Planeta Hogar IV

Me aseguré de grabar a las plantas y mandar el vídeo al control de la misión. Esperaba una respuesta inmediata, de modo que tuve que esperar cuarenta minutos, de modo que, entre medias, hice tiempo y continué grabando.

Seguí a las plantas durante quince minutos hasta que se asentaron de nuevo. Las plantas se pusieron alrededor de un charco bastante sucio. Las plantas parecían, una vez más, algo normal, estático. Me acerqué a tocar una. No pareció molestarse. Se quedó quieta. Decidí desenterrarla, conservando parte de la tierra en la que estaba. De nuevo la planta no parecía molesta, pero, cuando le quité casi toda la tierra húmeda que tenía entre las raíces, comenzó a debatirse. Parecía que las plantas sólo se movían cuando dejaba de haber nutrientes cerca de sus raíces.

Mientras la planta se movía, me alejé del charco y la dejé en medio de lo que antaño fuera una calzada. Sólo tenía restos de asfalto debajo. Observé a la forma de vida. Giró varias veces sobre si misma y, cuando pareció haber determinado cómo eran sus rededores, eligió una dirección. De nuevo, seguí corriendo a una planta que a duras penas me llegaba al tobillo. Volvió a la tumba y se acomodó sobre la tierra. Vi como hundía sus raíces/patas en la tierra. Era curioso, las hacía girar un poco, de manera que removía la tierra y, lentamente, iba metiéndolo.

Me mandaron un documento actualizando la misión. Me pidieron que consiguiese una planta, cosa que ya había hecho, y que siguiese a este nuevo reino de la biota e intentase averiguar todo lo que pudiese del nuevo reino, algo que había estado haciendo mientras esperaba.

Era un descubrimiento, como decían en el documento, fascinante, pero no sabían lo más espectacular: todavía había homínidos vivos en la Tierra. Sonreí. Esto significaba que podríamos volver aquí y establecer relaciones comerciales.

Mientras consideraba cómo debía comunicar a mis superiores esta noticia noté como alguien me miraba. Mi cerebro reptil se puso en marcha. Después del problema con la bestia  la noche anterior, una parte de mí estaba vigilando en todo momento. Miré a mi alrededor. No había nadie, salvo las plantitas. Me agaché de nuevo y acaricié a la que se había reinstalado encima del cadáver.

Cuando descarté la posibilidad de que estaba en peligro, oí el ruido que haría un trozo de piedra afilada frotando contra cuero. ¡Alguien estaba desenfundando un cuchillo! Giré sobre mis talones y, antes de haber terminado, estaba sujetando mi arma y, sin darme cuenta, disparé. A diez metros de mí, cayó un hombre.

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