Planeta Hogar IV

El ruido no fue más que una rama seca cayendo al suelo. Estar a solas no ayudaba a que mantuviese la cabeza fría. Guardé el arma, que había sacado por acto reflejo y volví hacia la motocicleta, que había dejado en la entrada del bosquecillo. Con las prisas no hice medidas del bosquecillo, pero eran las mismas (espero) que en el exterior. Me monté en la Welbike y la arranqué. Consideré volver a la cápsula, pero aún era temprano, de manera que decidí seguir avanzando hacia el este por donde, supuestamente salía el sol.

De vez en cuando se colaba un rayo de luz, pero, desde que aterricé, no había visto nada más que un cielo gris, en lugar de azul. Mientras avanzaba por los restos de la ciudad, que cada vez eran menos, investigué el fenómeno con el ordenador integrado en mi traje. Me explicó que lo que impedía ver el sol se llamaban “nubes”. Las definió como vapor de agua.

Una vez me hice a la idea de lo que eran, paré la moto y las fotografíe. También tomé notas e hice referencia a la información facilitada por el ordenador. No sabía si sería útil, pero era interesante cómo se modificaba el clima en un entorno no controlado. También era algo que me parecía muy bonito y que nadie había visto algo similar en milenios, al menos si habían tenido mi educación.

Para cuando me pareció que tenía suficiente me puse en marcha de nuevo. Me entretuve escuchando música y mirando a mi alrededor mientras conducía, sin molestarme en recordar mi recorrido. De eso se encargaban los ordenadores de la cápsula y el de mi traje. El sistema era infalible a un radio de unos quinientos, seiscientos kilómetros. Una vez que salía de ese radio, el sistema me avisaba. Era improbable que me alejase más de 600 clicks de mi cápsula, de manera que no me preocupé por ello.

Conduje durante unas cuantas horas hasta que llegué al borde de lo que una vez fuera la ciudad. El cambio era notable, pero no increíble. Había pequeños cúmulos de ruinas desperdigados, podrían haber sido fábricas milenios atrás, pero todos estaban cubiertos por hierbas altas. Había una zona más llana, la calzada, asumí, pero también estaba cubierta por la misma hierba. De vez en cuando se veían cúmulos de arbolillos, pero no muchos. Los árboles parecían ser más finos que los que había visto en el parquecillo. No pude confirmarlo porque aquí vi algo espectacular: Animales.

Los primeros que vi fueron pájaros. Eran enormes, con cuatro alas que debían tener una envergadura de un metro por lo menos. Verles volar era un espectáculo, de manera, que, como ya había hecho varias veces antes, empecé a grabarles.

Cuando uno de ellos se acercó demasiado al suelo, una roca cubierta de musgo saltó y la atrapó al vuelo. Era una especie de depredador parecido a un  oso, pero demasiado rápido para su tamaño. Uno de los depredadores pareció fijarse en mí y empezó a correr hacia mí.

Anuncios

Un comentario en “Planeta Hogar IV

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s