Diario de una oficinista de la MetaCorp.

Día 1:

Mi nuevo jefe estaba practicando su risa cuando he entrado a su despacho. Según me dijeron los de R.R.H.H. es algo… especial. No sé que opinar del resto de mis compañeros. Tienen los ojos entrecerrados en todo momento y no dejan que te acerques a ellos por temor a que sepas en qué están trabajando. Muchos dicen que es porque se lo pide mi nuevo jefe.

A pesar de ello creo que estaré a gusto. Pagan bien, muy bien, por no hablar del seguro médico. Cubren todo, desde caries hasta mutilaciones por armas pesadas. Sí, armas, no maquinaria, armas pesadas. Descontando eso está genial todo lo demás. Mi cubículo es amplio y, si me subo sobre la mesa, creo que puedo ver una ventana.

No sé cuánto tiempo duraré, pero creo que, si paso el primer año sin problemas, me quedaré todo lo que pueda. No tengo que hacer demasiado para lo que me pagan.

Día 6:

Ayer tuvimos un simulacro. Bueno, dos. Uno era de incendio, algo rutinario, según me dijeron (mientras no esté cerca de sus puestos de trabajo, mis compañeros son muy majos) Fue como cualquier simulacro: Deja lo que estés haciendo y dirígete a la salida de incendios más cercana… Lo típico. Para mí fue muy rápido. Mi cubículo estará lejos de las ventanas, pero está al ladito de la salida de incendios, de manera que fui la primera en atravesar la puerta de incendios.

Me pasé unos cuarenta minutos jugando con el móvil mientras el edificio se iba evacuando. Otros diez me los pasé hablando con una chica de mi edad. Decía que era parte del DdP, sea lo que sea eso.

Después nos mandaron de nuevo a trabajar. Para cuando ya estaba mentalizada de nuevo para ponerme a trabajar comenzó el segundo simulacro.

Fue muy diferente al de incendios. Se suponía que este era en caso de que, si jamás hubiese un problema con cualquiera de los proyectos que nos traíamos entre manos en el departamento (que llaman DdMA, signifique lo que signifique), supiésemos qué hacer.

Lo que había que hacer fue sencillo: seguir unas líneas blancas en el suelo y, muy importante, dejar un pasillo abierto para los gorilas de seguridad, que llevaban desde revólveres hasta fusiles de combate (esto aclaró bastante el seguro)

Al preguntar por qué llevaban armas de fuego en lugar de porras o sprays de pimienta me mandaron callar. Un colega me dio a entender que los proyectos con los que trabajamos en mi departamento suelen ser peligrosos y/o moralmente ambiguos. No lo dijo abiertamente, pero identifiqué los signos.

Por lo demás fue un día francamente normal. Nos avisaron de que, de ayer a dentro de una semana, nos irían a mandar a los cursillos. Por las miradas que me lanzaron a mí, la novata, me dio (y da) la sensación de que, antes de que este mes termine, tendré que recurrir a mi seguro médico.

Día 14:

Acabo de terminar los cursillos (bueno, uno de ellos. El otro son cuatro sesiones) Uno, el que he terminado, era de trabajo en equipo: Una partida de paintball en, por Dios sabe qué razón, una réplica exacta de las oficinas. Éramos todos los proyectos del departamento contra los de seguridad. La primera vez nos han aplastado. Rápido. La segunda también, pero no tanto. Hemos aprovechado nuestro conocimiento de las oficinas para tenderles emboscadas y abatirles minimizando las bajas. Ha surtido efecto hasta que han empezado a lanzar granadas de pintura. A pesar de todo ha sido divertido.

El segundo cursillo ha sido algo diferente. Era autodefensa. Karate. Aquí no tenían nada que hacer contra mí. Tengo casi veinte años de experiencia. El hecho de que nos enseñasen karate me ha sorprendido, pero me han dado a entender que se debe a que se preocupan por nosotros y no quieren que nos pase nada en caso de una reyerta o atraco. Cuando he ido a preguntar por qué nos irían a atracar un compañero me ha hecho gestos para que no siguiese por ese camino.

Irónicamente me han atracado al bajarme del coche. Afortunadamente mi seguro cubre impactos de cabezas.

Día 30:

Me han cambiado de proyecto. No sé por qué. Tampoco ha supuesto gran cosa. En el anterior rellenaba el impreso A y el anexo D. En este relleno el impreso D y el anexo A. Creo que los dos primeros los he liado, pero no creo que vaya a pasar gran cosa.

Al menos sé, más o menos, de qué trata este proyecto. Estamos trabajando con mantis (¿mantises?) religiosas. El cambio de proyecto ha traído consigo un cambio de cubículo. A este le llega luz natural; al menos cuando el jefe abre la puerta. Eso es genial.

