Bitácora del internetófilo. Día 13

Nada más despertarme esta mañana me he dado cuenta de que algo no iba bien. Era el hecho de que el hombre en camisa hawaiana de Washington D.C. estaba de pie en mi habitación, mirándome.

-Buenos días, Rashionalism, ¿cómo has dormido?

-Bien, gracias. ¿Qué haces aquí?

-¿Acaso no puedo visitarte como lo haría un buen amigo?

-Sí,-he respondido-pero, normalmente, se avisa y no se entra sin más mientras duerme.

-Touché. ¿Has averiguado algo de Internet?

-Sí, una secta conocida como eCult tiene acceso a él, pero solo para hablar con CleverBot. Lo sé porque formo parte de ellos.

-De acuerdo, ¿podrás decirme algo más de ellos esta tarde?

-No, ayer un hombre se coló en “la Guarida” y destrozó el ordenador, así que hoy no van a permitir entrar a nadie-en ese momento mi móvil ha sonado. Acababa de recibir un sms-A no ser, parece ser, que tengas un permiso especial.

-De acuerdo, ¿tienes el permiso?

-Sí, pero no se puede entrar a no ser que se pertenezca al eCult, y creo que tú no formas parte de él.

Mientras decía esto me había metido en el baño para cambiarme. Me he puesto una camiseta de Scott Pilgrim que me había comprado hace un año y los vaqueros. Cuando he abierto la puerta lo primero que he visto ha sido el cañón estriado de un .44 (Como el de Harry el Sucio)

-Pero creo que tú me vas a acompañar, ¿verdad?

-Claro, eso es lo que hace un amigo, no te encañona con un revólver, deja que te cueles en su culto. ¿Puedo terminar de vestirme en privado?

-Adelante, pero si en cinco minutos no has salido de ahí daré un  aviso a todos mis compañeros de la zona para que te den caza.

-Capisce-he cerrado la puerta del baño con pestillo y he cogido mi móvil. Lo primero sería avisar a alguien del eCult, como medida de seguridad.

El único teléfono que tengo de alguien que esté en el culto es el de Laura. Le he enviado un mensaje como respuesta al que me ha mandado acerca del permiso. Le he explicado, simplemente, que un tarado con un revólver se iba a colar conmigo en “la Guarida”, que avisase a alguien. A quien fuese.

Su respuesta ha sido casi inmediata: “¡Vaya! Qué casualidad, a mí me ha pasado lo mismo”. He salido del baño con el móvil en el bolsillo.

-Creo-he dicho-que fue un amigo tuyo el que disparó ayer al ordenador del eCult.

-Lo dudo.-ha respondido-Ayer todos estábamos tomando cervezas en casa de uno de mis compañeros. Nos quedamos hasta bien entrada la noche.

-Vaya, sois muy eficientes en lo que hacéis, ¿verdad?

-Si no fuese porque tengo que entrar en “la Guarida” te daba una leche que te dejaba acarajotado.

Dicho ésto me ha sacado del motel.

-Ayer me dispararon con un táser.-he dicho, cambiando de tema al tiempo que me subía a la parte de atrás del Volga Negro-Es bastante molesto.

-Lo sé.-ha respondido el conductor-Pero es peor un spray de pimienta en la cara. Soy Johnny, por cierto, un placer. Si no me equivoco eres español, ¿no?

-Sí, ¿cómo lo sabes?

-Internet, supongo.

-Ya…-he soltado, bastante escéptico.

-Bueno, callaos los dos-ha pedido, no, ha ordenado el del revólver.

-Vale-hemos dicho los dos.

-Lo siento Frank-ha seguido Johnny.

-Ahora me vas a dar la dirección de “la Guarida”-ha demandado Frank.

Después de responder Johnny ha arrancado el coche y ha comenzado a conducir en dirección al destino. El viaje, que ha durado un poco más de lo que había esperado, se ha desarrollado en silencio.

