Bitácora del Internetófilo. Día 18

Me he despertado relativamente tarde, a eso de las nueve, lo que no sé es para qué país en concreto eran las nueve. Según el reloj del hotel eran las once y media de la mañana. Me he levantado tres cuartos de hora más tarde. He entrado en el baño sin miedo (Laura seguía dormida) y me he acicalado lo mejor que he podido.

Al salir Laura estaba esperando a la puerta.

-¿Ves?-ha dicho-La gente normal espera y no abre la puerta del baño sin más.

-Pero-he replicado-ambos sabemos que yo no soy “normal”.

-Anda, sal y deja que me duche.

-Susórdenes mi sargenta.

Antes de pasar al baño ha esbozado una sonrisa. Al cerrar me ha pillado el pie derecho, es decir, el descalzo. Hemos pedido una bolsa de hielo al servicio de habitaciones (el congelador del mini-bar está roto desde que llegamos). La bolsa ha hecho maravillas. En apenas media hora ya podía andar sin problemas, de modo que he tenido una hora más para ver la televisión mientras Laura se preparaba.

Para cuando hemos salido del hotel ya no eran horas de desayunar, de manera que hemos ido a un Taco Bell a comer. Tras dos chalupas, un burrito y un taco nos hemos puesto en marcha.

Hemos ido a visitar más residencias, solo que hoy hemos tenido la suerte de encontrar a un ruso que trabajó bajo el mando directo de Stalin y sus sucesores.

Hemos hablado con él acerca de Perimeter. Me ha solucionado mucho más que el alemán con el que hablamos ayer, pero éso no era muy difícil. Posiblemente mi perrita Jack Russell me habría resultado de más ayuda que el alemán, después de todo, domino el tema del armamento de la U.R.S.S. mejor que nadie. A Laura, sin embargo, todo lo que este hombre ha dicho le ha sonado a chino. Para empezar, el ruso no hablaba inglés con fluidez y, para seguir, todo estaba estrechamente relacionado con teorías de la conspiración (tema que me apasiona desde que tengo uso de razón).

Mientras que la información conseguida hoy no nos era de uso inmediato en nuestra búsqueda de Internet, nos daba algo más valioso, al menos a mí: Una excusa para ir a Moscú, capital del país con el diseño de las armas más usadas, como el AK-47, y de las armas más ridículas del mundo, como el inútil bombardero Kalinin K-7, que se partió por la mitad en su segundo vuelo.

Hemos salido de nuestra conversación con el anciano a las nueve de la noche, de manera que nos hemos dirigido hacia el hotel inmediatamente.

-Entonces mañana-ha empezado Laura-¿Cogemos el primer vuelo hacia Moscú?

-Niet, tovarich-he replicado-Iremos en tren, es más barato. ¿Capisce?

-Eso es italiano.

-¿En serio? Siempre he pensado que era ruso. Todos los días se aprende algo nuevo.

He cenado en el hotel lo más rápido que hemos podido. Mientras ella terminaba de cenar con calma yo me he acercado a la estación para comprar los billetes de tren. Mañana a la una salimos de camino a Moscú.

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