Grand City V

Louis se despertó algo más descansado. La ropa que se había puesto esa mañana estaba completamente arrugada. Se levantó de la cama. Intentó encender la lámpara que normalmente estaba apoyada en su mesilla de noche. No estaba ahí. Estaba en el suelo. El cristal, roto en miles de esquirlas, cubría toda la superficie de su habitación. Se calzó y salió de su casa, ya recogería después.

La calle estaba como cuando había vuelto del barco. Llena de gente. El Sol caía a plomo. Las mujeres se abanicaban. Los hombres se aguantaban. Los niños se quejaban. Los pocos animales se escondían, aunque esto no suponía un cambio en su comportamiento, hiciese frío o calor se escondían de los hombres. A veces se veía algún pájaro sobrevolando la calle, pero era raro. Los únicos lugares en los que era frecuente encontrarse con la naturaleza eran las zonas alejadas del centro y el puerto.

Louis notaba en el bolsillo su nuevo cuchillo, no debiera llevarlo consigo. No le agradaba pasear con un arma encima. A lo peor un agente de la ley le obligaba a vaciarse los bolsillos y le detenía. Dejó el arma sobre su mesa de noche.

Una vez en la calle Louis se esforzó por acelerar el paso, para llegar lo más rápido a la redacción. Pensó en coger un taxi; luego recordó de que no tenía nada de dinero encima, que se lo había dado todo al guardia de seguridad.

Tardó bastante más de lo normal en llegar a la redacción. Un edificio lúgubre y bajo, situado, sin embargo, en la mejor parte de toda la ciudad. Dos angelotes vigilaban la entrada, recordando a los transeúntes que estaban en el barrio cristiano. La puerta de la entrada estaba abierta. En medio estaba el redactor-jefe.

-Llegas, como siempre, tarde.-dijo, antes de que Louis pudiese disculparse-¿Cuál es tu excusa hoy?¿Espías eurasiáticos te han secuestrado? Da igual. Pasa.

-Sí señor.

El interior seguía igual de mal iluminado que el día anterior.

-Perdone,-dijo Louis-pero ¿no iban a venir unos especialistas a reparar el sistema de iluminación?

-Sí; en teoría. Cuidado con el agujero.

-¿Qué agujero?

-Uno que se ha abierto esta mañana. Se ha derrumbado parte del suelo esta mañana. Están ampliando nuestro sótano por Dios sabe qué razón.

Louis siguió a su superior, evitando caer por el boquete en el suelo.

-Entonces, ¿acerca de qué tengo que escribir hoy?

-Nada, has llegado lo suficientemente tarde como para que TODO esté escrito. Sin embargo siempre puedes ayudar en la imprenta.

-Es usted una persona particularmente sádica.

-Aprecio el cumplido, pero va a seguir yendo a ayudar a la imprenta. A no ser que no tenga en estima su puesto en este periódico.

Louis suspiró y asintió. Se ajustó la chaqueta y se despidió de su superior.

-Pase usted un buen día, señor.

-Muchas gracias Louis, igualmente. Si mañana llega usted a tiempo podrá escribir. Lo prometo.

Louis salió de la redacción y se dirigió al barrio comúnmente llamado de los obreros.

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