Rotting Corpse VI

Al cabo de unos segundos el aparato dejó de dar el pitido y la chica cogió.

-Orden del Orden, ¿diga?

-Hola otra vez.

-¿Louis? ¿Sabías que eres uno de los humanos que más veces ha llamado en los últimos dos milenios?

-¿En serio? ¿Quién fue el anterior?

-Uno que decía ser el hijo de Dios. Hizo algo parecido a ti para poder seguir predicando su mensaje de amor y respeto… Bueno, eso da igual. ¿Qué quieres ahora?

-Tengo que devolver mi cadáver a su sitio sin llamar la atención.-al decir eso unas cuantas personas se giraron y empezaron a mirarme-Al menos no sin llamarla más de lo que estoy haciéndolo ahora.

-Vaya. Déjame que vea lo que puedo hacer.

Mientras ella tecleaba he echado un vistazo a mis alrededores. Cada vez me estaba mirando más gente. Obviamente no era inteligente hablar de cadáveres en una sala llena de gente viva. Me levanté e intenté retirarme discretamente. Cuando la chica iba a explicarme al sitio donde debía haber estado durante las últimas dos horas oí como alguien se desplomaba a mi espalda. Cometí el error de girarme.

Al hacerlo me encontré mirando a una nueve milímetros por el lado equivocado. A pesar del peligro que suponía miré más allá del arma; después de todo, ya estaba muerto. El policía la estaba sujetando bien, pero se notaba que estaba asustado. A su lado estaba uno de los forenses que me había atendido, claramente inconsciente.

-Louis ¿estás ahí?

-Sí, sigo al aparato.

-¡Suelta el teléfono!-chilló el policía, intentando no tartamudear.

-¿Te están deteniendo?

-Un poco, sí.

-¿Por qué no abandonas tu cuerpo sin más?

-Hombre, la idea está bien, pero ¿qué hago con mi cuerpo?-la cara del agente no tenía precio.

Mientras hablaba con la recepcionista el otro policía había venido para hacer compañía, de forma que ahora me apuntaban no una, sino dos pistolas.

-¿Cómo lo dejo? Mi cuerpo, quiero decir.

-No puedo responderte a esa pregunta.

-¿Política de empresa o no conoces la respuesta?

-No, sí que sé responder, pero es una qualia.

-¿Una qué?

-¡SUELTA EL TELÉFONO O DISPARO!

-Una qualia es un vacío explicativo, como intentar describir la rojeza del rojo. Pero,-prosiguió mientras los policías volvían a chillar órdenes-como veo que la gente está poniéndose tensa a tu lado del teléfono, te voy a mandar un programa. Llama cuando salgas, de acuerdo.

-Vale, gracias. Hasta ahora.

Colgué y esperé a que el programa se descargase. Al hacerlo empecé a arrodillarme despacito, tal y como sugerían los policías. Para cuando me había llevado las manos a la cabeza el programa había terminado de descargarse, de manera que pulsé el botón central. Inmediatamente salí despedido de mi cuerpo y el tiempo se detuvo. Volví a llamar.

-¿Ahora qué?

-Te marchas.

-¿Y dejo a-conté la gente en la habitación-doce personas con un trauma psicológico como este sin más?

-No te preocupes, he conseguido que manden a un equipo de especialistas a solucionarlo. De hecho, espérales y vuelve con ellos, ¿va?

Me senté a escuchar algo de música mientras esperaba al equipo. Cuando, por fin, había encontrado una posición cómoda aparecieron unas grietas en el aire. De ellas salieron un hombre trajeado y un chico joven (o un enano) en camiseta y vaqueros. Ambos tenían la cara cubierta por máscaras idénticas.

-Evalúa daños-dijo el trajeado-De acuerdo, Louis ¿por qué hiciste esto?

-¿Lo qué?-repliqué mirando el cuaderno que se había materializado en la mano del trajeado y el contador Geiger que, estaba seguro, el joven no había tenido al entrar en la sala.

-Reintroducirte en tu cuerpo. Ignorabas las consecuencias de tal cosa, imagino.

-Sí, supongo. Tampoco me paré a pensar en ellas realmente.

-De acuerdo.-apuntó algo en su block-¿Y bien?

-Un lavado tradicional debiera bastar.-respondió el joven-Cinco o diez minutos para los civiles, media hora para los agentes y unas dos horas para los médicos.

