Bitácora del Internetófilo. Días 16 y 17

N. del T.: Me estoy acercando al final del cuaderno que recibí hará un año. Quedan un par de días por transcribir, después de ello tendré que empezar a descifrar el segundo y, aparentemente último, cuaderno de mis futuras aventuras.


Día 16: Hoy no hemos hecho gran cosa. Laura me ha ayudado a hacer las maletas y me ha quitado la depresión de anoche a bofetadas (Cosa que no ha ayudado a mi dolor de cabeza). Después de hacer las maletas hemos pagado la habitación de hotel y hemos pedido al conserje que nos vigilase las maletas mientras íbamos a despedirnos de los ePriests japoneses.

Cuando hemos llegado nos han dado un consejo que yo, diligentemente, he olvidado segundos después. Les hemos pedido ayuda para llegar a una agencia de viajes. Se han encargado personalmente de comprar nuestros billetes, de manera que nos han ahorrado la tediosa tarea de hablar con los empleados de una oficina de viajes.

Mientras ellos nos hacían el favor de comprar nuestros billetes Laura y yo hemos desayunado en una cafetería de barrio. Los ePriests han venido a darnos los billetes en cuestión, de manera que, alegando que teníamos que ir al baño les hemos endilgado la cuenta.

Hemos cogido el metro y nos hemos dirigido al hotel a recoger las maletas. Mientras llegábamos he bebido un botellín de té verde, que no me apasiona, precisamente, pero no he encontrado ninguna Coca-Cola, de manera que he tenido que conformarme con éso. Dos horas después estábamos entrando en el aeropuerto de Narita, cogiendo un vuelo con destino al aeropuerto Schönefeld.

Estoy aprovechando los minutos antes del despegue para escribir estas líneas. Las azafatas me acaban de ofrecer una botella de agua para el trayecto. Retomaré el diario en cuanto aterricemos.

Hemos aterrizado hace dos horas y media, casi tres, y Laura y yo ya estamos en una habitación de hotel. Parece que me he dejado mi boli favorito en el avión, de manera que estoy escribiendo a lápiz, algo que no soporto, pero al menos me da la oportunidad de hacer dibujos que puedo borrar.

En cualquier caso Laura y yo tendríamos que irnos a dormir (en realidad ella me está obligando a apagar la luz). El trayecto en el avión ha sido largo, pero, afortunadamente, libre de eventos.

Día 17: Creo que habremos dormido unas dos o tres horas, pero no estoy seguro. Laura estaba completamente roque, de modo que decidí dejarla dormir hasta que se despertase. Mientras ella descansaba me he probado su peluca (que no me quedaba del todo mal. Ha sido un gran cambio verme con pelo.

Después de diez minutos haciendo el imbécil con su peluca he salido de la habitación y me he dirigido al restaurante del hotel donde, amablemente, he sido informado de que el desayuno buffet no estaba incluido en la tarifa de mi habitación. He pagado, muy a mi pesar, el precio que me han dicho y he empezado a rellenar los “tuppers” que llevaba en los bolsillos.

Segundos después he sido expulsado del restaurante y se me ha prohibido la entrada sin previo cacheo. He subido a la habitación tranquilamente, disfrutando el cruasán que me han dejado llevarme a modo de desayuno.

Al llegar a la habitación he visto que Laura estaba en el baño o se había caído de la cama (un rápido vistazo a la habitación ha confirmado que, si se había caído, había entrado al baño). He evitado cometer el error de anteayer, por fortuna, quedándome sentado viendo el televisor. Mi nulo control del alemán ha hecho esta tarea exponencialmente más compleja que en condiciones normales.

Al cabo de veinte minutos Laura ha salido envuelta en una toalla. Los eventos que han seguido han sido bastante parecidos a los del otro día, solo que esta vez, en lugar de botellines de champú me ha lanzado almohadas, lo que lo ha hecho menos desagradable… Hasta que me ha tirado el jarrón de flores y ha acertado.

Viendo que no me ha producido ningún problema cerebral grave (y que tampoco ha potenciado ninguno de los muchos que tenía de antes) nos hemos puesto en marcha.

Al llegar a la estación de metro unos cinco minutos después nos hemos dado cuenta de que no teníamos ni idea de a dónde queríamos o necesitábamos ir. Hemos intentado hablar con gente, para ver si alguno de ellos podía indicarnos dónde se reunían aquí todos los del eCult, pero no parece que tenga demasiada presencia aquí. Mientras Laura intentaba contactar con nadie que pudiese ponernos en contacto con Internet.

-Oye-he dicho cuando se ha rendido.

-¿Sí?

-¿Cómo es que nuestros móviles funcionan con normalidad?-he preguntado-Y no me refiero a lo de Internet, me refiero a cómo es que la gente puede realizar llamadas sin problemas, pero no conectarse a Internet. Utilizan los mismos satélites, ¿no?

-Ahora que lo dices tienes razón. Es una pregunta muy buena para la que no tengo respuesta. Tendrías que saberlo tú ¿No se supone que estudiaste primero de industriales el año pasado?

-Se supone, pero hay una gran diferencia entre matricularse en una carrera y estudiarla, ¿sabes? Por no decir que en primero lo único que dimos relacionado con ordenadores fue Fundamentos de Programación.

