Planeta Hogar II

Eché un vistazo a mi alrededor. Estaba en algo que, tiempo atrás, debía haber sido una calle. Los edificios, si se podían llamar así, no pudieron haber sido demasiado altos, aún cuando estaban en condiciones. Una clase de plantas los cubría completamente. Los adoquines también estaban cubiertos de musgo. Entre algunos de ellos crecían plantas pequeñas. Me agaché y le eché un vistazo a una de ellas. Parecía tener una corteza más gruesa que en la estación de donde venía.

Lo comprobé con otra más. Parecía que sí, que sus cortezas eran más gruesas, pero podía ser una especie endémica a mi zona de aterrizaje, de modo que no decidí apuntarlo de momento; sin embargo, sí que hice una nota mental de ello. Después de haber estado entretenida con las plantas durante unos minutos, me puse en marcha. Me aseguré de que conocía mis alrededores (cosa bastante sencilla, puesto que había tomado tierra en medio de una calle bastante larga) y volví a la cápsula.

La compuerta del equipamiento parecía atrancada, de modo que tuve que entrar y abrirla manualmente desde el interior. Tras unos minutos peleando con el enganche (que parecía haberse doblado con alguna sacudida), conseguí abrirlo. Salí directamente por ahí. Me estiré y empecé a descargar. Tenía de todo: Anemómetros, termómetros,  higrómetros, sismógrafos, barómetros, un contador geiger, que marcaba un resultado seguro, y, afortunadamente, un equipo de comunicación extra, en caso de que fallasen ambos el que tenía (y tengo) en el traje y el de la nave. Detrás de todos los aparatos había una moto. Una réplica, me habían explicado, de las que usaron los paratroopers en la Segunda Guerra Mundial, dos siglos antes de que dejásemos la Tierra atrás. La habían llamado una Welbike. Colgando del asiento estaba el arma que me habían facilitado, una réplica de un arma llamada ТП-82. Al parecer fue uno de los primeros modelos de arma en salir al espacio, si no fue el primero. Eché un vistazo a las cajas de munición. Recé para no tener que usarlas nunca.

Para cuando terminé de montar los aparatos ya estaba anocheciendo, de manera que cerré el compartimento de material y entré a la esfera. Una vez dentro plegué los peldaños. No era cuestión de que algún animal los aprovechase y me diese un susto. La claraboya no dejaba, al menos oficialmente, dejar pasar ninguna clase de radiación solar, de manera que me quité el traje y me acomodé. Leí un poco y me quedé inconsciente.

Anuncios

Un comentario en “Planeta Hogar II

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s