Bítacora del Internetófilo. Día 21, Parte II

Inmediatamente Frank se ha acercado a nosotros, con una sonrisa inquietante; si hubiese sonreído más se le habría caído la tapa de los sesos. En las manos llevaba un maletín muy pesado.

-Hola chavales. ¿Cómo os trata la vida? Espero que mejor que a mí.

-Eso es muy fácil-he replicado. La oscuridad ha vuelto a cernirse a mí alrededor. Es una costumbre francamente difícil de cambiar.

Me he despertado en el mismo vagón, con Laura golpeándome el pecho. Con saña. Frank me estaba mirando con la misma sonrisa con la que me ha recibido, ésta vez acompañada de un arma de fuego en la mano izquierda.

-¿Por qué nos sigues?-he preguntado.

-Podría decir lo mismo.-ha respondido.

-Sí,-he dicho-pero eso es trampa, porque nosotros te dejamos amordazado y atado en un hotel, de manera que, técnicamente, tú nos estás siguiendo a nosotros, aunque M-2 fuese tu destino original.

-Lo que tú digas, mocoso.

-¡Eh! Tengo diecinueve tacos. Merezco respeto. Algunos dirían que no demasiado, pero algo sí que merezco.

-De acuerdo. En cualquier caso; el otro día fui a visitaros al hotel para deciros que no vinieseis aquí, que esta zona la estaba investigando yo.

-¿Aquí a M-2 o aquí a Moscú?-ha interrumpido Laura.

-Ambas, pero, viendo que ya estáis aquí y que él no va a quedarse quieto hasta que no investigue todo esto-según Laura (yo no estaba prestando mucha atención, tanto tiempo inconsciente me ha hecho daño) ha hecho una especie de molinillo con los brazos para señalar el entorno-creo que os dejaré en paz. Agradecería que os quedaseis quietos durante un par de días, ¿vale? Me bajaré en la siguiente estación.

-¿Qué queréis tú y tus amigos?-he dicho, volviendo a incorporarme en la conversación.

-¿Qué quieres decir?

-¿Queréis Internet o no?

-¡Claro que lo queremos! ¿Por qué crees que intentamos entrar en el eCult como lo hicimos?

-Porque queréis destruirlo. ¿Por qué si no tratasteis de asaltar la Guarida de Las Vegas? ¿Por qué si no entró un compañero tuyo y destrozó un ordenador el día antes de que tú intentases entrar a través de mí?

-Ningún compañero mío entró.

Un nuevo universo de posibilidades se ha abierto ante mí.

-¿No? Iba vestido como vosotros.

-Mucha gente viste como yo, pero eso no significa que pertenezcan a mi sociedad.

-¿Entonces quién era?-ha intervenido Laura.

-Un grillado cualquiera. O a lo peor alguien quería evitar algo relacionado con vosotros y vuestra búsqueda.

-No ha funcionado, entonces.-he interrumpido.

-¿Cómo lo sabes? Quizás su intención era alejarte de Las Vegas y acercarte aquí.

He comenzado a someter su afirmación a un análisis cuando el tren ha comenzado a frenar. Hemos emergido en una estación igual a la del Kremlin, solo que peor iluminada: Un enorme espacio de hormigón. Al intentar salir Frank nos ha pedido que nos quedásemos en el metro.

-¿Quién lo conduce?-ha preguntado Laura, algo inquieta, mientras yo intentaba hacerme una idea más exacta de la estación.

-Nadie. El tren sigue un recorrido todo el día. Se para donde debe y abre las puertas durante un minuto.

Laura no se ha relajado con la respuesta.

-Por cierto-ha añadido Frank mientras las puertas se cerraban-en media hora o así van a empezar a llegar oficiales. Si os ven os arrestarán.

-Gracias por el aviso.-he chillado, sin que el hombre me pudiese oír.

El aparato se ha vuelto a poner en marcha silenciosamente. Laura estaba intentando averiguar dónde estábamos mientras yo me preguntaba lo que comeré (un taco a manos de una sucia franquicia capitalista. Me integro rápidamente)

El trayecto hasta la siguiente parada, donde nos hemos apeado, ha llevado unos cinco minutos. Esta parada, idéntica a las dos anteriores, estaba algo más cerca de la superficie, aunque no lo hemos sabido hasta que hemos salido; unos veinte minutos más tarde.

Al bajar he convencido a Laura de que explorar un poco sería buena idea. Hemos evitado, sabiamente, las puertas de las que salían voces (en ruso o cualquier otro idioma). Al cabo de unos minutos abriendo puertas al azar hemos dado con una sala impresionante incluso para los estándares de la ciencia-ficción.

En el centro de la habitación se encontraba un ordenador antiguo, ambos para edad informática y humana. Podría tener unos cincuenta años. El recinto era lo suficientemente grande como para que hubiese eco, era como si hubiesen esperado poner más ordenadores en él. Al cabo de unos cuantos gritos para probar la acústica me he callado y he empezado a admirar el ordenador en sí.

