Bitácora del internetófilo. Día 2

“Me levanté tranquilo, pensando que ya tendríamos internet. Desayuné tranquilo, pasée a los perros, vi un poco “Phineas y Ferb” y, finalmente, me acerqué al ordenador, a actualizar mi blog y escribir un par de tonterías en el de un amigo. Tenía pensado hablar del supuesto fin del mundo y cosas por el estilo. Abrí el ordenador, esperé pacientemente a que se encendiese (Sólo quemé un libro, en lugar de los tres habituales, eso es paciencia ¿no?). Nada más saltar el aviso de que estaba (finalmente) encendido abrí Google Chrome®. Ante mi se desplegaron quince pestañas, todas “recicladas” de la sesión anterior.

Me saltaba el error de la noche anterior, una y otra vez. No había internet (En este punto quemé los dos libros que no había quemado antes) Me levanté, desesperado, y avisé a mis padres. Recibí la respuesta habitual en estos casos (y asumo que muchos padres dijeron lo mismo a sus frenéticos hijos al mismo tiempo que mi madre). “Ya llamaremos a Timofónica más tarde” Decidí jugar un poco con la vieja Play que tenemos escondida debajo del televisor, no sin antes apagar el router de nuevo, para que se enfriase.

Lo diré desde ya, nada hay más doloroso que un router que, aún conectado y encendido tiene todos sus pilotitos apagados. Me desgarra el alma, tanto que leer en la nube y ningún modo de llegar a ella. Sin embargo conservé la calma de una manera razonable.

Tras media hora jugando al MoH me levanté y me dirigí al despacho, a encender de nuevo el router. Seguía sin funcionar y yo necesitaba internet desesperadamente. Resolví cruzando el rellano, para pedir permiso a mi vecina para usar su ordenador

Pasé y hablamos un rato. Me explicó que ella tampoco tenía acceso a Internet

-No será el fin del mundo tal y como lo conocemos-bromeé. La frase había sonado mucho más estúpida en mi cabeza.

Nos entró un ataque de pánico (De hecho sólo a mí, pero eso no es importante. Sé que todos los que se dieron cuenta de que no había Internet tuvieron un ataque de pánico muy superior al mío)

-¡Rashionalism! No pasa nada-me dijo ella-Puedes salir de debajo de la mesa. Aunque no haya Internet no significa que el mundo se acabe.

-¿¡Y mi granjita de Facebook!? ¿Te das cuenta de lo que dices?¡Voy perder mi cosecha, por no hablar de lo que le va a pasar a los gatos que tengo!

-Son ficticios, tu granja y los gatos-respondió ella

-¡No! ¡Son reales!

De acuerdo, no hace falta que explique lo que pasó la media hora siguiente, ya se intuye por donde va la cosa. Cuando, finalmente, me calmé salí a dar una vuelta. Me acerqué a una librería a comprar cómics. Afortunadamente era sábado y estaba abierto. Me dije a mi mismo tranquilo “Al menos si se acaba Internet no se acaban las tiendas reales”. Pensándolo en frío es algo bastante estúpido. En cualquier caso, elegí un par de números de Beck, por fin licenciados en España (Mis setenta peticiones a Glénat surtieron efecto) y de camisetas. Hechas mis compras salí de camino a casa de keti0n, para ver si él tampoco tenía Internet. Bajé al metro, piqué el bonobús y esperé.

A los dos minutos llegó el tren. Hacía un par de años unos chavales se colaron en las cocheras. Hasta ahora nadie se ha molestado en quitar las pintadas. Parecían (y siguen pareciendo) tranvías holandeses. No, sería injusto insultar de esta manera a los tranvías holandeses. Los tranvías holandeses tienen pintadas de tulipanes. Los trenes de metro tienen pintadas hechas por un chaval con una edad mental de dos años. Las pintadas no son meramente escatológicas, son lo siguiente, es decir, el que las hizo explica lo que son, sumando asquerosidad a un graffiti ya de por sí repugnante.

Me subí a desgana, pero, en cierto modo, contento de tener una excusa para visitar a mis amigos sin avisar (o, como ellos dirían, de molestarles). El vagón estaba lleno de gente triste y deprimida. No podían chatear o actualizar sus perfiles de tuenti/facebook con sus Blackberrys o sus Smartphones. Me senté en el único asiento libre del vagón, me puse los cascos del mp3 y le di a play. Medio segundo después estaba bajando el volumen. No es recomendable dejar el aparatito al máximo y olvidarse cuando se vuelve a conectar. Me quité los cascos y verifiqué que no me sangraban los oídos (no sería la primera vez que me pasa y puedo asegurar que no es algo agradable)

Al llegar a la parada de Bilbao me bajé, rodeado de gente a la que no conocía (o no recordaba conocer) y me dirgí a la salida, tranquilo, relajado.

