Pipo

El día que Pipo, el perro de Marta, me mordió, marcó el cambio más grande que he sufrido en mi vida. Parece una tontería, pero es así. Me mordió en la pierna y, el muy animal, me arrancó un trozo de carne, no lo suficientemente grande como para impedirme andar, pero sí para evitar que volviese a correr y chutar.

Mi hermana, eterna budista, me dijo que, posiblemente, era por el karma. Me aseguró que debía haber hecho algo a alguien y que ésa fue la manera del universo de devolverme la jugada. A mi hermana no se le daba (ni se le da) bien animar a la gente.

Desde pequeño quería jugar para el Atleti y me acababa de coger la cantera, pero después del incidente, claramente, no pude seguir jugando. Estaba devastado. Pasé de tener la vida casi solucionada a no tener nada en un día. Fue horrible, entré en depresión, y ésta se combinó con mi adolescencia, de manera que fue complicado tratar conmigo durante el verano de mi trece cumpleaños.

Para animarme mis padres me regalaron una guitarra española y mi hermana empezó a enseñarme a tocar, a modo de disculpa por ser tan pesimista.

No tardé demasiado en ser lo suficientemente buen músico como para que mis padres me regalasen una eléctrica de 1000$ para mi primer concierto en directo con mis amigos.

Fue un éxito enorme, tanto que un cazatalentos que nos vio nos ofreció un contrato con su discográfica (un sello independiente y pequeñajo). A pesar de entrar a grabar con ellos aún nos quedaba un trecho largo por recorrer. Mis padres se alegraban muchísimo cuando sacaba un nuevo álbum con mis colegas, pero sabían que no podría vivir de ello por mucho tiempo, cosa que no se cortaban en exteriorizar.

Durante cuatro años estuvimos sacando discos y tocando de teloneros para grupos más conocidos, pero eso nos permitió darnos a conocer. A partir del cuarto año nuestro sello quebró, pero no nos afectó demasiado, poca gente compraba nuestros álbumes, casi todos se los descargaban. Nuestro dinero, en realidad, venía de los conciertos, que no faltaban.

A los seis años de empezar a dar conciertos, justo en mi vigésimoprimer cumpleaños, de hecho, nuestro mánager y cantante, nos consiguió una gira por los EEUU. Supuso un cambio enorme, en España tocábamos prácticamente en estadios. Nuestra gira consistió en ir a locales pequeños y tocar para audiencias de cien personas en los mejores días.

Al terminar la gira, sin embargo, se nos conocía lo suficiente como para poder permitirnos, un par de años después, hacer una gira de vuelta en estadios y salas famosas, como CBGB.

Hoy, 25 de septiembre de 2023 me doy cuenta de que el mordisco de Pipo ha sido lo mejor que me ha pasado nunca.

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Un comentario en “Pipo

  1. Hay una historia muy famosa (creo que de Somerset Maugham) de un sacristán al que el nuevo cura echa de la parroquia porque no sabe leer ni escribir. El hombre se queda desolado y empieza a trabajar de no recuerdo bien el qué, pero el caso es que las cosas le salen rodadas y acaba haciéndose millonario.
    Un día un periodista lo entrevista y le dice: “Es increíble el imperio que ha levantado usted a pesar de su escasa preparación. ¡Qué habría hecho usted de haber sabido leer y escribir!”
    “Habría sido sacristán”, le contesta sencillamente el millonario.
    Dios escribe recto con renglones torcidos…

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