Bitácora del Internetófilo. Día 24

Nos hemos despertado a una hora razonable e, inmediatamente, nos hemos empezado a preparar para nuestra visita a Sealand. Hemos recogido la habitación y, mientras Laura se terminaba de preparar yo he calculado que las probabilidades de que volviese al motel donde hemos pasado la noche eran nulas, de modo que les he vaciado el mini-bar. Hemos salido, debido a mi pequeña incursión, justo después de que pasase el servicio de habitaciones, alegando que el baño debía airearse (que no era mentira, después de la ducha de Laura la cantidad de vapor que había hacía que pareciese un decorado de peli de serie B)

Las maletas nos lastraban y, viendo que este viaje se acerca a su fin, hemos decidido empaquetar todas y mandarlas por correo a nuestros respectivos hogares. Craso error. Hemos pasado unas dos horas tramitando papeles y demostrando a los encargados que no había ningún arma oculta entre la ropa (Al parecer mi foto sí llegó a otros países antes del Apagón) Cuando por fin hemos terminado hemos salido a comer algo y nos hemos puesto en marcha.

El barco ha salido a las seis de la tarde, de manera que hemos llegado a Sealand a las siete y media. El olor a mar era fuerte, lo suficiente como para que, combinado con el vaivén de las olas, yo me haya mareado. Tras una relativamente corta visita al servicio he salido de nuevo. Laura me estaba esperando a la puerta, con el hombre que nos había recibido.

Tras unos minutos de charla sin sentido ha cambiado el tema y nos ha empezado a hablar acerca de cómo el Apagón nos ha podido afectar (de momento es el único tema en el que dos personas del hemisferio Norte están de acuerdo: es un peñazo) Nos ha contado como, hace más de diez años, intentaron crear un paraíso informacional entre el Príncipe Michael Bates y unos compañeros. Sin embargo, en 2002, uno de los co-fundadores se marchó y, en 2008, HavenCo, el nombre de su paraíso informacional, cerró. El hombre ha repetido varias veces que en dicho paraíso nunca se permitió el almacenamiento de pornografía considerada ilegal en E.E.U.U. y que se prohibió almacenar información ilegal.

Después de haberme cruzado con Assange en uno de los pasillos (nuestro guía ha dicho que, debido al Apagón, sus servidores no se traerán a Sealand) También nos ha explicado que Sealand le ofreció asilo provisional si no pudiese huir a Sudamérica.

Al cabo de media hora me he cansado y he empezado a redirigir la conversación.

-¿Por qué-he dicho, cortando al guía-se nos ha permitido entrar con un aviso de tan corto tiempo?¿Y sin visado?

-Porque no nos quedaba más remedio. Nos lo pidió un amigo.

-¿Assange?-he preguntado-Seguro que era Assange.

-No, no era Assange.

Unos minutos después hemos llegado a la sala donde, unos años antes, habían estado los servidores de HavenCo. Nos ha recibido un ingeniero informático. El hombre medía poco más que yo y no parecía sacarme más de un año de edad o dos a lo sumo. Poco después me he enterado de que en realidad el hombre tenía treinta años y se conservaba francamente bien.

Hemos estado charlando con él durante una media hora de cosas irrelevantes (su vida, por qué es él el que lleva todo el departamento informático…) Al final de la conversación hemos comenzado a hablar del virus. Nos ha explicado que, a juzgar por la información que habían conseguido extraer de él, el virus les había llegado desde Moscú, a través del correo de un contacto.

-¿O sea, que el virus viene de Moscú?-he preguntado.

-No creo. Si viene tendría que haber un equipo espectacular de informáticos detrás de él, y, por lo que sé gracias a mi servicio de inteligencia, no creo que Rusia tenga un equipo con tal habilidad.

-¿Cómo descubristeis que era un virus, por cierto?-ha intervenido Laura.

-Se le ocurrió a unos amigos míos hace cuatro o cinco días. Desde entonces todos hemos estado investigando ordenadores lo más rápido que podemos. Hace diez minutos le he mandado nuestros resultados. Creo que soy uno de los primeros en hacerlo.

-¿Y qué más puedes decirnos del virus? Afecta a las personas que lo miran representado en un mapa de bits, como en Snow

-No.-ha cortado el ingeniero-No es un virus de ciencia-ficción. Bueno, no del todo. De momento sólo sé que un virus como ese no es algo sencillo de hacer, lo intentes como lo intentes. También te puedo decir que no estaba, originalmente,  diseñado para ser usado con ordenadores binarios.

Me he levantado emocionado.

-¿Ternario?¿Se diseñó en lenguaje ternario?

-Sí, eso parece.

Laura y el ingeniero han seguido hablando durante un rato de diversas cosas. Yo, por otro lado, he empezado a pensar en el ordenador en ternario que habían usado para escribir el programilla en cuestión. No es fácil seguirle la pista a este tipo de ordenadores.

Para cuando ya estábamos satisfechos con nuestra visita nos hemos montado en una motora con el guía. Hemos llegado a la costa dos horas más tarde y llevamos dos más buscando un motel donde pasar la noche. Este banco me parece cada vez más y más cómodo.

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