Bitácora del internetófilo. Día 4

Hoy, al despertarme se me ha ocurrido una maravillosa idea: Escribir un diario. De esta manera no me aburro y, cuando la gente quiera conocer la odisea en la que me embarqué para recuperar Internet, sabrán por lo que pasé.

Eso no ha sido lo único que ha pasado esta mañana. Por primera vez en un año y medio he leído un periódico. Sólo hablaban de la pérdida de Internet, de como los servicios de atención al cliente de empresas como Timofónica, Vetofone y Yellow no daban a basto. El periódico era de ayer así que no estaba muy al día. Había una entrevista a un informático en la contraportada. Justificaba porque aún no se había recuperado Internet. Realmente era una cortina de humo, lo que ocultaba con ella era que no tenía ni idea de qué había pasado con la Red y que tampoco sabía cuando se pondría de nuevo en funcionamiento. La sección de cartas al director era una colección de insultos a los mandatarios del gobierno. Que si Rajoy es un patán, que si sus ministros padecen retardo mental… Lo típico, sólo que ésta vez está, hasta cierto punto, justificado, pero no tanto, puesto que la pérdida de la conexión ha sido a nivel mundial.

Después de ello he encendido el televisor (Muy bajito, para no despertar a mis padres, que anoche se quedaron hasta la una pidiendo explicaciones) Lo primero que he visto ha sido la 24 h. Al parecer los británicos también se han pasado los últimos días aclarando porque no saben absolutamente nada del Apagón (Al parecer la opinión pública ha llamado así a la pérdida de Internet) Deprimido por la noticia, he cambiado de cadena.En todas era lo mismo (y supongo que lo seguirá siendo)

Después del desayuno me he asegurado de que todo estuviese en mis maletas: Ropa, localizador del billete, mi kindle, mi iPedo (Bautizado así a mediados de 2011 por lo mal que funciona el botón de bloqueo), libros para que me los firmen autores americanos, mi guitarra, magnesio y sulfato de amonio (Un “regalito” para convencer a Steve Jobs de que tiene que reparar mi iPedo. En persona) y mucho, mucho dinero (Aparte de un par de kubotans de titanio hechos a medida, por si las cosas se torciesen en algún sitio, que espero que lo hagan)

Tras ello me he dirigido a la entrada y he apagado la alarma. Después de ello he salido y he cerrado, sin embargo algo en mí me ha dicho que esa no era manera de despedirse. He abierto la puerta y he cogido aire mirando al suelo.

-¡¡Hasta luego!!¡¡No sé cuando volveré así que Feliz Navidad, Año Nuevo y el resto de fiestas que me pierda!!-Contento tras haber chillado éso y, con ello, haber despertado a todo quisqui he cerrado de un portazo. Segundos después se ha abierto la puerta a mi espalda, desvelando una figura de MUY mal humor, quizás despertar a la gente a las seis y media de la mañana en un día de fiesta no sea tan buena idea. Era mi padre, que me ha seguido hasta la entrada del Metro corriendo. Es sorprendente lo rápido que puede correr alguien al que acabas de despertar al tiempo que te chilla cosas del tipo “¡Rashionalism! ¡Como te pille te descuartizo!”.

En el vagón, ya sintiéndome seguro, he comenzado a leer mis tomos de Scott Pilgrim mientras escuchaba la banda sonora original de la película. No creo que haya nada mejor, salvo quizás leer Beck con su banda original (Sabía que me había dejado algo). Tras varios transbordos he llegado al aeropuerto, que estaba relativamente vacío. Me he acercado al mostrador que se encarga de todos los viajes a Washington D.C. sólo para encontrar al joven dormido encima de su mesa. He terminado la bolsa de patatas que he sacado de mi casa y he hecho uso de ella para despertarle de manera “educada” y “agradable”

Era obvio que no había dormido bien (y, por el hedor de su aliento, era claro que se lo había pasado muy bien la noche anterior)

-¿En qué puedo ayudarle?-Su cara apoyada sobre su puño cerrado era el signo más claro de su resaca. Sin mediar palabra le he tendido el localizador inmediatamente. El pobre ha tenido que buscar entre un montón de papeles (y sospecho que de envoltorios de bolsas de patatas, por el ruido que salía de detrás del mostrador) para llegar a mi preciado billete. El chico me ha dado el trozo de papel arrugado que me ha permitido embarcarme en el avión en que ahora estoy sentado, preparándome para un vuelo hasta Londres y un enlace para embarcar en uno hasta D.C..

Para matar el rato escribiré los últimos tres días sin Internet y ya terminaré lo de hoy mañana al levantarme.