Por otro lado, estoy cerca del jefe. Esto no es bueno, no porque no pueda vaguear, (sé hacerlo sin que lo parezca) si no porque le encanta recordarnos que es un doctor, pero no en medicina. También significa que oigo lo que le chilla a los albañiles que ha contratado. Suelen ser cosas como: “¡NO-PREGUNTE-POR-QUÉ-QUIERO-UNA-PISCINA-CUBIERTA-EN-MI-SUBSUBSUBSÓTANO!” o “¡SÉ-QUE-ES-DIFÍCIL-CONSTRUIR-UNA-PARED-DE-TITANIO-TRATADO,PERO-LA-NECESITO!¿PARA-QUÉ?¿¡A-USTED-QUÉ-DEMONIOS-LE-PUEDE-IMPORTAR-POR-QUÉ-NECESITO-QUE-MI-SÓTANO-PUEDA-AGUANTAR-UNA-CABEZA-NUCLEAR!?”.

No es agradable trabajar con alguien haciendo más ruido que un 747 despegando al lado, pero teniendo en cuenta que no muevo un dedo…

También, al trabajar con él al lado conozco a sus amigos. Hoy, de hecho, me ha presentado a un amigo suyo del instituto. Se ha presentado como el doctor médico A-lo-quizás. Parecía muy interesado en mi proyecto y me ha preguntado varias cosas. Desafortunadamente no le he podido decir gran cosa, de modo que, para darle conversación, le he preguntado acerca de sus hobbies. Al parecer es una gran eminencia en el campo de la nanotecnología, sobre todo en lo relacionado a nanomateriales con aplicaciones médicas.

Día 35:

Hoy, antes de irme, ha habido un problema con el proyecto. Las mantises se han descontrolado. Por caricaturesco que suene, no ha tenido ninguna gracia.

Al parecer el proyecto consistía en hacerlas crecer hasta unos tres metros de altura y que sus cuerpos soportasen ese cambio en dimensiones. Lo han hecho. El problema es que me han hecho ayudar a reducirlas, porque, según el resto del DdMA, al ser mi proyecto (que no lo es) es mi responsabilidad.

Es difícil matar a una mantis de tres metros de altura, incluso con un fusil de combate. Tampoco ayudaba que cargase hacia mí. Hemos decidido que lo más sencillo sería quemar el laboratorio entero, con las bestias dentro. Antes, obviamente nos hemos asegurado de que no hubiese nadie dentro.

No hemos encontrado a dos de los químicos que habían estado trabajando. Bueno, no hemos encontrado suficiente como para poder reconocerlos, pero dos manos derechas hablan por sí solas.

Día 36:

Mi equipo y yo nos pasamos la noche en vela deshaciéndonos de los insectos gigantes (espero que jamás tenga que volver a escribir una frase como esta)

Cuando hemos vuelto la aseguradora había terminado la inspección. Han concluido que la explosión había sido accidental, de manera que seguimos teniendo el seguro, pagando algo más.

El trabajo de hoy ha consistido, primero, en ir a casa a cambiarme y después en corregir los errores cometidos en el proyecto y cómo salvarlos.

He planteado NO hacer mantises de estas dimensiones, pero esa no parecía la respuesta que querían. Me han mandado a una sala de conferencias a hacer brainstorming con mis compañeros.

Día 45:

Hoy han cancelado el proyecto de las mantises. Los mandamases han dicho que no tenía sentido hacerlas de ese tamaño.

Me ha tocado llevar los insectos a casa de mi jefe. Al menos he conducido un camión. Una vez he llegado ahí sus criados han llevado a los megainsectos al cuarto subsótano en un ascensor de dimensiones ciclópeas.

He vuelto a la oficina sólo para enterarme de que habían despedido a todo el DdMA, alegando que ya no era necesario.

Mi jefe no ha perdido un momento en informarnos de que él nos contratará mañana.

Día 46: Mi antiguo-nuevo jefe nos ha hecho firmar los contratos en su casa, junto con sendos acuerdos de confidencialidad. Nos ha ofrecido los mismos seguros médicos que con la MetaCorp. y que nos pagará (la MetaCorp.) por este despido improcedente. Bueno, creo que era lo que quería decir. Ha dicho “¡PAGARÁN POR ESTA AFRENTA!”, así, textualmente. Me gusta creer que se refería a un pago monetario.

De nuevo estoy a cargo de las mantises. Bueno, mi viejo-nuevo equipo y yo.

Día 47:

Anoche se descontrolaron de nuevo. Mi equipo y yo nos pasamos la noche en vela deshaciéndonos de los insectos gigantes.

El jefe nos ha hecho volver a la mesa de diseño para corregir los errores. Cuando le he dado una mala respuesta me ha cambiado de equipo. Sin chillar ni nada. Parece comprender que los bichos me dan repelús.

