Diario del cosmonauta. Tercer documento

Es la sexta vez (y última según el horario) que me despierto en la nave. Hay algo que no me gusta. Normalmente no suelo despertarme con las alarmas berreando. Miro el horario. Me han sacado de la animación con cinco minutos de antelación. Un fallo, y, a juzgar por la alarma, es grave. Mucho. Veo si puedo moverme con normalidad. Más o menos. Abro la puerta de la manera más violenta posible (es corrediza, así que es complicado). Mi compañera, María, está en una esquina, muerta de miedo. Me acerco a ella, tambaleándome (Aún no estoy completamente despierto).

-¿Qué pasa?-pregunto, de la manera más tranquilizadora posible.

-No sé, ha saltado un aviso y decía que el SONAR no funcionaba correctamente. Voy a matar al ingeniero que diseñó esta nave cuando vuelva a pisar la Tierra (y, si no está vivo, algo que sé con casi total certeza, obraré un milagro para volver a matarle)

-No te preocupes,-digo, tratando de no perder la paciencia-es una broma de los ingenieros. El SONAR, que, estoy seguro, no hay ninguno en esta nave, no podría funcionar, puesto que funciona con sonido, algo que no se puede transmitir en el vacío del espacio.

Visiblemente más tranquila María se levanta y se seca las lágrimas. Me abraza. Espero a que se calme del todo y voy a la cabina. Pulso las teclas apropiadas y la alarma se calla. La misma combinación de teclas para todas las bromas. Localicé todas hace unos cuantos años, en mi segunda guardia. No me desperté con ninguna alarma. Parece ser que las bromas se detonan al azar, pero sólo una vez por miembro de la tripulación y, según los informes anteriores, siempre antes de un cambio de vigía.

Si no me equivoco los únicos que hemos actuado con frialdad hemos sido Irene y yo. Vuelvo a la sala común. Discuto lo habitual con mi compañera (problemas relevantes a lo largo del viaje) y dejo que se inocule los crioprotectores. Me aseguro de que está cómoda en su nevera antes de crionizarla.

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Han pasado dos horas desde mi última entrada en este documento. Nada había pasado hasta ahora (de hecho el retrete se ha vuelto a atascar) Un objeto no identificado acaba de aparecer (hará unos cinco minutos) a medio klick de la vela izquierda de la nave. Repaso mentalmente el protocolo de situaciones de emergencia. No recuerdo haber leído nada acerca de esto.

Voy corriendo al lado de la nevera de Irene, la única persona que ha sido realmente entrenada para cosas así (y aún así sospecho que no tendrá ni idea de qué hacer) Pulso el botón rojo enorme que hay al lado de la puerta. En el pequeño monitor aparece una barrita de progreso. Debajo reza “Extracción prematura, por favor, espere a que el proceso termine” Cuando termine tendré que meterla en la sala de descongelación y esperar más aún.

Vuelvo a la cabina. Mis dedos se deslizan por encima del teclado. Finalmente hago que aparezca en la pantalla principal la barra-progreso. Miro por la ventana. El objeto no identificado sigue ahí, aparentemente inmóvil. Si fuese una estrella se vería más grande, estando a medio kilómetro (La nave se fundiría). Si fuese un asteroide lo habría dejado atrás hace mucho, puesto que un asteroide no puede (o al menos no debe) moverse a velocidades como la de la nave.

La barra está casi llena. Voy corriendo a sacar a mi compañera de su sarcófago. La puerta se abre. Está más o menos despierta. La cojo en brazos y la cambio de sala. Vuelvo a la sala de control, pero no sin antes dejarme caer por el almacén para recoger unos prismáticos. Cuando llego le quito las tapas y empiezo a mirar por la ventana, en busca del objeto no identificado.

Una vez localizado enfoco las lentes. En ese momento uno de los monitores empieza a parpadear. Los apoyo en la mesa más cercana y voy corriendo a por mi compañera. Cuando llego ella ya ha abierto la puerta y está apoyada contra una de las jambas de la puerta. Le ofrezco el brazo y se agarra a mí. La llevo a la sala de control y, antes de llegar a ella, Irene ya está al corriente de la situación.

La siento y la dejo descansar un rato y aprovecho para localizar el objeto de nuevo. Afortunadamente sigue ahí. Aprovecho la cámara integrada en los prismáticos y le saco unas fotos. Cuando tengo suficientes voy hacia la silla donde está Irene.

Está completamente inconsciente. Dejaré que descanse de nuevo. Aunque el objeto desaparezca (comienzo a sospechar que es una nave, pero no puedo estar del todo seguro. Los prismáticos no aportaban mucha definición y puede seguir siendo una mancha en el cristal y un error en el radar) tengo fotos que enseñarle.

Le daré unas dos horas para que termine de recuperarse y hablaré con ella cuando esté consciente.

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