El Líder Parte 4

La máscara está encima de la mesa donde la he dejado al desconectar la cámara. Sus ojos vacíos me miran sin juzgarme. Nadie lo ha hecho nunca. Siempre pensaban que no había hecho daño a nadie, que no había roto un plato en la vida. Eso, en cierto modo, es cierto. Nunca rompí un plato. El trajeado se me acerca. Antes de que diga nada le pido, no, le ordeno, que se calle. Sorprendentemente me hace caso. Si le hubiese visto la cara habría visto como abría la boca y luego la cerraba. Su máscara me lo ha impedido. Cojo el libro que empecé anteayer. Debo terminarlo, después de todo, quiero saber como termina. Cuenta las aventuras de una chica que decide dar la vuelta al mundo por la sencilla razón de que puede hacerlo. No hay mucho más en la historia. Humor reciclado, bien usado, pero, a fin de cuentas, reciclado. A diez páginas del final me doy cuenta de la hora que es. Lo dejo en su sitio y lo miro de nuevo. Soy una de las pocas, por no decir única, personas que aún leen en papel. Tendría que vender mi colección. Ganaría millones. Prácticamente todos mis libros son primeras ediciones. Sonrío por penúltima vez hoy (Sé cuándo voy a sonreír hoy por última vez. Con total seguridad).

Reviso mi revólver. Cargado. Antes de reconectar la cámara verifico mis cuadernos de apuntes. Me acompañaron durante tantos años. Cuadernitos de todos los tamaños y colores. Cada uno relleno de diferentes pedacitos de información aparentemente inconexa. Nadie habría sabido que significa. Al menos no sin dedicarle un par de años a intentar descifrar mi manera de pensar. Me recupero de mi trance y me pongo delante de la cámara de nuevo. El trajeado la enciende y pausa el tiempo de nuevo.

-¿Estás completamente seguro de que quieres hacer esto? Una vez hayas terminado no habrá vuelta atrás. Quizás algunos te dejen en paz, pero muchos más querrán lincharte.

-Por eso-respondo, blandiendo el Magnum-llevo esto encima.

-Seis balas no te ayudarán mucho.

-Una bastará.

-De acuerdo-desaparece devolviendo la vida al universo, sin ninguna ceremonia, ni tan siquiera chasquea los dedos.

-Muchos, por no decir todos, os preguntaréis cómo pude tomar control del mundo. Algunos, por lo que sé, habéis teorizado que soy el legítimo heredero de Dios-sabe-qué nación. Otros que fue con chantajes y extorsiones. Otros sostenéis que fue por mera fuerza bruta. Todas esas respuestas son, de un modo u otro, ciertas. Como he dicho antes soy el nieto del Patriarca de Amanecer, pero eso no ayudó en nada, bueno, casi nada. Los que sostenéis que llegue hasta donde estoy gracias a la extorsión sois los que andáis más cerca de la verdad. Gran parte de lo que hice fue gracias al chantaje. Mucha gente diría que no se enorgullecería de eso y, al decirlo, os mentiría. Cuando eres el amo extorsionador te sientes completamente eufórico. Saber el poder que ejerces sobre la gente gracias a un puñado de datos, es indescriptible.-suspiro.

-Los que afirmáis que me ayudé de la fuerza bruta también tenéis razón, pero de no ser por la información nunca habría llegado a tener esa fuerza. Os debo contar cómo tomé control de mi ciudad. Ciertos ancianos recordarán una serie llamada de animación de finales del siglo pasado, nunca me acuerdo de su nombre. Entre los muchísimos personajes que aparecían en ella había un personaje sorprendentemente parecido a todos los concejales y el alcalde. Ese personaje era “Diamond Joe” Quimby, el deleznable alcalde de la ciudad dónde la serie tenía lugar. Todos los políticos con los que traté tenían vicios. Vicios fáciles de explotar. Muchos eran como el director de mi instituto, simplemente avariciosos. Otros tenían relaciones extra-matrimoniales. Me bastaba con sacarles un par de fotos a algunos de ellos y después extraerles información. La información en cuestión eran los trapos sucios de otros compañeros.

Me daban esa información sin dudar porque eran personas egoístas que sólo pensaban en su bienestar, no en el de aquellos que habían cometido el error de confiarles partes de sus vidas. Con esa información, que era de lo más variopinta, pude tomar control de mi ciudad hasta las siguientes elecciones, en las que volví a repetir el proceso para recuperar el control.

Controlando a los políticos, sin embargo, no podía hacer gran cosa, después de todo no sólo son los políticos los que llevan las riendas del mundo. Las corporaciones también tenían mucho poder, más del que se puede esperar. Una vez controlados los políticos era cuestión de tiempo llegar a los empresarios. Estuve un par de meses relajado, viendo cómo me llegaba información de mi amigo, el amigo corrupto de mi director. A cambio yo le prometí que no le haría nada, al menos no personalmente. Le investigué un poco y descubrí que estaba, descontando el incidente de la estafa, completamente inmaculado-paro unos segundos para tomar aire.

El mundo hace lo mismo. Me desplomo sin razón aparente.

-Marcus-dice el trajeado-¿Estás bien?

-¿Qué ha pasado?-pregunto inmediatamente.

-Alguien, y creo saber quién, no quiere que confieses porque sabe qué pasará. Vuelve delante de la cámara. Mis compañeros se encargarán de que todo vaya como es debido.

Unos enmascarados salen de sus escondites fuera de mi dimensión y me rodean como guardaespaldas profesionales.

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