LoVe Parte Primera

Helena era, sin duda alguna, la joven más hermosa que Louis había visto en sus veinte años de vida. Lucía una blusa blanca y unos vaqueros de un delicioso azul celeste sólo comparable al del cielo y el de sus ojos almendrados. Su melena negra reflejaba el sol, embelesando a cualquiera que posase sus ojos sobre ella. Llevaba un colgante alrededor de su cuello. Estaba compuesto por una cadenita de oro blanco de la que colgaba un gran corazón de plata. Al verla no pudo evitar pensar el día que la conoció. Hacía ya casi un año y medio de eso. Había llegado loco de alegría a la universidad. Era una de las universidades más prestigiosas del país. Llevaba soñando con ir a ella desde que tenía trece años, pero jamás se hubiera imaginado que fuese a poder ir. Sus padres no podrían haberse costeado ni siquiera la matrícula. No sabía como lo había conseguido, pero le habían ofrecido una beca por las notas. Louis no se lo pensó dos veces. Tiró toda su ropa en una maleta y se mudó a la residencia que estaba al lado de la universidad. Nada más deshacerse de su maleta se dirigió a la universidad y allí estaba. Rodeada de gente, riéndose. Cuando la vio no lo pudo creer, echaba de espaldas.


Este año había entrado en la universidad una amiga de Louis, Verónica. La conocía desde siempre, no recordaba siquiera haberla conocido. Había estado allí desde que se acordaba, siempre. Era una chica normal en la mayoría de los aspectos, sin embargo destacaba por encima de todas por una razón: era leal. Uno podía confiar en ella para lo que fuese. Se podía confiar en ella más que en los padres de uno. De hecho Louis lo hacía, había cosas que sólo Verónica sabía, nadie más que ella. Era la clase de persona que encubriría un asesinato por sus amigos. Esto le había ganado un grupo muy extenso de amigos, sin ser muy abierta. Era la persona que le había animado a hacer lo que iba a hacer en ese momento.

Louis se armó de valor y se dirigió a Helena, que estaba sola. Tras andar dos metros y medio se giró.

-¡No puedo! ¡No puedo!-dijo con una voz sorprendentemente aguda para su metro ochenta de altura-¡No puedo! ¡No puedo! ¡No puedo!

Lo que vio no le gustó. Verónica le estaba mirando con una cara no muy agradable. Señalaba en el sentido opuesto. Louis no quería que se enfadase con él por algo así. Saber que, pasase lo que pasase, tenía una persona a su lado le reconfortaba. Recuperó los trozos de valor que acababa de perder y volvió a la carga.

Tras unos cinco metros que se le hicieron eternos llegó al lado de Helena.

-¿Qué tal?-preguntó de la forma más casual que le permitía el temblor de su voz. Afortunadamente hacía mucho frío, de forma que se podría pensar que tiritaba por la temperatura, no el ataque de nervios que le estaba dando.

-Hola-respondió ella girándose-¿Eres Louis?¿Al que apodan Lu-Lu?

-Sí, mis amigos lo hacen. Si quieres tú también puedes-replicó.

-Vale Lu-Lu ¿Por qué te apodan así?

-…-murmuró Louis a modo de respuesta.

-¿Puedes repetir?-pidió Helena-No te he oído bien.

-Es el mote que me puso mi madre, para no confundirme con mi padre-respondió Louis-El año pasado estábamos en mi habitación unos amigos y yo. En un momento de la noche el teléfono sonó mientras yo estaba en el baño. Como no se atrevían a cogerlo saltó al buzón de voz. Escucharon el mensaje de mi madre y, bueno, se quedó para siempre.

Helena se rió, deslumbrándole con su reluciente dentadura.

-¡Ohh! A mí me parece muy mono.

-Gracias-murmuró Louis mirando al suelo.

-¿Qué hay tan interesante en el suelo?-dijo la chica, combándose para poder mirar a Louis a los ojos.

-Nada, lo siento. Es que ésta tarde tengo una presentación y, bueno, estoy un poco nervioso-improvisó rápidamente el chico.

-Eres muy ingenioso-dijo la joven sonriendo de nuevo- Debo recordarte que vamos a la misma clase y que sé que no hay ninguna presentación. No te pongas nervioso ¿vale?

-De acuerdo, lo siento.

-No pasa nada ¿Qué querías decirme?

-¿Quieres venir a tomar algo conmigo?-escupió Louis sin más.

-Claro que sí ¿Puede ser mañana a las siete?

-Sí, me viene genial.