Ya en la calle, delante de la casa de keti0n, le llamé a su iPhone, para que abriera o bajase a hablar un rato.

-¿Sí?-contestó una voz timidamente

-¡Hola keti0n!¿Cómo va la vida?

-¡Se puede hablar por el Galaxy II!

-Emmm… Te he llamado más de una vez al móvil, ¿a qué narices viene esto?

-Ná, como no tengo internet quería que lo supieses así. Ya bajo, porque estás abajo ¿no?

-Sí, que las llamadas no son gratis. Acerca de lo del internet, era de eso de lo que quería hablar contigo.

-¡Ah! Ya bajo y me cuen…

Contento de haberle arruinado la mañana colgué sin dejarle terminar la frase. Se quejaría al bajar, pero bueno, lo atribuiría al hecho de que no teníamos Internet ninguno de los dos.

Al cabo de unos cinco o seis minutos (cinco minutos cuarenta y nueve segundos con dos décimas, para ser exactos) abrió la puerta del portal. Me vio enfundado en mi chupa. Le ofrecí un trago de mi eterna acompañante: la Coca-Cola®. Estuvimos charlando una hora (todo el camino hasta casa de Eldarien), bromeando acerca del fin del mundo y de como, sin internet, los satélites caerían al suelo y como miles de personas se perderían a dos manzanas de su casa, por no tener GPS y depender de sus Smartphones. No fue tan divertida al día siguiente cuando nos enteramos de que cinco satélites habían caído (no por lo de Internet, sino por “Razones completamente desconocidas”, afirmaba el gobierno, al tiempo que sus agentes de inteligencia cubrían con una sábana los impactos de láser) La afirmación de las personas perdidas a dos manzanas de sus casas no se cumplió, pero MUCHA gente llegaría tarde a su primer día de trabajo.

Cerrando este, inútil (aunque francamente interesante), paréntesis prosigo con el diario. Como escribía antes de autointerrumpirme: estuvimos charlando hasta llegar a casa de Eldarien. Llamamos (llamé, keti0n no ha llamado a un telefonillo jamás mientras yo he estado presente) al telefonillo y nos abrió, diciendo que subiéramos.

-Ya sabía que ibais a venir. También sé por qué habéis venido-dijo Eldarien, sin perder la calma-¡Por culpa de Internet!-aquí fue, más o menos donde la perdió (no tanto como yo, pero la perdió)

-Sep-dijimos keti0n y yo al unísono. Ya habíamos descargado nuestra frustración en nuestras respectivas casas-¿Te has calmado ya?-proseguí.

-Sí, ya estoy mejor. ¿Sabéis que puede haber pasado?

-No-respondió keti0n.

-No tengo ni la más remota idea-repliqué hojeando el tomo nueve de Flash Gordon (que había sacado diligentemente de su estante sin que nadie me lo pidiera, o, lo que es más, sin que nadie me diese permiso)

-Bueno, quizás haya sido una discográfica que, cansada de las descargas ilegales haya destruído interneeeet (imaginaos a Enjuto Mojamuto diciéndolo, lo hago de vez en cuando, por hacerlo) para subir sus precios y forrarse.

-Ná, no parece muy probable, pero no debemos descartar la idea-respondió Eldarien, no muy convencido por mi (maravilloso al tiempo que original) ingenio.

-Bueno, ¿qué vamos a hacer sin Internet?-pregunté desesperado. Yo podía vivir más o menos sin Internet, pero podría jurar que alguien había comentado en el muro de una casa (literalmente, una pintada que decía: “Kdamos sta tard?”)

-Por lo que he visto los edificios no van a aguantar un ritmo de vida sin Internet.

-¿Qué?-preguntó Eldarien

-Bueno, le he explicado a keti0n mientras veníamos aquí que un chaval había “comentado” en el muro de una casa con un spray. El problema ha sido el que respondía. Estaba contestando con un martillo y un cincel en un muro de carga.

-Sí, la situación es preocupante-respondió Eldarien, tratando de evitar reírse.

