El Líder Parte 3

La comida me sabe a cenizas, pero tengo que hacerlo, aún me queda un trecho por contar. El agua me limpia la garganta. Voy al baño y devuelvo todo lo que acabo de comer. El tiempo vuelve a pararse.

-¿Ahora qué?-chillo, los restos de comida se deslizan por mi boca.

-Nada.-dice uno de ellos.Va vestido de manera diferente a los demás. En lugar de la camiseta va completamente trajeado, el pin de su corbata es una espada fabricada con todo detalle-Simplemente pensé que querrías descansar un poco, si no quieres no pasa nada, volvemos a poner el mundo en marcha y todos tan contentos, pero creo que, en tu situación, te gustaría tener un máximo de tiempo antes de explicarlo todo. ¿Acaso me equivoco?

-No, gracias.-digo-Estoy algo tenso, como imagino que sabrás. No es fácil hacer esto.

Jamás le he visto la cara a uno de estos, tampoco me haría mucha gracia si lo hiciese, pero puedo imaginar como el que tengo delante sonríe de manera paternal. ¡Cretino! No entiende una mierda y se cree que es mi dueño y señor. Que le den.

-Si no te importa voy a dormir un rato.

-Adelante.-ha leído lo que estaba pensando, bueno, no, no lo ha leído, ha visto como me sentía, pero eso da igual, se habrá hecho una idea muy precisa de lo que he pensado.

Siempre saben lo que hago, pienso. Siempre. No parece importarles que les insulte, al menos en mi cabeza, aún no he tenido el valor de chillarles a la cara, pero no creo que eso les ofendiese mucho más. Me voy a la cama. No es más que un futon en el suelo, no hay nada más cómodo para dormir, al menos en mi opinión. Mi abuelo no creía eso, mi mujer tampoco y no tengo ni idea de que opinará mi hija. Sólo Dios sabe dónde estará ahora. Me duermo pensando en mi pequeñaja.

Abro los ojos eones después. He tenido un sueño raro, como cada vez que duermo fuera del tiempo. Había un hombre bajito y calvo hablando con mi tía mientras timaban una taza de café (Al menos eso creo, nunca la conocí en persona, sólo he visto fotos suyas que me enseñó mi abuelo) Creo que han estado hablando conmigo, pero no recuerdo nada aparte de imágenes sueltas.

El trajeado se me acerca y me coge por los hombros. Lo hace como si fuese el padre al que perdí cuando era demasiado pequeño.

-¿Has descansado?¿Crees que podrás seguir?

-Sí.

Cojo la máscara que me han dado hace un tiempo y me la pongo. Miro la vieja máscara veneciana de mi abuelo. Siempre quiso ir, pero nunca pudo. Su trabajo le dejaba sin tiempo para sí, y, si alguna vez tenía tiempo libre lo usaba tocando una canción para mí o escribiendo un cuento, también para mí. Después de todo era su único nieto.

Recojo el Magnum, se me ha debido caer mientras dormía, y me lo meto en el bolsillo. Su peso me tranquiliza de nuevo.

Me coloco delante de la cámara. No pasa nada. La enciendo. No responde. Voy hacia los enmascarados, que están jugando al póquer en mi salón. La mesa está cubierta de bolitas de luz, sus apuestas. Las hay de varios colores. Supongo que cada una tendrá su valor.

-¿Qué os parecería devolver el mundo a su estado natural?

-¿Qué quieres decir?-responde uno de ellos, sin levantar la vista de su mano.

-No sé, quizás volver a poner el tiempo en marcha o algo así.

-Perdona-es el trajeado y realmente parece estarse disculpando-Así mejor.

Las luces frías y, por así decirlo, quietas retoman su movimiento. La vida vuelve al mundo. Por unos momentos mi cabeza comienza a dar vueltas. Me siento unos segundos. Me voy a echar otra siesta de media hora, para dar tiempo a los que me estaban viendo a comer. Pasado el tiempo me acerco a la cámara. El piloto indica que está encendida.