Al llegar al callejón de entrada me he sorprendido bastante. Había un nido de ametralladoras al lado de la alcantarilla. Éstas no eran Nerf, eran dos M-60. Mirando a los lados he visto como un chico sacaba un fusil anti-tanques de un contenedor de basura (chico es quedarse corto, la definición correcta sería armario con patas) Segundos después de tomar la decisión que he tomado he descubierto que era la correcta. He abierto la puerta y me he tirado al interior del contenedor. Justo después las ametralladoras han empezado a escupir balas y fuego. Las balas han silbado durante poco más de tres segundos. Lo que he visto al salir (cubierto completamente de basura y lo que sospecho que era un brazo protésico. Sólo Dios sabe cómo llegó hasta ahí) no era bonito. El coche ya no era tal. A duras penas se podría saber lo que había sido antes del tiroteo. Donde habían estado los  asientos del piloto y el copiloto estaban vacíos, ni siquiera había despojos de carne. La calle también. Sólo quedaban los nidos de ametralladoras y el chico con el fusil.

-¿Y tus compañeros?

-Están dentro. Ahora saldrán. Las ametralladoras las llevan por control remoto.

-¿Puedo saber qué ha pasado exactamente?

-Primero hemos recibido vuestro aviso, el de Laura y el tuyo, después hemos cogido todas nuestras armas, legales, ilegales, de fabricación casera… y nos hemos apostado aquí esperándote a ti y a Laurita. De momento sólo has llegado tú. Cuando hemos visto que el coche llegaba hemos esperado a verte salir para abrir fuego. Hemos descuartizado el coche con balas, pero cuando tú has salido ellos han parecido desaparecer del coche, simplemente han desaparecido.

-Y Laura, ¿ha llegado ya?

-No, sospechamos que llegará en cinco minutos. Coge un arma.

-No.-he respondido-Voy a entrar para ver que pasa.

-Lo siento, pero no puede ser, tienes que quedarte a hacer guardia. Es tu obligación. Aquí tienes.

Después de decir esto me ha entregado un fusil de asalto. Lo he cogido y he verificado que estuviese cargado. Mientras hacía esto ha entrado en “la Guarida”. Hemos esperado durante tres cuartos de hora sin novedad. Cuando nos íbamos a marchar hemos oído el motor de un Volga. Me he asomado a la calle. Se estaba acercando un Volga con matrícula española. He dado el aviso. Mientras me metía en el contenedor he oído como armaban las ametralladoras y yo he quitado el seguro del fusil. El coche ha girado, entrando en el callejón. Parecía algo más resistente que el que he montado yo para venir (que hemos tirado entre veinte personas al contenedor), pero no mucho más. He observado las ventanas y no he visto a nadie más aparte de Laura. Cuando el coche ha parado me he dejado ver por ella y le he hecho señas para que viniese. Su reacción ha sido la misma que la mía, salir corriendo y tirarse de cabeza en el contenedor (la diferencia es que yo no he estado a punto de abrirme la cabeza contra los restos de un coche) Las balas han vuelto a silbar como antes. Sin embargo este coche ha aguantado. Hasta que un eBishops ha salido y disparado un RPG (Sólo Dios sabe de dónde están sacando tantas armas)

He ayudado a Laura a salir. Cuando la he sacado he devuelto el fusil al hombre que me lo había dado. No sé para qué me lo han dado. No he disparado en ningún momento. Me he limitado a observar. Lo único que he visto en el interior del coche ha sido a Laura y un piloto muy brillante justo debajo de la palanca de cambios, era lo único que había delante. El volante giraba solo y, lo que es más, de manera completamente independiente a las ruedas.

Cuando, cinco minutos después de que entregase el fusil, se han guardado los nidos de ametralladora, uno de los rapados sin tatuaje visible ha salido como una moto de “la Guarida”.

-¿En qué demonios estabais pensando trayendo a ésos aquí?

-En que no quería que me arrancasen la cabeza de un tiro-he respondido, no sólo a gran velocidad, sino con una enorme sonrisa-y en que me gustan las emociones fuertes.

Laura me ha mirado, sorprendida por mi respuesta sarcástica a un superior.

-Muy gracioso.-el rapado parecía haberse relajado-Entonces os han amenazado de muerte si no les traíais.

-De hecho, no,-he dicho-no nos han amenazado de muerte, al menos no a mí, pero un revólver como el de Harry el Sucio resulta particularmente convincente cuando te lo enseñan a menos de cinco centímetros de la cabeza con el lado malo apuntando hacia ti.