Antes de que el día haya terminado nos ha dicho que, a pesar de no ser parte de MetaCorp., el cursillo de autodefensa seguiría teniendo lugar. Después me ha pedido que yo ayudase con la clase. Tengo dos días por delante.

Día 50:

Las clases han ocupado todo el día, de modo que hoy no hemos hecho nada.

Día 51:

El trabajo empieza a ir bien. He conseguido mandar los mensajes de mi jefe a donde quería que llegasen. No sé por qué quería mandar copias físicas también, pero eso ha sido lo que me ha estado haciendo los días imposibles. Ya nadie fabrica cintas de VHS y, mucho menos siguiendo las especificaciones de mi jefe, de modo que las han tenido que fabricar a medida.

Día 53:

He tenido que organizar una teleconferencia. No me ha dicho con quién ni cuando, de modo que he empezado preparando su despacho. Mientras hacía esto ha entrado una videollamada de un tal Jim Ionic.

Al avisar a mi jefe ha murmurado bastante, muy molesto, puesto que la llamada del tal Ionic (que creo me estaba tirando los tejos como si estuviese obligado a hacerlo, como a regañadientes) ha interrumpido su pausse-café. Mientras hablaba con Mr. Ionic yo he estado escuchando. Le ha invitado a pasar unos días en su mansión en Miami.

Nada más salir me ha pedido que comprase una casa de lujo en Miami antes de que acabase la semana.

Día 60:

Anteayer compré la mansión y me he pasado estos días decorándola y organizando las guardias con el equipo de seguridad privada que Herr Doktor Interrobang (como quiere que le llamemos mientra Ionic esté aquí) tiene contratado. Voy a dormir.

Día 61:

Hoy ha llegado Jim Ionic. No parece caerle muy bien a Herr Doktor y vice-versa. A pesar de ello se tratan de manera muy civilizada.

No me han dejado estar con ellos, pero no creo haberme pedido gran cosa. Jim Ionic se ha mostrado, aparentemente, muy interesado en mí. Creo que soy la única mujer que ha visto en casa del doctor.

Día 63:

He revendido la casa y me he quedado con la diferencia entre lo que pagué y me han pagado. Habría sido genial que dicha diferencia hubiese sido positiva.

Día 64:

Hoy ha sido un día difícil. Jim Ionic ha entrado en la casa del jefe para robarle o algo así. No me han dicho lo que ha pasado exactamente.

A pesar de ello no se ha contactado con la policía.

Cuando Ionic ha intentado escapar le he reducido (sospecho que mi jefe quería que supiésemos defendernos para situaciones como esta. Por qué mi jefe pudo prever tal situación, no lo sé)

Mientras le he dejado delante de Interrobang, Ionic ha estado repitiendo que tendría que haberme enamorado de él y haberle ayudado a escapar o algo así. También ha dicho que no había ninguna belleza narrativa en que le entregase a mi jefe.

Mi jefe, por su parte, parecía sorprendido por este desarrollo de acontecimientos, pero, al mismo tiempo, muy contento, ya que su “Modelo de negocios” (las comillas eran suyas, no mías) iba a triunfar.

Después he tenido que contactar con las familias de los guardias a los que Ionic había matado. Eran demasiadas para el seis-tiros que llevaba.

Día 67:

Interrobang me ha hecho deshacerme de un montón de carne podrida con seda de alta calidad (muy similar, de hecho, a la del traje de Jim Ionic). No sé qué opinar de ello, pero me ha subido el sueldo (lo ha elevado al cubo, de hecho), de manera que no he dicho nada.

Sin embargo vuelvo a estar a cargo de las megamantises, de modo que es un bodorrio. Tengo que asegurarme de que coman todo lo que se les sirve en lugar de a los que les sirven.

No es complicado, basta con dispararles a los ojos. El problema es que es un arma de doble filo, puesto que también las hace más agresivas, aunque eso parece no solo no importarle al doctor, sino que le alegra y todo.

Día 69:

He tenido que llevar las megamantises a un contenedor gigante que, según Interrobang, se dirige al laboratorio de un compañero de la facultad que vive en Washington D.C.

En compensación por encargarme de sus bichitos, el jefe me ha dado mi primer pago. Ha sido un maletín lleno de billetes pequeños, sin marcar y no consecutivos. Está empezando a darme mal rollo.

Día 71:

Mi jefe acaba de ser detenido por haber entregado el anexo D con el impreso A en lugar de al contrario en un proyecto de megamantises. Al parecer esto no sólo está tipificado como delito, sino que se pena y todo. Al menos eso me han dicho los agentes de la InterPol que se lo han llevado. También me han preguntado dónde están las megamantises. Uno de ellos era francamente similar al Dr. A-lo-quizás. La única diferencia eran las cejas y bigote tipo Groucho Marx, con gafas incluidas.

La MetaCorp quiere volver a contratarme. Dicen que soy material perfecto para el DdP, sea lo que sea eso.

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