Miro los monitores que están colocados directamente en frente de ellos. Les contaré después como comencé a controlar a los políticos de tres al cuarto que eran el alcalde de mi ciudad y sus concejales. Ahora les voy a explicar como sobrevivía a todos los atentados contra mi figura.

-Veamos,-digo, para aclararme la voz-muchos de los que me están viendo, en algún momento, han pensado que sería fácil intentar matarme y, lo que es más, conseguirlo. Todos habéis visto que éso es mentira. Algún ingeniero consiguió una vez descubrir desde dónde se emitían mis comunicados. Decidió asaltar el lugar en cuestión con una panda de psicópatas durante el siguiente comunicado. Algunos de vosotros no recordaréis ese incidente. Su ataque no tuvo éxito. Esto se debió al sencillísimo motivo de que yo nunca pisé ese edificio. Lo único que descubrió en el apartamento del que creía que se emitía la transmisión fue una antena parabólica. Antes de que consiguiese rastrear de donde llegaba el comunicado realmente mi Cuerpo de Defensa Personal ya le había arrestado a él y a sus amigos.-tomo aire, nunca me gustó lo que le hicieron a ese pobre hombre. Al menos salió con vida y se le pagó por el servicio que prestó-Gracias a él se hizo completamente evidente que yo era invulnerable, por lo que, aunque se le castigó, también se le recompensó por demostrarlo.

Todo se congela.

-¿Un descansito?-pregunta uno de los enmascarados.

-¡Déjame en paz!

-Vale como quieras-chasquea los dedos y todo vuelve a la normalidad.

-Después de ese desagradable incidente cambié radicalmente el sistema de enviar información. El sistema es relativamente sencillo. Aprovechando todos los móviles con conexión a Internet que hay en el mundo mi antena, camuflada como una antena de radio normal y corriente, así que no la intentéis localizar, envía las ondas que “caen”, por así decirlo, sobre los móviles más cercanos. Éstos reciben la orden de reenviar los datos hasta los receptores de televisión pública, que lo emite. De esta manera es imposible descubrir de donde llega la información, puesto que llega de todos lados.-paro un momento para respirar.

-Mi sistema anterior era relativamente parecido. Consistía en enviar el comunicado a todas las antenas cercanas que cumplían la misma función que vuestros móviles. El problema es que cada vez había menos, lo que facilitó llegar hasta algunas de las antenas más cercanas a mis ubicaciones en esos momentos, puesto que nunca he emitido desde el mismo lugar.-sonrío sin miedo. Gracias a la máscara no podrán ver mi sonrisa de mentiroso compulsivo.

-También,-prosigo-en alguna ocasión, se filtró el vehículo en el que viajaba. Esto eran siempre mentiras. Nunca viajo sobre la superficie y nunca, nunca he salido de mi continente natal en una misión de gobernación. De eso siempre se encargaba mi Cuerpo de Defensa, ellos giraban las tuercas cuando se les pedía. Si os interesa saber por dónde me desplazo sólo tenéis que bajar a las alcantarillas de cualquier ciudad en Eurasia; aprovechaba el sistema de alcantarillado para desplazarme en barcos y salir de las ciudades. Es por ello que nunca nadie me ha visto moverme. También, obviamente, iba y venía en transporte público, pero gracias a que nunca he confiado en nadie lo suficiente como para confesar quién era, nadie sabía cómo soy debajo de mi máscara. Por ello, al terminar este comunicado, el más largo y último de mi vida, me quitaré la máscara.-dicho esto desconecto la cámara y voy al baño.

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Un comentario en “El Líder Parte 3

  1. Bien escrito. Sólo un apunte. Pones: “Su trabajo le dejaba sin tiempo para sí, y, si jamás tenía tiempo libre lo usaba tocando una canción para mí”, Sería más correcto “… y, si alguna vez tenía tiempo libre…”
    Por lo demás, entretenido. Pero sigo pensando que tu estilo luciría más si contaras historias más próximas e inmediatas, sin tanta ciencia ficción.

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