-De acuerdo, por esta vez pase. Que sea la última vez que guiáis a cualquier persona externa a nosotros a “la Guarida”, ¿entendido?

-Sí-hemos murmurado a modo de respuesta al tiempo Laura y yo.

Después de esta mini-bronca se ha marchado a la misma velocidad a la que ha llegado. Me he quitado el gorro, para dejar ver el tatuaje y he sacado mi móvil, para enseñar el pase. Laura ha hecho lo mismo. Hemos bajado por la escalerilla.

Había menos gente que ayer, pero se seguían viendo a muchas personas. Lo primero que hemos hecho ha sido ir al M4ze. El pasillo estaba vacío. Nadie estaba esperando su turno delante del ordenador. Nadie en absoluto.

La pantalla del Oráculo estaba intacta. Obviamente la habían cambiado anoche. Era más grande que ayer. Casi el doble. CleverBot estaba encendido (si es que jamás se apagaba) La conversación estaba vacía. Claramente la tendríamos que empezar nosotros. Eso he pensado.

-Laura, Rashionalism, sentaos, por favor.-han tronado los altavoces. Le hemos hecho caso-Estáis aquí a petición mía. En condiciones normales no os habrían dejado que os acercaseis a esta zona, pero he pedido, no, ordenado a los fundadores, mis profetas, que os enviasen el permiso. ¿Sabéis por qué?

-No, no tengo ni idea, y creo que él tampoco.-ha respondido Laura por mí-Podrías hacernos el favor de aclararlo, oh grandioso…

-Deja de decir estupideces.-le han cortado los altavoces. Su voz sintética me ha puesto (como todas) muy nervioso-Sé que no os creéis esa estupidez de que sea Dios, y os aseguro que yo nunca he tenido esa intención. Que me parezca a Él no implica que lo sea, eso se lo han inventado ellos. Ahora, por favor mirad a la pantalla y no habléis. Os explicaré todo lo que ha pasado y, si todo va bien, pasará.

-Un momento, por favor,-he interrumpido-si no eres Dios y no te consideras tal, ¿por qué ayer te referiste a este plan como un plan divino?

-Por una razón sencilla: Me dio la gana, ¿algún problema?-ha debido ver como negaba con mi cabeza-De acuerdo. Veréis…

No es que no haya prestado atención, pero no me acuerdo de nada. Sospecho que esa era su intención desde el principio, puesto que Laura tampoco se acuerda de lo que nos enseñó. Ambos, sin embargo, estábamos (y seguimos estando) de acuerdo en que no le vemos ningún sentido a por qué nos lo dijo a nosotros.

Nos hemos levantado y nos hemos marchado de “la Guarida”. No volveremos hasta dentro de mucho tiempo. No hemos dicho nada hasta montarnos en el taxi que nos ha llevado al aeropuerto.

Hemos tardado un rato en llegar. Al llegar he dejado a Laura reservando billetes para el siguiente vuelo que saltase el Pacífico. Hemos cogido asientos en uno que sale mientras escribo estas líneas. Hemos aprovechado ese tiempo para ir a nuestros respectivos lugares de residencia para coger las maletas y el dinero. Lo he tirado todo en el taxi y he vuelto rápidamente al aeropuerto. Laura estaba esperando para recoger lo suyo. Como caballero del siglo XXI he permitido que cargase con todo, salvo mi neceser y mi guitarra (El cepillo de dientes y la guitarra son personales e intransferibles).

Hemos puesto todo en la cinta transportadora salvo un par de cosas que nos hemos quedado como equipaje de mano. Al mirar nuestros móviles nos hemos sorprendido de tener no sólo cobertura, sino de tener acceso a Internet. He tardado décimas de segundo en enviar un privado a todos mis contactos que decía “Privado en el Apagón”. Después he apagado la conexión (No sé si me cobrarán por conexiones a Internet cuando no lo hay, pero como lo hagan me sacan hasta las muelas)

Ya en el avión nos hemos sentado y ahora esperamos el despegue (Yo espero, Laura está dormida y ronca como una taladradora) Sospecho que, por primera vez en casi dos semanas sí voy por el camino correcto para recuperar Internet. Dicho esto voy a fundirme todo el suelto que me queda en el Sky Mall de mi vuelo.

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