Laura suspiró, rindiéndose ante mi infalible lógica. Después de ello hemos charlado sin más, sin un tema fijo en mente. Al cabo de una hora se me ha ocurrido que podríamos ir a una residencia de ancianos, a hablar con gente que hubiese tomado parte en el gobierno comunista de Alemania del Este. Tras buscar en quince residencias o así (quizás fuesen dos, pero se me ha hecho eterno) hemos dado con un alemán que nos ha contado su vida desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy en día, poniendo completo detalle en los bombardeos. Nos ha hablado de los rumores que, allá por los cincuenta, circulaban acerca de la Mano Muerta (otro de los nombres que se le puso a Perimeter). También nos ha hablado de la película Teléfono Rojo, donde se planteaba otra versión de esta máquina del Apocalipsis.

Mientras que hemos sacado unas cuantas historias interesantes de esta conversación no hemos conseguida información útil. Después de ello hemos ido a comer en un restaurante pequeñajo cerca del hotel.

Por la tarde Laura se ha quedado descansando en la habitación mientras yo seguía buscando información. He ido al Tiergarten a tomar el aire. Mientras tomaba un refresco sentado debajo de un árbol he oído a dos personas hablando acerca de la Mano Muerta, no como Perimeter, sino como una organización paramilitar de intenciones aviesas. Para cuando he intentado acercarme a ellos para oír mejor se han marchado.

Me he pasado por, aparentemente, todos los cibercafés que hay en Berlín, en busca de alguien que pudiese ayudarme. No ha habido suerte. Alrededor de las ocho he vuelto al hotel, sin información nueva relevante.

Al llegar he enchufado la videoconsola al televisor y me he puesto a jugar en silencio, para no despertar a Laura. Ahora mismo me estoy acostando y son casi las doce de la noche.

Segundos después he sido expulsado del restaurante y se me ha prohibido la entrada sin previo cacheo. He subido a la habitación tranquilamente, disfrutando el cruasán que me han dejado llevarme a modo de desayuno.

Al llegar a la habitación he visto que Laura estaba en el baño o se había caído de la cama (un rápido vistazo a la habitación ha confirmado que, si se había caído, había entrado al baño). He evitado cometer el error de anteayer, por fortuna, quedándome sentado viendo el televisor. Mi nulo control del alemán ha hecho esta tarea exponencialmente más compleja que en condiciones normales.

Al cabo de veinte minutos Laura ha salido envuelta en una toalla. Los eventos que han seguido han sido bastante parecidos a los del otro día, solo que esta vez, en lugar de botellines de champú me ha lanzado almohadas, lo que lo ha hecho menos desagradable… Hasta que me ha tirado el jarrón de flores y ha acertado.

Viendo que no me ha producido ningún problema cerebral grave (y que tampoco ha potenciado ninguno de los muchos que tenía de antes) nos hemos puesto en marcha.

Al llegar a la estación de metro unos cinco minutos después nos hemos dado cuenta de que no teníamos ni idea de a dónde queríamos o necesitábamos ir. Hemos intentado hablar con gente, para ver si alguno de ellos podía indicarnos dónde se reunían aquí todos los del eCult, pero no parece que tenga demasiada presencia aquí. Mientras Laura intentaba contactar con nadie que pudiese ponernos en contacto con Internet.

-Oye-he dicho cuando se ha rendido.

-¿Sí?

-¿Cómo es que nuestros móviles funcionan con normalidad?-he preguntado-Y no me refiero a lo de Internet, me refiero a cómo es que la gente puede realizar llamadas sin problemas, pero no conectarse a Internet. Utilizan los mismos satélites, ¿no?

-Ahora que lo dices tienes razón. Es una pregunta muy buena para la que no tengo respuesta. Tendrías que saberlo tú ¿No se supone que estudiaste primero de industriales el año pasado?

-Se supone, pero hay una gran diferencia entre matricularse en una carrera y estudiarla, ¿sabes? Por no decir que en primero lo único que dimos relacionado con ordenadores fue Fundamentos de Programación.

Laura suspiró, rindiéndose ante mi infalible lógica. Después de ello hemos charlado sin más, sin un tema fijo en mente. Al cabo de una hora se me ha ocurrido que podríamos ir a una residencia de ancianos, a hablar con gente que hubiese tomado parte en el gobierno comunista de Alemania del Este. Tras buscar en quince residencias o así (quizás fuesen dos, pero se me ha hecho eterno) hemos dado con un alemán que nos ha contado su vida desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy en día, poniendo completo detalle en los bombardeos. Nos ha hablado de los rumores que, allá por los cincuenta, circulaban acerca de la Mano Muerta (otro de los nombres que se le puso a Perimeter). También nos ha hablado de la película Teléfono Rojo, donde se planteaba otra versión de esta máquina del Apocalipsis.

Mientras que hemos sacado unas cuantas historias interesantes de esta conversación no hemos conseguida información útil. Después de ello hemos ido a comer en un restaurante pequeñajo cerca del hotel.

Por la tarde Laura se ha quedado descansando en la habitación mientras yo seguía buscando información. He ido al Tiergarten a tomar el aire. Mientras tomaba un refresco sentado debajo de un árbol he oído a dos personas hablando acerca de la Mano Muerta, no como Perimeter, sino como una organización paramilitar de intenciones aviesas. Para cuando he intentado acercarme a ellos para oír mejor se han marchado.

Me he pasado por, aparentemente, todos los cibercafés que hay en Berlín, en busca de alguien que pudiese ayudarme. No ha habido suerte. Alrededor de las ocho he vuelto al hotel, sin información nueva relevante.

Al llegar he enchufado la videoconsola al televisor y me he puesto a jugar en silencio, para no despertar a Laura. Ahora mismo me estoy acostando y son casi las doce de la noche.

Anuncios

Un comentario en “Bitácora del Internetófilo. Días 16 y 17

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s