Bitácora del Internetófilo. Día 27

Me he levantado a las cinco de la mañana y he salido en silencio de casa antes de las seis. En lugar de chillar que me iba me he limitado a dejar una nota, prefería evitar tener que volver a correr para escapar de mi padre. No es una experiencia recomendable.

A las ocho de la mañana estaba en Barajas, comprando un billete de ida y otro de vuelta para ir a Moscú y poder volver en dos días o tres. A las nueve de la mañana estaba embarcando en el avión mientras mi padre me llamaba para preguntar a dónde iba esta vez. En lugar de responder he fingido que había interferencias y he apagado el móvil para el resto del día.

El vuelo se ha hecho relativamente rápido. He dormido la mayor parte del tiempo. Al aterrizar, poco después de mi hora de comer habitual (en la hora local. En Madrid mi hora de comer aún no había llegado), he salido directo al metro. Me he registrado en el mismo hotel de la última vez (aún se acordaban de mí, de manera que han sido bastante agradables)

Una vez hecho eso he ido a la tienda más cercana de jardinería y he comprado un hacha. No me han dado ningún problema, una vez he sacado el dinero, eso es. La he guardado en una bolsa que llevaba encima y he salido en busca de un restaurante donde poder comer. He decidido comer en el McDonalds más cercano (a unos seis kilómetros). Al terminar he cogido el metro de camino al Kremlin.

En el metro me he cruzado con Shadow, pero he hecho como que no le he visto. Él tampoco ha parecido prestarme mucha atención, de manera que le he pasado sin dirigirle la palabra.

Una vez en el Kremlin me he apeado y he empezado a buscar el pasillo donde encontré la entrada a M-2. Me ha llevado un rato largo encontrarla, pero al llegar he localizado las cámaras de seguridad y las he apuntado al suelo (he mantenido mi cara oculta, pero nunca se sabe, los rusos son especiales). He sacado mi juego de ganzúas y he empezado a trastear con la cerradura. Unos minutos después ha cedido y me he deslizado dentro, teniendo especial cuidado de cerrar detrás de mí.

No había manera de evitar las cámaras en esta parte, así que he intentado que no me viesen. Otra parte de la solución ha sido recorrer el pasillo corriendo, ignorando todos los ruidos que pudiesen provenir de la parte del pasillo que estaba dejando atrás. Cinco minutos más tarde estaba en el andén, abordando el tren, que me estaba esperando. Diez minutos más tarde estaba en la estación más cercana a Perimeter.

Unos pocos segundos después estaba abriendo la sala donde estaba la Máquina del Apocalipsis. Desenfundando el hacha, he empezado a buscar el cable que vi la última vez.

Al cabo de un rato largo he conseguido separar el cable del ordenador. Para cuando he terminado de quitarme el sudor he visto que no estaba solo. Shadow estaba mirándome y girando la cabeza de lado a lado, como si estuviese decepcionado conmigo.

-Rashionalism. ¿En serio creías que eso funcionaría?

He mirado mi hacha y el cable seccionado.

-No. No realmente, pero tenía que liberar estrés. Ahora que he terminado me vuelvo a casa.

-No. No vas a volver, no ahora, al menos. Siéntate.

He clavado el hacha en una de las mitades del cable y me he apoyado en la otra. He encarado a Shadow y le he pedido explicaciones.

-De acuerdo,-ha comenzado-para empezar, no vas a volver hasta que no te dejemos salir de aquí, ¿entendido?

He asentido.

-Para seguir, la información que estaba Internet no está en Perimeter y, aunque estuviese, el hecho de desconectarlo, no haría más que encerrar esa información en su memoria. El cable estaba ahí para poder mandar el virus. Después de eso no se ha vuelto a usar.

Mientras decía eso se ha ido acercando a una silla que había en la esquina y me la ha dado mientras él se sentaba en otra, delante de mí.

-¿Por qué no hay Internet?-he preguntado, antes de que volviese a hablar-¿Por qué os habéis deshecho de él?

-¿Realmente? Porque podíamos. Y no nos hemos deshecho de él. Simplemente  hemos cortado el acceso, eso ya lo sabes. Los servidores siguen funcionando, lo que pasa es que hemos cambiado cómo funcionan.

-¿En serio lo habéis hecho porque podíais?-he arqueado una ceja-¿Seguro que no hay otra razón?

-A mí no se me comunicó nada acerca de esta operación hasta hace seis días. Sé poco más o menos lo mismo que tú.

-De acuerdo,-he dicho-voy a creerte, de momento.

-Perfecto. ¿Qué más quieres saber?

-¿Qué eres? No, ¿qué sois? Tú y tus compañeros, el señor Gray y los otros que han muerto.

-¿Conoces a Neil Harbisson?

-¿El cyborg?

-Sí, ése mismo. Nosotros somos el siguiente paso a lo que él es.

-¿Pretendes que crea que sois cyborgs? ¿Cómo de estúpido crees que soy?

-Bastante, pero no nos desviemos.

-¿Hay alguna manera de recuperar Internet?

-Imagino, pero no sé cuál es. Eso es cuestión de nuestro departamento informático.

-¿Y quiénes lo llevan? Quiero hablar con ellos.

-Deja el hacha. No, no vas a hablar con nadie.

Me ha vuelto a sentar, con poca dificultad.

-¿Qué sabes de Frank y de sus amigos?-he preguntado.

-Un grupo de idiotas bien conectados que quiere lo mismo que tú.

He mesado mi barba durante un par de segundos hasta que he recordado que yo no tengo barba.

-¿Del eCult? ¿Qué sabes de ellos?

-Una panda de informáticos con suerte. A los que engañamos.

-¿Qué quieres decir engañasteis?

-Les hicimos creer que tenían acceso a algún que otro servidor. ¿Acaso creías que ellos tenían acceso de verdad a Internet?

-Sí.

Shadow ha sonreído.

-Que ingenuo eres. No, no eran más que unos programas de conversación muy elaborados. El japonés es la joya de la corona, por cierto. Lo prepararon para que respondiese de manera diferente a tu amiga Laura y a alguna otra persona.

-Vale. ¿Por qué estáis enemistados con Frank?

-Porque intentaron matar a unos cuantos de nosotros y a uno le mataron del todo. Sospechamos que son agentes de otro gobierno, pero ningún gobierno uniforma a sus agentes secretos, salvo el nuestro.-ha añadido antes de que pudiese replicar.

-Ésa es otra pregunta que te quería hacer ¿Cómo pudieron matar a uno de tus compañeros con un zumbido?

-Pulso electromagnético dirigido. Pillaron al único agente de inteligencia con un marcapasos, aparte de mí. Pensaban que éramos robots, porque alguno oyó uno de nuestros sistemas de comunicación fallar.

-¿Casi te mataron, no?

-Sí, afortunadamente me encontró un camarada y me recogió a tiempo. La furgoneta no terminó tan bien.

Después de esa conversación hemos empezado a divagar. Al cabo de una hora de charla inútil me ha acompañado al hotel.

Cuando he llegado he caído rendido sobre la cama. Me he sacado para escribir esto antes de ir a dormir.

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