Jim Ionic, superagente del MI7

El hombre recorrió los pasillos lo más rápido al tiempo que evitaba hacer ruido. Miraba en todas las salas, buscando algo que le permitiese acelerar su trabajo. Encontró un taco de hojas mal encuadernadas que rezaba “Mi plan maligno super-secreto. SUPERPROHIBIDO MIRAR DENTRO. Fdo.: Doctor A-lo-quizás”

El hombre sonrió, sacó unas fotos al documento y, tan rápido como había entrado, salió de la mansión de su archienemigo número 73. Se montó en el coche oficial que su el MI7 le había prestado (un Ford Fiesta con cuchillas en los tapacubos y un lanzagranadas colgando del tubo de escape) y llamó a su jefa, N.

Dos meses más tarde el gobierno había tomado las medidas necesarias para contrarrestar el plan del doctor, de modo que el hombre, Jim Ionic, al servicio de su Señoría el Duque de Cornualles, se tomó la libertad de saludar al doctor A-lo-quizás y así informarle de que su plan no tendría éxito alguno. La entrada le resultó más sencilla esta vez; después de todo, no tenía que matar a todos los esbirros que se cruzasen en su camino ni tampoco seducir a todas las secretarias que viese (esto no era obligatorio, pero lo gustaba hacerlo)

Se acomodó en el despacho y esperó. Diez minutos más tarde A-lo-quizás entró en la habitación. La tensión no se habría podido cortar con un cuchillo. Habrían hecho falta un hacha con verdugo inclusive y veinte minutos para mellarla lo más mínimo.

-Buenas tardes, señor Ionic. ¿Puedo ofrecerle una copa?

-No, gracias, ya me he tomado el Martini mientras venía en el coche.

-De acuerdo,-sonrió-¿puedo saber qué le trae a mi excelso domicilio?

-Nanobots.

-Veo-dijo el doctor levantando la ceja-que no se anda con rodeos. ¿Cómo sabe que los nanobots son mi interés más reciente?

-Como sabe, le tenemos vigilado desde hace un tiempo y vimos que llevaba unos cuantos meses comprando grandes cantidades de grafeno y distintas substancias-puso particular empeño en pronunciar la “b”-utilizadas en la fabricación de nanobots.

-¿Y eso les preocupa? ¿El hecho de que varios países estén fabricando estén fabricando cabezas nucleares o armas bacteriológicas o intentando-se estremeció-destruir Silicon Valley les parece irrelevante?

-No, pero para esa clase de misiones tenemos al agente especial Craig, como antes tuvimos a Brosnan o a Moore o a Connery.

-De acuerdo. ¿Por qué creen que mis nanobots pueden ser nocivos? Soy un doctor en medicina, después de todo. Es posible que esté intentando curar el cáncer con nanotecnología.

-¿En cantidades industriales? Permítame dudarlo.

-También podría ser una vacuna mundial para el catarro.

-O una plaga. En cualquier caso, eso es irrelevante. Conseguí una copia de su plan maligno , desafortunadamente para usted, descubrí un error fatal que había cometido.

-¿En serio?-el doctor sonrió como lo hace alguien tratando con un perro particularmente adorable pero no especialmente inteligente-Explíquese, por favor.

-En su plan dejaba claro que sus nanobots, en caso de encontrarse con nanoplata, se encargarían exclusivamente de eliminarla, ignorando cualquier otra clase de estímulo, incluidas órdenes directas.

-¡Vaya! Entonces habrán inoculado a gran parte de la población con nanoplata sin hacerlo público.

-¡Exacto! Así que, haga lo que haga, su plan no tendrá éxito. -Jim soltó una sonora carcajada- También significa que la última parte de su plan, que sólo marcó como “$”, no tendrá lugar. A pesar de esto, no le podemos detener, no ha hecho nada ilegal. Sólo ha malgastado su propio dinero y eso no es delito. Sólo he venido a comunicarle las buenas noticias personalmente.

De nuevo A-lo-quizás sonrió, pero esta vez de manera mucho más pronunciada al tiempo que producía un libro ofensivamente rosa con ponies saltando y bailando en la portada.

-¿Ve esto? Éste es mi verdadero plan maligno. Muy similar a aquél que fotografió usted, salvo por un par de detalles: El primer paso era dar chalecos antibalas a mis esbirros, para protegerles y minimizar el daño humano. Los otros pequeños cambios fueron asegurarme de que se enterasen de que me traía algo entre manos y que usted consiguiese gran parte de mi plan.

-Ya me preguntaba por qué tenía un libro de MLP en un altar protegido por plexiglás antibalas. Asumí que era una edición de coleccionista.

-Lo es. La original está en una caja fuerte en Suiza. Esto es un facsímil de la portada. Pero eso es irrelevante. El caso es que quería que usted se enterase de parte-tuvo especial cuidado de pronunciar en cursiva-de mi plan para que se administrase nanoplata a la población.

-¿Por qué? La nanoplata ayuda en la formación de huesos y más cosas buenas.

-¿Sabe lo que pasa si ésta se deposita en el hígado o el cerebro?

-No.

-Mírelo, por favor.- A-lo-quizás tendió a Ionic su móvil. Su pantalla mostraba los posibles efectos nocivos de la nanoplata.

-Y, ¿y siempre duele tanto?-preguntó el superagente.

-No, no.

-Ah, vale.-suspiró aliviado.

-Es como ácido sulfúrico vertido sobre una herida infectada.

-Gráfico.

-Gracias.-replicó A-lo-quizás.

-Bueno, no… No pasa nada.-dijo Jim, eterno optimista-Los mejores médicos nos curarán.

-Lo dudo. Llevo años trabajando en este campo. Soy la única persona que sabe exactamente cómo funciona la nanoplata.

-Vaya.

-En efecto. De acuerdo-el doctor rodeó con el brazo a Jim Ionic-¿Recuerda el último paso de mi plan?

-¿$?

-Sí, eso es. Pues resulta que aquí-agitó el librito rosa-también está.

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