Bitácora del internetófilo: Días 5 y 6

Día 5: Zzzzzzzzzzzzzzz. Realmente ayer no hice nada más que dormir para superar el jet-lag (O intentarlo, los tiroteos de la calle no me dejaron dormir demasiado, y, cuando terminaron, la policía subió a interrogar a todos los huéspedes del hotel) El interrogatorio habría sido particularmente largo y tedioso de no ser por mi dominio del checo. Respondí a todas sus preguntas en ese idioma y, al cabo de media hora, se marcharon exasperados. Me dijeron, sin embargo, que mañana (Mientras escribo estas líneas) vendría un traductor, de manera que he intentado aprender un poco más de checo, para que no se den cuenta de que lo que quiero realmente es que me dejen en paz.

Día 6: Esta mañana me he puesto en camino. La gente en las calles estaba perdida, completamente desorientada, exactamente igual que en Madrid. No podían comunicarse por teléfono, ya que las compañías de teléfono estadounidenses habían subido los precios de manera exorbitada, para que las pocas personas que no tuviesen un iPhone (y que, por tanto, no tuviesen acceso a Viber) pudiesen mantener ellos solos a AT&T gracias a los sms. Sin embargo, con la pérdida de Internet, todo el mundo no tenía más remedio que utilizar teléfonos para comunicarse. Pagando. De momento la compañía telefónica no se había beneficiado, pero a finales de año…

Se notaba. Normalmente en las calles se solía ver (Al menos en España, en Washington no sé) a varias personas usando Viber o Dragon o WhatsApp o BBChat. Ahora, sin embargo, la gente buscaba desesperadamente un lugar donde la cobertura 3G o el WiFi llegase bien, haciendo caso omiso de las noticias, que estipulaban claramente que no había nada de Internet y no se sabía si se podría recuperar en absoluto.

Me acerqué a primera hora de la mañana al 1600 de Pennsylvania Avenue. Llegar ahí fue un infierno (No sabía cómo hacerlo), pero, cuando por fin me presenté delante de la Casa Blanca todo empeoró: La verja estaba cubierta de manifestantes que pedían explicaciones. Obviamente habían tenido la misma idea que yo: Que se explicase si se había hecho uso de la doctrina del Kill Switch. Los guardias de seguridad no daban a basto (Se me ocurrió que, quizás, debiese haber leído con mas detenimiento el Washington Post que había tomado prestado del quiosco esta mañana) Al parecer el gobierno americano negaba la relación entre el Apagón y el Kill Switch, como es lógico. Nadie en su sano juicio admitiría haber privado de Internet a todo el mundo. El resultado sería la muerte. Una muerte lenta y dolorosa. Mucho. Los manifestantes representaban a todos los internetófilos, estaba repleto de gente sarcástica, ingeniosa, “ingeniosa”, humoristas de todo tipo, chusma humana, trolls, cretinos y, ante todo, tecnozombies. Entrar en esa marea humana era horrible, como entrar en la boca de un león medio muerto con problemas de mal aliento (Que, ya de paso, se había comido un cadáver en descomposición).

Hacía calor y cada minuto que pasaba ahí tenía miedo de ser tragado. Busqué, sin éxito, a redactores de la revista online Cracked. El paseo fue curioso, carteles levantados con eslóganes ingeniosos o el clásico “Estoy tan cabreado que tenía que hacer un cartel”. Era una manifestación en toda regla. Me acerqué a uno de los policías. Todo estaba relativamente calmado (Algunos idiotas entretenían a todos los guardias de seguridad, pero el resto simplemente estaba ahí, haciéndose notar) Le pregunté cuanto tiempo llevaban ahí. Me dijo que llevaban ahí desde que se hizo oficial la pérdida de Internet, es decir, desde el 22, desde hacía cuatro días ya. Pasear por la marea humana era, como he dicho antes, un tapiz humano. Toda clase de personas, de cualquier raza, sexo, credo, tribu urbana y edad discutían acerca del responsable de la pérdida de la red. Había gente que acusaba a Anonymous, lo cual no tenía ningún sentido, los había que teorizaban que habían sido alienígenas, que nos querían desconectar (Asumo que para allanar el terreno para su invasión), los que defendían como culpable al más lógico: La industria cinematográfica/discográfica. Luego estaban los radicales, que afirmaban que el presidente les había despojado de la www para quedarse él con todo el pr0n, lo cual tenía sentido tanto como para los republicanos como para los demócratas, gracias a que el presidente pertenecía al tercer partido (Ni sé como llegó a la Casa Blanca ni me interesa) Era maravilloso ver como todo el mundo estaba tan unido. Hasta que los de los aliens empezaron a discutir acerca de la raza que había destruido Internet. Y los de Anonymous comenzaron a zurrar al pequeño grupo que echaba la culpa al monstruo de las 21 caras. Y los radicales políticos comenzaron a apedrear a los que inculpaban a Al Gore. Fue más o menos en ese momento cuando decidí marcharme de nuevo al hotel (Después de que un cartel en llamas me arrancase el poco pelo que me quedaba en la parte superior de la cabeza) Lo hice con el máximo sigilo, asegurándome de que no me veía ningún policía o representante de la ley (Un interrogatorio por un crimen en el que no he tomado parte al día es suficiente)

Hablando del tema de interrogatorios, nada más llegar al hotel el recepcionista me ha dicho que han pasado a buscarme unos hombres que me esperaban en mi habitación desde hacía veinte minutos.

Los policías iban embutidos en sus maravillosos uniformes y han sido muy agradables. El intérprete era un civil, de manera que le he dicho (en checo, claro) que yo lo que quería hacer era escaquearme y que no tengo ni idea de checo. Le he explicado que no he tenido nada que ver (esta vez en francés) con el tiroteo de ayer. Una vez aclarado se han marchado todos, dejándome a solas en mi habitación.

He cogido la guitarra y he tocado “Scott Pilgrim” hasta que me he cansado. Después he pedido que me subiesen la comida a la habitación, donde he terminado de leer el periódico. El Apagón ocupaba la mayor parte de las páginas, incluyendo las de cartas al director. Las he leído por encima y, tras ello, he cogido mi libro de “You might be a Zombie and other bad news” para reírme un rato.

Por la tarde he salido (francamente cansado) a la calle a recolectar mi propia información (y a por un té calentito). El Starbucks estaba lleno de escritores que mecanografiaban su novela y grupos de gente (Algunas caras las había visto en la manifestación) que discutían el tema del Apagón. Me he acoplado a un grupo de la Generación Z para escuchar sus teorías, pero eran más de lo mismo.

He cerrado el día visitando monumentos de la ciudad y con un Big Mac. Al llegar al hotel le he preguntado al recepcionista si alguien había pasado buscándome. Me ha respondido que no, tras ello he subido a mi habitación,  he escrito esto y me he acostado con las manos vacías. Sólo he sacado un par de teorías traídas de los pelos.

N. del A.: Pido disculpas por todos estos parones, desafortunadamente no he tenido acceso a Internet desde principios de julio, de manera que ha sido difícil actualizar.

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