Suzanne Parte I

La música inundó la habitación. Salió por las ventanas, llenando la calle del maravilloso sonido de un piano. El responsable estaba sentado frente a las teclas, aporreándolas, llorando de felicidad. Su musa le había sonreído. Terminó de tomar notas y se levantó. Recorrió toda su casa, buscando a su amiga.

No la encontró en ningún lugar. Desesperado salió del edificio. No había nadie, las calles estaban vacías, ocupadas por un gélido viento que destrozaba los huesos (por no hablar de lo que hacía a los que salían sin su abrigo) Devastado volvió a su pequeño apartamento donde compuso hasta el final de sus días. Nadie leyó ninguna de sus partituras hasta varios siglos después, desvelando así a uno de los grandes románticos de la historia.

La chica a la que buscaba estaba en un carro a unos noventa metros de la casa. Se apeó a las afueras de la ciudad y esperó en el frío durante unos quince minutos. Pasados éstos se cansó y buscó un hostal donde pasar la noche. Si su hermano quería recogerla tendría que buscarla, ella ya había hecho bastante rompiéndole el corazón a otra persona más.

Tras elegir el lugar donde pasaría la noche se acercó al hostelero y le pidió una habitación, la que fuese. Asimismo le pidió que le despertase al despuntar el alba. La chica subió y se acomodó.

Durmió como un lirón y se despertó antes de que llegase el encargado de despertarla. Pagó la cuenta y desayunó rápidamente. Llegó, como era normal, antes que su hermano mayor. A la media hora de salir oyó unas ruedas  recorrer las calles a toda velocidad.

Apareció por el fondo de la calle una caja sobre ruedas cubierta de humo negro. La joven supo automáticamente que ÉSO era la nueva creación de la “curiosa” mente de su hermano. El aparato frenó delante de ella, arrancando un par de adoquines.

La puerta de “La Cafetera” (así se llamaba el vehículo) se abrió y dejó ver a un hombre de unos sesenta años vestido impecablemente.

-¿Señorita Suzanne?

-Sí, soy yo. ¿Mi hermano sabe que puede viajar sin servicio?

-Sí, el señor lo sabe, pero lo ignora- Respondió el anciano, esbozando una sonrisa-Suba por favor. No queremos que se enfríe.

Suzanne subió a “La Cafetera”. Pasó a una sala bastante más grande que el exterior del vehículo. Ignoró esta violación de las leyes de la lógica y siguió al mayordomo.

-¿Lleva mucho tiempo esperando?-Preguntó el hombre.

-No, cinco o seis minutos esta mañana. Sin embargo pasé la noche en el hostal de enfrente.

-El señor pagará, me parece inconcebible que…

-No hace falta-Cortó la chica echándose el pelo atrás-No quiero que mi hermano pague.

-De acuerdo. Aún así se lo diré al señor.

-¿Dónde está mi hermano? No hace falta que me lleve, puedo ir sola.

-Siga los gañidos del violín y le encontrará.

-Gracias. Antes de que me olvide ¿Desde cuándo tiene este cacharro?

-¿Quién?¿El señor?

-Sí.

-Lo fabricó hace un par de meses, dice que habló con un ingeniero, no recuerdo el nombre, y se limitó a mejorar el modelo que le enseñó.

-Gracias-Respondió Suzanne-Ya voy a ver al idiota de mi hermano. Adiós.

Se fue adentrando en la casa, siguiendo los ruidos del violín torturado. Finalmente llegó al lugar de donde salían.

Era una pequeña sala de estar. En el centro se erguía su hermano, instrumento en ristre, preparándose para torturar otra pieza.

“Le dejaré descuartizar otro movimiento y ya le molesto después” pensó ella. Aprovechó los cinco minutos de carnicería para mirar los cuadros con los que estaba empapelada la habitación. Todos réplicas exactas de grandes obras firmadas por el autor.

-¿Te gustan Suzanne?-Preguntó él-Todos me han sido entregados por el autor en persona. Si quieres alguno para decorar tu habitación no dudes en pedírmelo. Agradecería que no te llevases ninguno de Leonardo, terminó pocos y la mayoría los tengo yo.

-No puedes evitar el alarde ¿no?

-Conoces perfectamente la respuesta a esa pregunta. También sabes que estás aquí porque mamá quiere hablar contigo.

-Sí ¿Qué he hecho ahora? ¿No le ha gustado mi manera de ayudar al joven al que acabo de abandonar?

-No, no le ha hecho ninguna gracia. Ninguna gracia en absoluto. Llegaremos mañana a su nueva residencia.

-¿Ahora quién es?¿La reina de Inglaterra?-dijo la chica, en un tono abiertamente sarcástico.

-Sí. Ella es Victoria. Me ha pedido que vayas bien vestida. No iremos a Buckingham. Iremos a Windsor. El filósofo George Boole ha concertado una cita con ella.

-¿Cuándo comenzaste a llamarte así?

-Eso no importa. Mamá también quiere que llegues descansada así que ya sabes… A dormir.

Su hermano la llevó hasta la habitación que había preparado para ella. Suzanne se cambió inmediatamente y se puso el camisón que su hermano había elegido para ella. Cogió un libro de la mesilla de noche y leyó hasta que se durmió sobre él.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s