Cristales rotos

Lo primero en entrar en contacto con la pared fue el parachoques. En ese momento todo empezó a pasar lentamente; el capó se dobló por la mitad, cumpliendo así las previsiones de los ingenieros, las lunas se rompieron en esquirlas romas, para minimizar los daños en el interior del vehículo.

Sin embargo, debido a la pasmosa velocidad del coche, el bloque del motor empezó a entrar en el habitáculo del vehículo. Los airbags, por razones desconocidas no se inflaron, pero, en condiciones normales, no supondría un gran problema, después de todo, es el cinturón de seguridad el sistema más eficiente.

Aún así ,a pesar de estar sentado delante, el conductor no lo llevaba puesto. Su cuerpo salió catapultado, rodeado por esquirlas que reflejaban la luz, dando la impresión de ser una fina niebla, como la que se puede ver a orillas del Atlántico. Los que estaban detrás fueron lanzados hacia delante, pero los cinturones les retuvieron, quizás fracturando alguna costilla, pero evitando daños graves, como podría ser la muerte o la parálisis del cuerpo.

Desde detrás del escaparate , donde estaba yo, no se oyó el impacto del choque contra la pared. Una de las personas que estaba conmigo dijo algo como “Vaya. Más de veinticinco metros por segundo.” La única mujer que compartía sala con nosotros empezó a sollozar.

-Chloe-dije-¿Por qué siempre haces lo mismo cuando el Dummy se da el golpe?

La chica se giró y me miró a los ojos.

-Me recuerda demasiado a lo que usábamos hace tres años.

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