Bitácora del Internetófilo. Día 15

Nada más despertarme he ido al cuarto de baño. Me ha recibido un chillido que podría haber reventado los cristales de mis gafas de haberlas llevado puestas. A Laura no le ha gustado mi intrusión (y sospecho que no ha ayudado que entrase en calzoncillos) Afortunadamente sólo ha acertado con uno de los botes de champú que me ha lanzado. El resto han  pasado peligrosamente cerca de mis orejas y se han roto contra la pared opuesta.

Tras ello me he vestido inmediatamente mientras chillaba disculpas y excusas (a cual más ridícula) y he simulado no saber qué pasaba durante los siguientes veinte minutos (quince de los cuales Laura se los ha pasado chillándome cosas acerca de la intimidad) Cuando se ha calmado me he disculpado de nuevo. Tras unos segundos callada ha aceptado mis disculpas. Poco después  nos hemos puesto en marcha (No sin que yo antes revisase el mini-bar)

Una vez satisfecho la he seguido fuera de la habitación. El camino de ida a Shiseido ha sido bastante tranquilo. Hemos desayunado en un café de mala muerte sin mediar palabra (obviamente, en esos momentos seguía molesta)

Al llegar me he dado cuenta de que realmente no tenía ni la más remota idea de cómo llegar desde la parada de metro a mi destino. Finalmente le he pedido a Laura ayuda. Tras una corta negociación ha accedido a ayudarme a condición de no mencionar nunca del incidente de esta mañana (N. del Transcriptor: Si ésto se lee antes de que suceda ¿estoy rompiendo la promesa que hice? ¿Haré? Reitero, los pretéritos perfectos acerca de hechos futuros se me siguen resistiendo) e ir esta tarde a donde ella quiera sin rechistar. Obviamente esta última parte del trato no ha sido respetada, pero ella ya sabía que iba a quejarme sólo por deporte. Tras el pacto ella, diligentemente, ha preguntado a un hombre de unos treinta años cómo se llegaba a la distribuidora.

Él, educadamente, nos ha dicho que nos podíamos ir a tomar (francamente no tan amable como pensaba que eran los japoneses, pero bueno) Tras preguntar a cinco personas más (cada cual con una respuesta más, em, colorida) hemos averiguado dónde estaba nuestro destino. Al llegar ahí he visto varios instrumentos que, hasta entonces sólo se encontraban en mis sueños. Detrás de una mesa, por otro lado, estaba sentado Shadow.

Llevaba el mismo traje que cuando le conocí. Las mismas gafas. El mismo bulto del revólver debajo del sobaco. Seguía igual de inquietante y amenazador, vamos. Laura se le ha quedado mirando, sospecho que intrigada por su parecido con el hombre al que conoció en N.Y.C..

-No te molestes,-le he dicho-no creo que seas el que conociste. Si recuerdas había uno idéntico en Las Vegas.

-Sí, pero no es eso. Fíjate bien.-ha susurrado

-¿En qué?

-Las gafas, están rotas. Mira el cristal derecho bien.

Una vez me ha dicho éso me he dado cuenta de que, de hecho, las Aviator que llevaba tenían una grieta que iba de arriba a abajo en el cristal derecho. En ese momento Shadow se ha levantado y me ha saludado.

-Hola, Rashionalism ¿Qué tal tu viaje? Bien, espero.

-Bien, sí. ¿Cómo es que estás aquí?-he respondido, apoyándome en una pared.

-Unos amigos me pidieron que viniese.

-No, no me refiero a tu razón. Éso me importa poco, por no decir nada. Me refiero, más bien, a cómo es posible que sigas vivo. La última vez que te vi en Washington Capital estabas bastante más rígido de lo que un vivo debiera estar.

-¡Ah! Éso. Lo que pasó es que perdí el conocimiento y un amigo vino a recogerme.-ha improvisado rápidamente-Pero éso no importa, lo que importa es lo que sepas de Internet.

-Nada, no creo que sepa más que tú, en cualquier caso. Pero da igual-he cambiado de tema rápidamente, notando lo incómodo que estaba Shadow-yo he venido aquí a comprarme un bajo bonito, no a charlar.

-Vale, ahora mismo te atienden.-ha chillado algo en japonés- Mientras esperas, ¿te importaría hablar un poco?

-No. ¿Por?

-Nada, por hablar un poco. ¿A dónde tienes pensado ir después de estar aquí?

En ese momento Laura me ha cogido del hombro y me ha susurrado que sería mejor que no se lo dijese.

-Chica,-ha cortado Shadow-¿sabes que te puedo oír?

Laura se ha congelado y puesto roja como la sangre que corre por mis…las venas de la gente normal.

-Pero no te preocupes,-ha retomado el hombre-si no me lo queréis decir no es problema. Me enteraré, después de todo, somos “hermanos”.

Dicho ésto se ha quitado el pelo (resultaba que era una peluca) y nos ha mostrado su tatuaje. Nada más hacerlo se ha recubierto la calva y se ha marchado sin decir más.

Tras unos minutos esperando ha salido un hombre relativamente joven de lo que, aparentemente, era la trastienda. Laura se ha encargado de todo lo que era hablar. Mientras tanto yo me he encargado de manosear todos los bajos, guitarras y diversos instrumentos de cuerda que estuviesen a mi alcance. Al cabo de una media hora de negociaciones Laura me ha avisado para que pagase. Cuando finalmente hemos salido de la tienda eran las dos y media, de modo que, ambos ella y yo, estábamos muertos de hambre.

Hemos comido curry en un restaurante relativamente barato (comparado a fundirse unos 2000 euros en un bajo eléctrico) Después hemos ido a “la Guarida”.

Estaba algo más llena que ayer, pero no mucho más. Mientras Laura ha ido a hacer cola a la sala del Oráculo yo he decidido que, por hoy, ya había tenido bastante eCult por hoy, de modo que me he quedado leyendo durante un rato.

Sin darme cuenta me he quedado dormido encima de los libros. Para cuando me he despertado Laura estaba sentada a mi lado.

-Evie me ha dicho que deberíamos irnos.

Al oír ésto he mirado mi reloj y he respondido.

-Completamente de acuerdo-dicho ésto me he levantado y estirado.

-No,-ha respondido-irnos del país. Mañana, si posible.

-¿Ha dicho por qué?

-No, la verdad es que, nada más decirlo el ordenador se ha apagado sin más.

-Me sirve,-he replicado-pero primero vamos a dormir, estoy molido. No sé porque podrá ser, pero estoy pulverizado.

Sin perder un minuto nos hemos marchado, sin despedirnos de nadie, ni siquiera de los vigilantes que estaban en la entrada, jugando a las cartas. Tras un viaje en metro que se me ha hecho eterno hemos llegado al hotel. Nada más llegar (a las nueve de la noche) me he desplomado sobre la cama, sin cenar ni nada. Mientras escribo estas líneas están dando las doce y aún no he cenado. He aprovechado las dos horas y media de sueño continuo que he tenido para vaciar mi cabeza. Estoy nervioso por lo que se acerca y a duras penas me acuerdo de la última vez que leí este diario.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s