G6 Parte I



7-2-2055. Afueras de Moscú

Del local iluminado por luces de neón púrpura provenía el sonido metálico de la música tecno que hipnotizaba a los asistentes. Fuera, el frío era extremo. Una capa de nieve y hielo cubría el asfalto resquebrajado. El pavimento se estremeció mientras se aproximaba un vehículo negro mate que abrió la noche con unos potentes faros de xénon.  Llevaba además las luces antiniebla encendidas, que se reflectaban en el entorno cubierto de blanco. El motor V12 hizo por sí solo el llamamiento. Del interior del local, aún bailando al ritmo de los bajos y el sonido sintético, salieron cuatro personas. Una mujer de pelo teñido de un artificial color azul eléctrico conducía el Pontiac. Aún permanecía dentro, con las ventanillas tintadas bajadas a la mitad.

-¿Has estado en Nevada?-preguntó uno de los hombres que acababan de salir, cubierto por una capucha

-Red dice que necesitamos otro conductor.

-¿Lo has traído o no?

La mujer señaló hacia atrás con el pulgar. El motor al ralentí aún hacía vibrar la carrocería del vehículo.
Los hombres se aproximaron a la parte trasera del vehículo. Las ruedas anteriores estaban decoradas por unas llantas negro mate de un diametro desproporcionado. Uno de los encapuchados se agacho y giro el logo rojo de Pontiac colocado en el centro de la llanta. Parecia ser un tapón. Del interior extrajo una probeta rellena de un liquido traslucido.
-Ya está. Puedes irte
-Necesitamos otro conductor. Han arrestado a López y se han quedado con el Jeep. Y éste también está quemado, necesito otro coche.
-¿Cuántos kilómetros llevas?
-400.000

-¿Cómo y dónde te han visto?

-Me seguían cerca de Alaska y para  dejarlos atrás tuve que entrar en la autopista

El hombre encapuchado escupió sobre la inmaculada capa de nieve.

-¿Crees que es fácil conseguir coches de gasolina?

-Supongo que no. Pero podemos intentarlo con un eléctrico.

-En la primera persecución te detendrían por control remoto, imbécil. El Jeep ya podemos darlo por perdido, pero éste Pontiac es una joya, aunque nos tengan fichados continuaremos con el plan.

-Me niego

-Cuando consigas un eléctrico que no esté bloqueado a 120 te dejaré cambiar de coche.

-¿Y los de la policía?

-¿Dirigidos por GPS? Deja de decir chorradas. Vuelve a Nevada, recoge el siguiente paquete, y antes de volver aquí busca y elimina a López. Si encuentras el Jeep déjalo, le habrán colocado un localizador. Saben que lo necesitamos.

-Necesitamos otro conductor…

Una sirena de policía se oyó en la lejanía y retumbó en las paredes de hormigón de los edificios cercanos.

-Lárgate-susurró el encapuchado.

Los hombres volvieron corriendo a la discoteca, excepto el jefe, que guardó la probeta en un bolsillo de su abrigo y cruzó la calle. Al otro lado le esperaba una Suzuki Hayabusha plateada, a la que subió rápidamente. Tras un profundo rugido, el impresionante vehículo salió disparado casi resbalando sobre la nieve. La mujer pisó a fondo el acelerador del Pontiac, que tras patinar unos segundos sobre el suelo resbaladizo no tardó en  alcanzar a la moto.

14-2-2055. Desierto de Nevada

La entrada al laboratorio era imposible de encontrar. La mujer de pelo azul detuvo el Pontiac negro cubierto de barro y suciedad en el lugar exacto, y, entonces, un rectángulo de suelo descendió despacio, llevando al vehículo a un parking oculto bajo tierra. Una vez retiró el coche de la plataforma, ésta ascendió de nuevo, dejando a oscuras la enorme sala. El gobierno de los Estados Unidos llevaba años buscando la entrada, pero las medidas de seguridad eran extremas: aunque siguieran a los coches por satélite,acabarían perdiéndolos, puesto que gran parte del desierto estaba cubierto por lonas de tela pintadas de forma similar al suelo del desierto, de modo que  desde aviones o satélites no se distinguía lo que era real o falso. Los vehículos desaparecían bajo las telas, y entonces podían llegar hasta la entrada sin ser vistos. Además, el desierto, junto con los antiguos Estados de Nuevo México y Arizona, estaban bajo ocupación de la Unión de Países Latinoamericanos, cuyas tropas toleraban la actividad ilícita que se desarrollaba en los laboratorios.

La mujer permaneció sentada en su coche, en la más completa oscuridad. Alguien se acercó, abrió el maletero y colocó algo pesado en él, que hizo tambalear a los amortiguadores del Pontiac. Nunca había visto a los trabajadores de los inmensos laboratorios subterráneos, y nunca había ido más allá de ese parking. La actividad que se desarrollaba era completamente desconocida para ella, así como el contenido de las probetas. Sin embargo, eso iba a cambiar.

CONTINUARÁ…

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