No había demasiado que admirar. No tenía pantalla, de manera que había que saber programarlo de verdad, cambiando cables y usando palanquitas (dichas palanquitas ocupaban una de sus paredes, algo así como dos o tres metros cuadrados). Para saber si todo iba bien o no había otra pared cubierta de diodos y lucecitas brillantes que me han mantenido embobado durante un minuto y medio o así al tiempo que murmuraba “Brillaaaaaaaa”.

Al volver al mundo real he seguido investigando el ordenador y he visto que, de uno de sus lados, salía un enorme cable de fibra (más o menos igual de grueso que un manatí). He intentado acercarme a tocarlo, pero Laura me ha cogido la mano y me ha aconsejado que lo ideal sería no tocarlo, al menos no sin protección. Después de eso hemos salido de nuevo al pasillo.

-Oye,-ha dicho Laura-¿tú sabes algo de caracteres cirílicos?

-Sí, ¿por?

-¿Qué pone ahí?

Mi compañera estaba señalando un cartel sobre el que rezaba: Периметр

Perimeter.-he tardado un par de segundos en darme cuenta de lo que he dicho.

Perimeter, la Mano Muerta, ¿no? ¿La máquina del Apocalipsis?

-Supongo que sí, que es la máquina del…-es en este momento que me he dado cuenta-Ahora vuelvo.

Tras una corta sesión fotográfica con el móvil he vuelto a salir, satisfecho.

-Bueno, ¿nos vamos? Yo ya he visto lo que quería, ¿quieres ver algo más? ¿La tumba de Lenin?

-Rashionalism, te das cuenta, espero, de que esto no es un viaje de placer, ¿no?

-Claro que no lo es. Pero he visto M-2 y he visto Perimeter, así que ya estoy satisfecho. Ahora podemos centrarnos en la investigación.

-Me estás diciendo que, de no haber visto esto,-Laura ha señalado a nuestros rededores, claramente enfadada-¿no te habrías concentrado en la recuperación de Internet?

-Claro que sí. Pero no tanto como ahora. Debes entender mi pasión por este país antes de la caída del muro: Todo lo hacían a lo grande y chapucero, como los AKs y sus aviones. El Kalinin K-7 se partió por la mitad en su segundo vuelo, después de haber estado a punto en el primero, por no hablar de los ekranoplanos…

Me he pasado unos diez minutos hablando de las grandes ideas de la U.R.S.S. y sus antecesores, de manera que no voy a copiar el discurso que he soltado mientras salíamos de M-2. Hemos emergido detrás de unos baños públicos cerca de lo que podría ser un antiguo cuartel de la KGB o algo parecido. En cualquier caso, ahora, tenía toda la pinta de ser parte de un Taco Bell, donde hemos comido.

Después de comer Laura y yo nos hemos dirigido a la embajada americana. Ahí hemos preguntado a un par de secretarias si alguien conocía a alguna persona del gobierno anterior a la caída del muro. Tras unos diez minutos discutiendo entre sí han decidido avisar a un superior. Una hora más tarde estábamos sentados en un despacho, siendo entrevistados por un hombre trajeado.

-¿Quiénes son ustedes?

-Yo soy Rashionalism y ella es Laura.

-¿Por qué queréis hablar con alguien relacionado con la U.R.S.S.? ¿Queréis resucitar el espíritu comunista?

Antes de que yo pudiese meternos en un lío gracias a mi sarcasmo Laura me ha metido un codazo y ha respondido por mí.

-Estamos haciendo un trabajo para la universidad. Somos Erasmus y estamos estudiando historia.

-¿Por qué no habéis preguntado, entonces, en algún edificio del gobierno ruso?

-Porque no hablamos ruso muy bien y suponemos que cualquier persona que nos presenten usted y sus colegas hablará algo de inglés.

-Hmm. De acuerdo.-el hombre, cuyo nombre he olvidado al abandonar su despacho, ha apuntado algo en una hoja de papel y nos la ha tendido-Esta es la dirección de un hombre que tuvo bastante que ver con la U.R.S.S. antes de su desaparición. Hace un tiempo que nadie habla con él, así que tratadle con respeto.

Hemos saludado al hombre y hemos dejado su despacho. Al salir de la embajada hemos echado un vistazo al papel. Había, como el americano prometió, una dirección en una ciudad llamada Fryazino.

-Vaya, así que hay que salir de Moscú para visitar a este hombre.-se ha quejado Laura.

-Sí, pero no supone un problema.

-¿Por qué dices eso?

-Porque, si no me equivoco, la persona a la que vamos a visitar evitó un apocalipsis nuclear.

Para cuando hemos llegado al hotel ya era tarde, de manera que hemos encargado una cena ligera y hemos discutido cómo organizaríamos el día siguiente. Hemos decidido que yo iría a Fryazino y ella se quedaría investigando en Moscú. Mientras Laura termina de cenar yo escribo estas palabras.

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