar tenían música de ascensor, algo que no se hacía desde hacía mucho tiempo. Eran aún más raros por la música que sonaba. En lugar de versiones instrumentales de “The Girl form Ipanema”, se oían versiones de “Uncle Jim” o “The Magnificent Seven”. Tampoco faltaba la “decoración” ocasional, sin embargo, en lugar de estar hechos por compañeros de clase de Inés, las pintadas las hacían los propios profesores. Decían cosas como “Demóstenes no soporta a Locke”. Ningún alumno  alumna lo entendía, pero a los profesores y, especialmente, al director les encantaba.

Los compañeros y compañeras de Inés venían de familias adineradas y con una posición elevada en la sociedad, desde diplomáticos hasta miembros de la nobleza. Todos salvo una chica. Liza. Ella estaba becada y nadie explicaba a los alumnos el verdadero por qué. Los profesores acostumbraban a decir que era una chica brillante. Nadie se lo creía.

Inés y Liza, sin que nadie supiese muy bien cómo, se hicieron amigas rápidamente como hacen las niñas. Tardaron aún menos en hacerse inseparables, siempre jugando. Si no podían jugar, se llamaban por teléfono. Si no podían, se mandaban mensajes de texto. Siempre hablaban de mundos maravillosos, no muy distintos a Narnia, donde ellas podían hacer lo que les complaciese.

Así pasaron los años. Ambas niñas se sumergieron más y más en su mundo que, finalmente, las notas de ambas empezaron a sufrir. Los profesores se preocuparon, de forma que solucionaron preocupando a los padres de las niñas. Los padres de Inés concluyeron, junto a los de Liza, que lo mejor sería separar a las niñas.

Inés y Liza no permitieron que sus padres pusiesen palos en las ruedas de su amistad, de modo que se reunían en secreto regularmente al tiempo que mejoraban sus notas. No fue suficiente. Los padres de las niñas se enteraron de sus reuniones. Esta vez tomaron medidas mucho más drásticas: Liza fue internada a otro colegio. Antes de marcharse dijo que “Al menos me guardan la beca.” sonrió y se marchó.

El resto del año fue difícil para Inés, las clases eran aburridas sin su amiga. No podía hablar con nadie del mundo que su amiga y ella compartían. Nadie le entendía ni parecía querer entenderla. Hizo amigas de nuevo, pero no eran como Liza.

Cuando llego el verano, la familia de Inés, como siempre, fue a la playa. Ahí había una sorpresa. Estaba Liza. Pasaron el verano juntas. No hubo hora en la que estuviesen a más de veinte metros de distancia. Inés enseñó a Liza a tocar el piano. Liza enseñó a su amiga a hacer juegos de magia. Algunos eran fáciles, como adivinar cartas. Otros, como hacer desaparecer cosas, no tanto. También escucharon música. Mucha música. La canción que ambas consideraban su favorita era “Piano Man”.

Una vez terminó el verano las niñas se despidieron, prometiéndose que volverían al año siguiente. Inés no vio como la cara de sus padres se deformaba con una mueca. En el coche Inés mantuvo una conversación con sus padres.

-Inés,-empezó Madre.- sé que quieres a Liza, pero no podéis ser amigas y no creo que os vayáis a volver a ver.

-¿Por qué? Tengo catorce años, puedo elegir a mis amigos y amigas.-sollozó la niña.

-Inés-la voz de Padre, barítono de profesión, llenó el vehículo, haciendo que temblaran los cristales.-sé que quieres a Liza. Nosotros también, pero el director de tu colegio nos dijo que no sería bueno para ti.

-¿Cómo va a ser mala para mí?-replicó Inés, desconcertada-Es mi amiga.

-Da igual. No volveremos a hablar de este tema.-cortó Padre. Inés no lo supo, pero a su padre le dolío no poder explicarse.

Una vez volvió al colegio, Inés no estudió. Se limitó a hacer juegos de magia como Liza le había enseñado. Mejoró mucho, impresionando a sus compañeros y compañeras al hacerlo. Cuanto más mejoraba, más cerca se sentía de su amiga.

Un día, en clase de gimnasia, Inés se despistó. Se cayó y se esguinzó. Padre y Madre se preocuparon mucho, pero el médico les dijo que no había razón. Al poco volvió a las clases, pero, como no podía andar, subía a todas las clases en ascensor.

El día antes de recuperarse del todo, según el médico de turno, subió en el ascensor con su profesora de matemáticas. La canción del día era “Piano Man”. Inés recordó el verano, el mundo que Liza y ella compartían, sonrió y entendió el truco para desaparecer.

-¿Quiere ver un juego de magia?-preguntó a la profesora sin apenas mirarla.

-Claro que sí.-la fama de la niña había llegado a los profesores.

Inés volvió con su amiga. En el ascensor quedaron su mochila y su recuerdo.

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