(Nota del transcriptor: Las siguientes hojas no sólo narran las aventuras ya expuestas, también hay varias hojas de garabatos incomprensibles. Sospecho que utilizaré gran parte del vuelo en hacer estos dibujos. Aclarado esto retomaré por la parte correspondiente)

Antes de bajarme del avión he llamado a una amiga que vive en Londres, para estar con ella un rato (y para no pasar las cinco horas entre vuelos sin hacer nada más que el idiota con mi guitarra, opción tentadora, pero no tanto como estar con una rubia de 21 años durante cinco horas (N.d.A.: Por razones de privacidad el nombre de dicha persona no será desvelado hasta contar con su visto bueno, de modo que será llamada Elizabeth)) La llamada ha durado algo así como media hora,  de modo que no quiero imaginar la impresión que causará la factura de teléfono en mi madre (A esta llamada hay que sumarle unos ochenta SMS a mis amigos en Francia y otros diez a Elizabeth, todos después de la pérdida de Internet, para enterarme de si era o no a escala mundial, que lo era)

He desembarcado relativamente tranquilo (Mentira podrida, iba dando botes de emoción, después de todo es la primera vez que voy a Inglaterra y cruzo el charco). Mis maletas se deslizaban sobre sus ruedas de manera poco fluida y muy rechinante. Eso ha permitido que Elizabeth me haya localizado rápidamente (Entre la gente que chillaba “¿Quién está descuartizando a unos inocentes gatitos?” o “¡Dios mío! ¡Que alguien haga que cese esta tortura!”. También podría ser el hecho de que llevaba escuchando dos horas non-stop a los Sex Pistols, obviamente, a todo taco, lo que ha hecho los primeros cinco minutos sin cascos un pitido constante. Merece la pena (N.d.T.: Niños no hagáis nunca eso. Os podéis quedar sordos) Nada más vernos nos hemos saludado abrazándonos, después de todo hacía cinco meses que no nos veíamos. Hemos hablado de lo molesto que era que no hubiese Internet, de modo que también he explicado que he decidido ir en su búsqueda (No le ha sorprendido demasiado, después de todo me conoce bien y sabe que soy un adicto a Internet). También hemos discutido acerca del nuevo álbum de Iron Maiden y cosas así (Las discográficas van a aprovechar esta pérdida de Internet lo mejor que puedan, pues la compra de discos subirá algo, no mucho, puesto que la gente se seguirá pasando discos una vez los tenga, pero subirá, porque compartirlos manualmente es más lento)

Después de ponernos al día hemos comido, he aprovechado que había un Taco Bell en la terminal para beber dos litros de Coca-Cola, después de todo hacía mucho que no probaba su dulce sabor, esas burbujas deslizándose por mi lengua, dejando su regusto dulzón… Sin embargo, mientras me tomaba mi segundo o tercer vaso de este maravilloso refrigerio,  he sido interrumpido por la melodía de Cave Story. Rápidamente he cogido el teléfono y, servicialmente, he respondido.

-Esto es una llamada internacional, de modo que, seas quien seas, aclárate rapidito.

-¿¡Qué!?

En retrospectiva quizás debiera haber avisado a los chicos de mi grupo acerca de mi pequeña expedición.

-Lo que oyes-He proseguido-Decidí ayer mismo irme a recuperar Internet, así que aquí me tienes, en la terminal internacional del aeropuerto de Londres. Por cierto, esta tarde no voy a poder llegar al ensayo.

-¿En serio?

-Aunque no esté delante, el sarcasmo sigue doliendo. Bueno, en cualquier caso, os voy a comprar a todos un CD, ¿qué os parece?

-Lo que sea. ¿Cuándo vuelves?-Touché, me conoce bien y sabe por donde atacarme.

-Bueno…-He dicho-Aún no lo sé con exactitud, puede que en una semana o puede que en un par de años. No volveré hasta no haber recuperado Internet. Bueno, te dejo, que estas llamadas no son precisamente baratas.

He colgado sin darle tiempo a reaccionar y así poder seguir bebiendo, actividad que he retomado milésimas de segundo después de colgar. Tras engullir los tacos que había pedido me he tenido que despedir de Elizabeth, porque si no no llegaba a tiempo a mi vuelo para D.C.

He embarcado rápidamente y el viaje se ha pasado de manera tranquila (Descontando al tarado de delante, que ha dicho que rajaba a su compañero de asiento si no hacíamos lo que decía. Se ha callado cuando le he estampanado, y partido sobre la cabeza, la mesita de mi asiento) He leído un rato mientras escuchaba la integral de Iron Maiden, exceptuando su nuevo CD, pues no acostumbro a llevar mi reproductor de CDs (No desde que lo utilicé para evitar que me atracasen). Después he escrito las tres primeras entradas de esta bitácora.

Tras varias horas de vuelo he llegado a Washington. Nada más poner los pies en tierra he guardado mi cuaderno-diario-sketchpad,mis bolígrafos y portaminas en mi maletín. He recogido el resto de mi equipaje (que ha salido, como no, el último por la cintita de las narices).

Tras ello he ido rápidamente a coger un taxi (Unas señoras bajitas ataviadas con túnicas y tocas se me querían adelantar, pero hay que ser muy rápido para conseguir adelantarme)

Me he andado sin rodeos y le he pedido al conductor que me llevase al hotel más barato de la zona. Al llegar he pagado el trayecto. El taxista me ha dado un consejo antes de dejarme (y se ha marchado muy rápido). Era un consejo sencillo: No te separes de cualquier cosa que sepas manejar a modo de arma.

Ya en la habitación del hotel me he metido en el pijama y he cogido mi navaja (Convenientemente bautizada Ockham, pues es el método más sencillo para librarse del peligro) de la maleta grande. La he guardado en el bolsillo grande de la camisa del pijama.

Ahora mismo me estoy metiendo en la cama, preparándome para dormir.

Mañana comienza mi odisea para recuperar Internet.

Esta entrada la hice antes de la muerte de Steve Jobs, cuando falleció me dio pena, puesto que era una de las mentes más brillantes e ingeniosas de nuestro tiempo, de manera que le dedico a él esta entrada del blog. Descanse en paz

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