¿Qué pasó con las sombras del Windsor?

Tras un largo y agradable verano vuelvo a la carga con un nuevo relato. Las actualizaciones volverán a normalizarse en cuanto pille el ritmo al curso, es decir, la semana que viene.

-¿Qué pasó con las sombras del Windsor?-preguntó Chema, al que todos llamaban “Er Fary” por sus gustos musicales.

-¿El Windsor?-replicó Jazz, que en realidad se llamaba Jasón y, de hecho, detestaba el jazz.

-Sí, el edificio que estaba aquí.

-¿Este?-hizo un gesto, señalando sus alrededores. No veía muy bien lo que estaba a su alrededor; después de todo, robar un Corte Inglés es más sencillo si no hay nadie mirando.

-No, no. Esto es el Corte Inglés de Castellana. Antes había un edificio de oficinas aquí. ¿No lo sabías?

-No, tío, si yo soy de Mora, ya lo sabes. A mí la capital me importa más bien poco.

-Ya, pero pensé que lo sabrías.

-Pues ya ves que no.

Oyeron un ruido detrás de ellos mientras investigaban cajas registradoras. Se giraron, empuñando sus armas de elección. Er Fary levantó una navaja de mariposa, Jazz levantó el puño, mostrando los pinchos de su puño americano. Delante de ambos se erguía un monumento a la virilidad, sujetando una porra entre índice y pulgar. El hombre estaba enfundado en un traje de la compañía de seguridad Anubis y lucía una amplia sonrisa.

-No creo que me vaya a hacer falta usar esto para reduciros, pero no me obliguéis a comprobarlo.

Los ladronzuelos bajaron las armas, pero no las soltaron.

-Para que veáis-prosiguió-que soy decente, voy a responder a tu pregunta-movió la cabeza en la dirección de Chema-antes de cogeros.

-¿Cómo podemos saberlo?-preguntó Jasón, desconfiando.

-Mi palabra es de fiar.

Er Fary susurró al oído de su compañero.

-Mira, cuando termine su anécdota salimos corriendo y ya está. No nos podrá pillar. Mira sus piernas.

En efecto, el hombre imponía, pero tenía las piernas mucho más cortas que ambos delincuentes, por no mencionar que ambos eran los más rápidos de la banda. Jasón asintió.

-Veréis,-dijo el hombre, aparentemente ajeno a los susurros de los chicos-no había sombras. Sólo había una, pero se movía rápido como un diablo, como si intentase escapar de alguien. Lo recuerdo porque estaba por la zona y estoy seguro de lo que vi. Mucho. Bueno, la sombra en cuestión era un amigo mío. Era un guardia de seguridad aquí cuando el edificio saltó en llamas. En cuanto empezó, intentó buscar una salida, sin éxito, desafortunadamente para él, tenía las piernas deformadas y casi no podía correr. Pereció entre las llamas y su cadáver nunca fue identificado, estaba demasiado deformado para ser considerado humano.

-¿Cómo-dijo Jazz-sabes que era tu amigo?

-Desapareció ese día. No le volvimos a ver en vida. Pobre hombre.

De nuevo, er Fary se acercó al oído de su compañero.

-Tío, no sé si lo sabías, pero en el Corte Inglés los seguratas no son de Anubis. Son de otra compañía.

Los jóvenes empezaron a correr hacia la salida, bajaron las escaleras como si la vida les fuese en ello porque, de hecho, así era. Delante de las puertas rotas por las que habían entrado, algo les estaba esperando, cortándoles el paso sin problemas. No era algo indescriptible. Simplemente, era tan horrible que nadie, nadie en su sano juicio, al menos, querría describirlo jamás. Los que lo vieron de fuera lo describían como vagamente humanoide.

La pregunta de moda en Madrid durante los siguientes meses fue “¿Qué pasó con las sombras del Corte Inglés de Castellana?”

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2 comentarios en “¿Qué pasó con las sombras del Windsor?

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