Bitácora del internetófilo: Día 8

Me he despertado temprano. A eso de las diez y media. He desayunado unas galletas que cogí ayer. Me dolía la espalda y no me extraña, no he dormido en la cama, me he caído a mitad de la noche. He comenzado a recoger la habitación y a hacer la maleta para poder salir antes de mediodía. Cuando he terminado he bajado a la recepción y he pagado las noches que he pasado en este horrible hotel. El recepcionista tenía mala cara, pero no estaba enfadado, algo relativamente sorprendente en él (desde que llegué estaba de un humor de perros) Me ha cobrado eficientemente y sin mediar palabra, algo que he agradecido, teniendo en cuenta mi dolor de cabeza.

Nada más salir a la calle me he acordado de que estaba en invierno. Los últimos días habían sido particularmente calurosos, pero hoy hacía mucho frío, MUCHO. Me he puesto una chaqueta y la chupa por encima y he salido escopetado hacia la estación de autobuses. Nada más llegar he tirado la maleta en una taquilla y he pedido un billete para ir a Las Vegas. Me han avisado de que el viaje llevaría más de un día y medio. Por un momento me he planteado ir en avión, pero sería demasiado caro. He decidido ir ahí para asegurarme de que la pista de Shadow es falsa, y, en el caso de que no lo fuese, pues mejor.

Nada más comprar el billete he vuelto al apartamento de ayer, quizás esa panda de sectarios sabía algo que yo no. Ha sido bastante molesto llegar hasta ellos, entre que llevaba la guitarra conmigo y que la gente se prepara para el año nuevo… La gente se está adaptando ya al Apagón, en mayor o menor medida, pero se adaptan. Aún se ven comentarios en los muros, pero cada vez se añaden menos. Entre ayer y hoy sólo he visto uno nuevo, mientras que entre el primer día que estuve aquí y el segundo se añadieron unos cien. La capacidad de adaptación del hombre es espectacular.

Ésa ha sido mi primera impresión, sin embargo no es del todo cierto. Muchas personas se reúnen en grupos para compartir chistes, suelen ser, aparentemente amigos, pero también he visto dos grupos de gente organizando citas ciegas (Para adictos a Meetic) Mientras que la secta es algo extraordinario, el resto de la gente está volviendo al estado anterior a Internet, quedar con los amigos en la calle en lugar de hablar con ellos a través de una pantalla de ordenador.

Al llegar al apartamento de ayer me he llevado una sorpresa. Estaba vacío, no como ayer, ayer había unas cajas y una silla. Hoy no había nada. En absoluto. Ha sido un poco molesto no encontrar nada más que un trozo de cartón y lo que parecía el trozo de un Commodore . He salido del edificio y me he dirigido a un restaurante cercano.

He decidido ir andando a pesar de que me iba a llevar diez minutos en este frío (Para mí cerca significa a media hora andando o menos) Es en este paseo cuando me he dado cuenta de que desde ayer, desde mi segunda charla con Shadow, para ser preciso, me estaba siguiendo un Volga negro sin retrovisores. Tenía matrícula española, sobre la cual estaba impreso lo siguiente: 0666 STN. Me ha sorprendido que un español hubiese comprado jamás ese coche, pero me ha sorprendido más la matrícula (Según una leyenda urbana soviética, al parecer, Satán conduce un Volga negro sin retrovisores. Si su coche se para a tu lado te pide la hora o algo así y, cuando te acercas a contestar, te coge y se lleva tu alma) No soy una persona particularmente supersticiosa, pero al verlo, he acelerado el paso.

He llegado al restaurante en cinco minutos menos de lo esperado. El Volga se ha parado delante del mismo. Unos segundos después de que su motor dejase de rugir un hombre ha salido por la puerta del copiloto y ha entrado. No ha disimulado en absoluto, al verme ha venido automáticamente a mi mesa. Llevaba un abrigo unas tallas por encima de la suya que se ha quitado al sentarse, dejando así a la vista su camisa, una camisa hawaiana azul y verde. Me he relajado un poco, según tengo entendido los diablos tienen un gran sentido de la moda y este no tenía ninguno en absoluto.

-¿Tú eres Rashionalism?

-Sí, ¿quién eres tú?¿Terminator?

