DdP

Ramón entró en el despacho como propulsado por un cohete de hidrógeno. Su cara no radiaba, precisamente, felicidad. Sara levantó la vista del monitor y le miró a la cara.

-Buenos días, ¿qué tal?

-Sara, no sé si lo sabes, pero, cómo decirlo… Te han cambiado de departamento.

-¡Ah! Sí, acaba de llegarme el memo.-la chica giró la pantalla de su ordenador y se la enseñó a Ramón.

El hombre parecía devastado por la pérdida de una de sus empleadas, pero al mismo tiempo irritado por algo. Se desplomó en uno de los asientos delante de la mesa de Sara y apretó sus manos contra las sienes, intentando pensar por dónde debía comenzar. Mientras él hacía eso, Sara estaba empaquetando sus cosas. Para cuando, diez minutos más tarde, Ramón sabía qué decir, Sara ya había terminado de sacar todo de su viejo despacho.

-Sara,-dijo el directivo-¿sabes por qué te quieren llevar a otro departamento? Lo que es más, ¿sabes qué departamento es al que te llevan? Porque a mí no me lo han dicho.

-Según el memo,-dijo la chica echando un vistazo a su ordenador-es por el maravilloso trabajo que realizo y, al parecer me están moviendo al DdP. No sé qué departamento es.

-Yo tampoco; pensaba que a lo mejor a ti te lo dirían explícitamente. Pero eso no es muy relevante. Dicen que te cambian por tu maravilloso trabajo. ¿Qué trabajo? Desde que llegaste aquí has entregado todos los informes que te he pedido la última hora del último día. Voy a ir contigo a avisarles acerca de tu “maravilloso” trabajo.

Ramón cogió una de las dos cajas y acompañó a la joven a la séptima planta del edificio, donde se encontraban los departamentos de marketing, contabilidad y el misterioso DdP. Al salir del ascensor Sara se acercó a un hombre al lado de la máquina de café a pedirle direcciones.

-¡Vaya! ¿Te han trasladado ahí? Tienes que ser muy buena. Para llegar sigue este pasillo recto y verás un cartel de cartón. Se entra por la puerta inmediatamente a la izquierda.

-Gracias-respondió la chica.

Ramón siguió a Sara por el pasillo durante un minuto hasta que llegaron a la puerta en cuestión. Ramón, eterno caballero intentó abrir la puerta para su antigua empleada. Tras un par de segundos de forcejeo, Sara retiró su mano del pomo y abrió la puerta con una facilidad que Ramón encontró particularmente exasperante.

Entraron a una sala con cuatro mesas, tres de las cuales estaban ocupadas por dos mujeres y un hombre joven, de veinte años recién cumplidos. El chico estaba jugando al ordenador, una de las mujeres estaba chateando con una amiga a través de Facebook y la otra estaba leyendo un best-seller con los pies sobre su teclado.

El joven, al ver a Sara y Ramón en la puerta, pausó su juego y se incorporó. Estrechó la mano de Ramón.

-Siento mucho haberte quitado de las manos a la que, imagino, será una pieza vital de tu departamento, pero mi superior y yo consideramos que sus talentos estaban siendo malgastados en Relaciones Humanas, de manera que, hace un mes, solicitamos su traslado. Es maravilloso que la hayamos conseguido. Con ella seremos más eficientes todavía.

Antes de que Sara pudiese hablar con el chico, su antiguo superior comenzó a hablar.

-Perdona, ¿qué talentos tiene? Entrega todos sus informes minutos antes de que termine la fecha de entrega.

-Su talento radica en que es una procrastinadora crónica, como todos nosotros.-replicó el chico con una enorme sonrisa.

Sara aprovechó la conversación entre su nuevo superior y el antiguo para empezar a organizar su mesa.

Al cabo de diez minutos Ramón salió por la puerta más irritado que de costumbre. Sara aprovechó para preguntarle a su compañero dónde estaba.

-Estás en el Departamento de Procrastinación. Hace seis años mi jefe entró en Marketing y, en una reunión con unos clientes para los cuáles aún no habían terminado el producto, se dio cuenta de que esas dos-el chico señaló a las dos mujeres-dieron unas excusas muy creíbles, que satisficieron a los clientes. Entonces, pidió permiso para crear un subdepartamento de Marketing, así nació el DdP, aunque por entonces era el SDdP.

-Interesante… Entonces, ¿a qué nos dedicamos?

-Creamos excusas para distintos departamentos. Generalmente para Marketing, por si hay problemas con los clientes. También somos un departamento creativo. A ti, antes de que lo preguntes, te cogimos porque, aunque Ramón no escuchase tus excusas, nosotros sí. Eran espectacularmente creíbles, así que mi jefe, al que conoces como cabeza del departamento de Marketing, solicitó tu traslado aquí. Ha sido complicado traerte hasta aquí. Al parecer, aunque Ramón no lo reconociese, tu trabajo en R.R.H.H. era muy importante, por eso hemos tardado en tenerte aquí.

-¿Cómo os enterasteis de mis excusas?-preguntó Sara, visiblemente preocupada.

-Tenemos micros en la gran parte de los despachos.

-¿Es legal?

-Sí, forma parte de todos nuestros contratos. Hay que saber cómo leer el contrato para poder leer esa parte, eso sí. Bueno, ponte cómoda, tienes mucho trabajo que hacer, irónicamente. Tu trabajo consistirá en enterarte de cómo son los clientes de la reunión de la semana que viene para poder crear una excusa creíble. Después de eso eres libre.

Sara se sentó delante de su pantalla y empezó a leer los informes de los clientes, mientras tanto su cerebro empezaba a distraerse.

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