Estuvimos hablando durante un rato de la falta de internet. Al cabo de una hora y media bajamos a comer. Comimos lo típico: unos tacos en el Taco Bell, y pensar que sólo hacía dos años había llegado a España y ya había acabado con la competencia (Demolition Man). Al terminar pagamos y sacamos los smartphones, para ver a que hora ponían Star Wars VII (Parece que George Lucas comprendió que si no la sacaba pronto el Rancho Skywalker pasaría a llamarse el Rancho Airborne. Aclaro que mi relación con la dinamita en los cimientos de su rancho no es muy sólida, me limité a fabricar la dinamita)

-Va a ser difícil acostumbrarse a la falta de interneeet-dije tras tratar de conectarme, sin éxito, a la página de UGC.

-Sí.

-Sep.

La película estaba bien, no voy a explicar el final, porque me autorreventaría el final (recuerdo claramente leer estas páginas), sólo diré que lo puedo leer en uno de los libros que se publicaron alrededor de los noventa.

Nos fuimos a nuestras casas nada más terminar las cuatro horas de película (pillamos la sesión de las nueve de la noche) No recuerdo nada de lo que pasó por la tarde, creo que estuve en El Corte Inglés, pero no estoy seguro. Ya en casa, a eso de las dos, apagué el ordenador. Afortunadamente mis padres estaban en el pueblo y no se dieron cuenta de este malgasto energético, como ellos dicen.

Al acostarme me di cuenta de que alguien me había dejado un mensaje en la cama: Only you can save mankind. Decidí descifrar el libro a la mañana siguiente”

Esta entrada va dedicada a Pulpo Rojo, para que le anime con el estudio. Ya te queda menos. ¡Ánimo!

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10 comentarios en “Bitácora del internetófilo. Día 2

  1. Nos conocemos desde hace muchos años ya, no espero que sepas quien soy, pero de todos modos te escribo esto para ver si realmente te interesan la cultura y el saber o en el fondo esa erudición simulada de la que alardeas no es más que pedantería pura. Reitero que con este comentario no pretendo ofenderte E.P., simplemente pretendo reivindicar ciertas posturas que acarreo de antaño y no constan de otra cosa que de la apología a la corriente cultural llamada Hip-hop…

    Con tu comentario (cito directamente del texto)”Las pintadas no son meramente escatológicas, son lo siguiente, es decir, el que las hizo explica lo que son, sumando asquerosidad a un graffiti ya de por sí repugnante.”, das a entender que no sientes ningún tipo de simpatía por este movimiento y que por lo tanto lo desconoces del todo. Me apena comprobar que un intelecto como el tuyo albergue ideas tan pueriles y conservadoras como esta. ¿Acaso no tacharon de subversivo y escandalizador a Tchaikovsky con sus melodías clásicas,modernas para la época que vivía, la aristocracia rusa?, o sin ir más lejos ¿acaso tampoco tildaron de lascivo
    a Leopoldo Alas al escribir “La Regenta”? ¿Van Gogh? ¿Bob Marley? ¿Los Beatles? ¿Jimmy Hendrix? etc…

    Lo que quiero decir es que, si lo piensas, es absurdo prejuzgar algo que algunos consideran arte. Recuerda siempre que lo que hoy en día carece de valor intelectual para ti, mañana será la inspiración y el objeto de alabanzas de otros incluso más versados que tú y que yo…

    Siento la parrafada, un saludo.
    J.M.

    Pd: Tengo un blog en proceso, ya te lo pasaré.

    1. El texto no debe ser tomado como un insulto o crítica, es una coña. Yo soy de los que consideran los graffitis arte, lo que doy a entender (o intento) es decir que las pintadas que este Madrid “post-apocalíptico” tiene sobre sus vagones son de mierdas o pollas con una explicación de lo que son. Ante todo el texto busca entretener y si te sientes ofendido lo siento mucho, no es mi intención molestar a la gente.
      C.O. (viendo que estamos firmando con iniciales…)
      P.D.: quiero dejar muy claro que no tengo nada en contra del hip-hop ni ninguna cultura.
      P.P.D.: ¿Erudición simulada?

  2. En vista de que tú me animas con el estudio, yo te animo a que sigas escribiendo, que me parece una pasada. Muchas gracias por todo el apoyo, que nunca viene mal un empujoncito 🙂
    Y un día quiero verte cruzar el rellano para decirme que si te presto el ordenador, que me hará mucha gracia.
    Brutal.

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