Los meses que siguieron fueron un sinfín de citas hasta que, finalmente, su relación se hizo oficial. Louis se dejó absorber por ella. Todo lo que Helena le pedía Louis lo hacía, con poco o mucho esfuerzo, pero lo hacía. Dejó de lado a sus amigos porque Helena se lo pidió. Se arrepintió de ello, pero lo hizo. El problema era Verónica. Helena tenía celos de ella y tuvo bastantes roces con ella. Llegaron hasta tal punto los celos que Louis dejó de lado una relación que le había llevado años conseguir a petición de su novia. Louis lloró en silencio la pérdida de su amiga. No se permitió el lujo de llorar en voz alta. No, debía ser un perfecto caballero. Nadie debía conocer sus sentimientos.

-Lu-Lu ¿Estás bien? Es nuestro aniversario ¡Anímate un poco!

-¿Eh? Perdona ¿Qué decías?-despertó Louis

-Que te animes tontorrón ¿Qué te pasa?

-Nada, los exámenes, que no me van bien.

-No te preocupes por eso, por lo menos no hoy-dijo Helena cogiéndole la mano-Estamos en el restaurante donde cenamos juntos por primera vez ¿No es lo que querías?

-Sí…- el móvil de Louis cortó la conversación-Lo siento ¿te importa que responda?

-No, pero, sea lo que sea, soluciónalo rápido

Louis descolgó mientras se levantaba de la mesa.

-Louis al aparato. ¿Quién es?

Entre los gritos de fondo oyó los sollozos de su amiga de la infancia. Se le encogió el corazón. Algo le estaba pasando y no era bueno.

-¡Verónica! ¿Qué te pasa?

-Tengo miedo. Unos hombres llevan siguiéndome veinte minutos. Al principio sólo me gritaban cosas-respondió Verónica entre lágrimas-Ahora me están tirando cosas. Tengo miedo, mucho miedo.

-No me sorprende. Ahora mismo voy ¿Dónde estás ahora?

-Voy a llegar a la universidad en cinco minutos. Ven rápido por favor.

-Sí, ya salgo. Llegaré en cinco minutos, diez como mucho.

Louis se dirigió hacia el ropero y sacó su chupa y el casco. Después, mientras se ajustaba la cazadora, se acercó a la mesa donde estaba Helena.

-¿Ya nos vamos?-preguntó intrigada Helena.

-Yo sí, vuelvo enseguida-respondió el joven sacando un par de billetes de la cartera- Ve pagando, por favor.

-¿Quién te ha llamado que es tan importante como para interrumpir esta cita?

-Verónica, me ha pedido…

-¡¿Qué?!-cortó escandalizada su novia.

-Que le ayude.-prosiguió Louis-Al parecer le están siguiendo unos macarras y necesita alguien que les espante.

-¡Que le ayude otro! Debiera saber que esta es una fecha muy importante para nosotros y…

-Claro que lo sabe. Por ello, si ha tenido que llamarme es que es muy grave.

-¿Y no puede ayudarle otra persona?

-Soy el que está más cerca-improvisó el chico

Louis nunca supo porque Helena hizo algo así, pero lo hizo.

-Si sales por esa puerta olvídate de mí, no volverás a verme en el resto de tu vida.

Esa frase fue el equivalente mental a una patada en la entrepierna. Sin embargo Louis, movido por su sólido sentido del deber (y probablemente el, algo desfasado, Código de Caballería), hizo de tripas corazón y salió por la puerta al tiempo que se colocaba el casco y los guantes. Saltó sobre su Fat Boy y salió escopetado.

El motor iba tronando alertando a todo aquél lo suficientemente estúpido como para ponerse en el camino de una moto de trescientos veinte kilos. Aprovechando la falta de tráfico, Louis se saltó todos los semáforos que pudo y alguno más. Llegó a la universidad en unos cuatro minutos. Al llegar a la entrada principal de la universidad vio a un grupo de personas alrededor de la estatua del fundador. Se bajó la visera y aceleró. Cuando estaba a unos cinco metros del grupillo uno de ellos le lanzó una lata de cerveza a la cabeza. No le hizo daño, pero consiguió que perdiese el equilibrio. El se cayó, pero la motocicleta siguió rodando, llevándose a dos de los macarras por delante. Se levantó enseguida y fue corriendo hacia Verónica. El grupo le estaba rodeando y apestaba a alcohol. Louis trató de convencerles para que se fuesen tranquilamente sin peleas. No funcionó. Después de encajar un puñetazo en el estómago y un par de patadas decidió que quizás fuese más sabio defenderse con los puños. Unos cuantos años después recordaría lo que hizo en esa pelea. En ese momento se limitó a lanzar un máximo de puñetazos y patadas. Al cabo de dos o tres minutos de pelea algo le golpeó en el casco y todo se oscureció.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s