-¿Lavado?-pregunté-¿Les vais a borrar las memorias? ¿Y el tiempo que han perdido?

-No es tanto.-replicó el joven-Se estima que, debido a movimientos involuntarios del ojo, se pierden unos cuarenta minutos de información visual que tu cerebro no podía interpretar.

-¡Venga ya!

-Es verdad. Lo que pasa es que tu cerebro sustituye lo que no entiende por lo que ha visto inmediatamente después. Por eso crees que no te has perdido gran cosa.

-Pero dos horas… No sé, me parece mucho.

-Sus cerebros-intervino el trajeado-crearán algún recuerdo. Lo sé por experiencia.

-¿Y no existe la posibilidad de que recuerden el evento?

-Sí, pero necesitarían un estímulo concreto. Tú apareciéndote en sueños valdría, por ejemplo.

Al ver mi sonrisa me dio a entender que eso sería mala idea.

-De acuerdo,-dijo cogiendo una pistola con agujas-vamos allá.

Se fue acercando a todos los cuerpos e introdujo las agujas en la base del cráneo. Cuando llegó a uno de los doctores le detuve.

-¡Espera! Quiero preguntarle algo.

-¿El qué?

-Quiero saber por qué me intentó reanimar cuando mi cadáver llegó aquí.

-No sé si debieras…

-¿Qué importa? Le vas a borrar la memoria.

-Supongo. Tienes dos minutos. Le despierto y empieza el temporizador.

-Perfecto.

Me acerqué al médico mientras el trajeado le tocaba las sienes. Para cuando había cubierto los dos metros que me separaban de él el clínico se había levantado, bueno, su alma se había incorporado, de hecho. Su cuerpo seguía sobre el suelo.

-¿Qué pasa?¿Por qué no se mueve nadie?¡¿Qué hace mi cuero en el suelo?!

-No te preocupes.-le interrumpí antes de que se desmadrase-Estás sufriendo una experiencia extracorporal. Es algo perfectamente normal. En realidad tu cuerpo está inconsciente en un pasillo al lado del cadáver.

-¿Qué haces?-siseó el trajeado.

-Plantar un recuerdo… Creo. Mira, no sé qué estoy haciendo, pero va a funcionar. Creo. Espero.

-Más te vale.

-¿Con quién hablas?-interrumpió el médico.

-Nadie.-repliqué-Quiero preguntarte una cosa, ¿por qué intentaste reanimarme?

-¿Eres el fantasma del chaval que han traído esta mañana?

-Sí.-me miré. Me parecía bastante a mi cuerpo-Este, no. Soy una proyección de tu subconsciente del chaval en cuestión. Pero aún así quiero saber por qué lo hiciste.

-Ah, bueno. Lo intenté porque me daba la sensación de que el chaval seguía ahí, de alguna manera.

-Se acabó el tiempo.

-No han pasado dos minutos.-respondí. Realmente me daba igual. Ya sabía lo que quería, pero me hacía gracia llevarle la contraria al trajeado.

-Aún así. Haz que vuelva a su cuerpo.

-De acuerdo.-volví a dirigirme al doctor-Ya es hora de que te despiertes, ¿no crees?

-Supongo que tienes razón.

Cuando se había vuelto a introducir en su cuerpo el trajeado le pinchó y, ya satisfecho, abrió otra grieta en el tejido dimensional. Me hizo señas para que le siguiese. El trayecto de vuelta a la recepción, pues era a donde nos dirigíamos, no fue una experiencia que repetiría.

Al llegar tuvieron que ayudarme a orientarme, cosa que les llevó unos diez minutos. Ese tiempo lo aprovecharon para discutir entre ellos. Para cuando todo se había estabilizado en mi cabeza los especialistas que me habían recogido se habían marchado. La recepcionista se acercó a mí.

-¿Louis? ¿Estás ahí?

-Sí, sí.

-Vale, ¿estás bien?

-También.

-De acuerdo. Cuando veas que estás perfectamente puedes volver a salir. Si no, puedes seguir adelante con tu vida después de la muerte.

Inmediatamente me desperecé.

-¿Ya habéis terminado la guerra?

-No, ni mucho menos, pero tenemos un par de miembros nuevos que pueden hacer que todo funcione de manera más fluida.

Me quedé quieto durante un tiempo, pensando qué hacer. Cuando por fin me decidí, entró en la sala el hombre que, como averiguaría momentos después, me llevaba siguiendo desde el tiroteo.

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