-Eso no es de tu incumbencia. Lo que sí debiera importarte es para qué lo quiero saber. Si no me equivoco has hablado con Shadow. No te fíes de él, no hará más que engañarte. Si dejas ahora la búsqueda de Internet no pasará nada, pero sería mejor que la terminases, nos ahorrarías un montón de trabajo.

Tras ello se ha levantado y, antes de irse, me ha tirado un fajo de billetes de mil dólares.

-No, no soy Terminator. Ese dinero es para lo que quieras.

Como me temía sólo el primer y último billetes eran de verdad, pero aún así me hacía un favor. Mientras me traían mi plato de espagueti carbonara su compañero peleaba con el motor pulverizado del Volga. Cuando ya había terminado la comida la grúa estaba llegando para llevarse el coche de no-Terminator y su colega. Les he sugerido comprarse un Smart, dan menos problemas que un coche más viejo que yo. Me he callado cuando he visto los agujeros de bala que cubrían el capó.

Después de comer me he dirigido a buscar a Shadow de nuevo, para ver si me volvía a enviar con los sectarios. Le he buscado en la manifestación, donde hay menos gente a cada día que pasa. No estaba ahí, sin embargo me he quedado un rato, hablando con los chicos que acusaban al Monstruo de las 21 Caras. No he sacado más información de ese grupo de chantajistas que la que ya había conseguido en Internet. Eran las mismas tonterías una y otra vez, que si 21 millones de dólares en comida retirados del mercado, que si 21 cajas con sustancias tóxicas, que si el suicidio del encargado de la investigación, que si un hombre con cara de zorro (le llevo dando vueltas a la expresión desde hace meses y sigo sin encontrarle sentido)…

He vuelto al cybercafé de ayer y tampoco le he encontrado (pero sí me he comprado una cookie buenísima) No era el único con la misma intención que se ha dejado caer por ahí en el día. He hablado con una chica (una tecnozombi, como demostraba claramente su movimiento por encima del teclado de una BlackBerry imaginaria) que llevaba ahí desde mediodía, esperándole, sin suerte. He conseguido su número de teléfono y su PIN BlackBerry (que aunque ahora no tenga sentido, quizás en un mes o así sea muy útil) y hemos hecho un pacto en el que garantizamos a la otra parte actualizaciones cada semana acerca del avance de nuestras respectivas investigaciones (Mientras yo me pateo el globo ella busca en su ciudad natal. Me parece un pacto un poco desigual, pero qué le voy a hacer si ella no quiere dar la vuelta al mundo conmigo sin avisar a sus padres)

Finalmente, cuando ya iba de vuelta a la estación de autobuses, he encontrado a Shadow, no ha sido algo agradable. Estaba muerto, inerte en una callejuela cerca de mi destino, sin embargo no había heridas ni sangre a su alrededor. Cuando me he acercado a él un hombre enorme al que no había visto antes ha recogido su cuerpo y lo ha tirado en el interior de una camioneta idéntica a The Mystery Machine, solo que en lugar de verde y azul era roja y blanca, como los colores de mi Atleti. El hombre, embutido en una gabardina ha mirado a su alrededor y se ha metido en el vehículo. Segundos después el motor comenzaba a rugir.

He decidido inmediatamente alejarme de ahí, un roce con la policía de Washington D.C. es suficiente para mucho tiempo. He entrado en la estación donde un par de personas discutían como un hombre se había desplomado mientras hablaba con un gigante con gabardina. He esperado leyendo una revista hasta que se han marchado, dejando el camino entre mi taquilla y mi persona vacío. He recogido mis cosas y me he dirigido a la dársena de la que salía el autobús para Las Vegas.

He tenido que estar cinco minutos al frío para darme cuenta de que aún quedaba media hora para que llegase mi autobús, de manera que me he tomado un té, cosa que me ha mantenido ocupado durante quince minutos. Los últimos quince los he aprovechado para ir al baño y afeitarme.

Al bajar de nuevo a la dársena el autobús estaba ahí, esperándome. He tirado mi maleta en el compartimento apropiado y he subido. Me he sentado con la guitarra entre las rodillas y el cuaderno entre las manos. Esto es suficiente por hoy. Me espera un largo viaje, así que tendré que dormir.

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